Nueva Traducción BibliaTodo

Deuteronomio 26

NTBT-2026-11-07

Deuteronomio: escuchar a Dios para vivir en su pacto

Israel está frente a la tierra prometida, pero antes de cruzar necesita escuchar. Moisés vuelve sobre la historia del pueblo, explica los mandamientos y llama a una respuesta que comprometa el corazón. Deuteronomio une la memoria del rescate con la responsabilidad de vivir como pueblo de Jehová.

Contexto y destinatarios

Los discursos se sitúan en Moab, al este del Jordán, en el año cuarenta de la travesía. Israel ya ha vencido a Sehón y a Og, pero todavía no ha cruzado el río. La generación que rechazó la entrada en Cades ha sufrido el juicio anunciado; ahora otra generación debe aprender de aquella historia y prepararse para habitar la tierra.

Moisés habla a «todo Israel». La comunidad recibe una enseñanza que debe alcanzar a sus hijos y mantenerse cuando cambien las condiciones de vida. Por eso el libro recuerda el desierto mientras prepara para ciudades, cosechas, jueces, familias y una vida estable. La abundancia futura también puede convertirse en una prueba: recibir el don no garantiza que el pueblo recuerde al Dador.

Autoría y fecha

El libro presenta a Moisés como el mediador que comunica y explica la instrucción de Jehová. Le atribuye la escritura de la ley y del cántico, además de la entrega del texto para su conservación y lectura (Deuteronomio 31:9–13; Deuteronomio 31:19–26). Esa presentación fundamenta la atribución tradicional del libro a Moisés y la importancia de su enseñanza para Israel.

La narración final incluye su muerte y una valoración posterior de su ministerio. El texto no identifica expresamente a quien redactó esa conclusión; no hace falta atribuírsela con certeza a un personaje que no nombra. Conviene distinguir la voz de Moisés en los discursos del marco narrativo que los presenta y cierra.

La fecha explícita de los discursos es el día primero del mes undécimo del año cuarenta. El libro permite situarlos respecto del éxodo y de la entrada en la tierra, pero no ofrece directamente una equivalencia con un año de nuestro calendario. Su lectura no depende de convertir una propuesta cronológica en un dato indiscutido.

Nombre y forma literaria

El comienzo hebreo incluye הַדְּבָרִים, haddevarím, «las palabras». El libro conserva palabras pronunciadas ante un pueblo que debe aprender a escuchar. La «ley», תּוֹרָה, torá, es instrucción: incluye disposiciones concretas, pero también la explicación de su fundamento y de la relación con Dios.

La exposición combina discursos de despedida, recuerdos históricos, exhortaciones, leyes, bendiciones, advertencias, un cántico y la narración de los últimos días de Moisés. No todas las frases cumplen la misma función. Una acusación citada del pueblo no expresa necesariamente la verdad acerca de Dios; una promesa a Israel dentro del pacto tampoco debe transformarse sin más en garantía individual para cualquier situación.

Recorrido del libro

  • 1:1–4:43: Moisés recuerda el camino desde Horeb, la rebelión, las victorias recientes y la necesidad de guardar fidelidad.
  • 4:44–11:32: se presenta la instrucción del pacto, los mandamientos y el llamado a amar a Jehová sin olvidarlo.
  • 12–26: se desarrollan disposiciones para el culto y la vida en la tierra, incluidas la justicia, las autoridades, las relaciones familiares y el cuidado de personas vulnerables.
  • 27–30: se proclaman bendiciones y maldiciones, se llama a la fidelidad al pacto y se anuncia la posibilidad del regreso a Jehová.
  • 31–34: se prepara la sucesión de Josué, se dispone la lectura de la ley, se entrega el cántico, Moisés bendice a las tribus y muere antes de cruzar el Jordán.

Temas que conviene seguir

La gracia precede al mandato. Jehová amó y rescató a Israel; la obediencia debe responder a esa relación. Moisés rechaza expresamente la idea de que la posesión de la tierra se explique por una superioridad moral del pueblo (Deuteronomio 9:4–6). A la vez, la gracia no vuelve indiferente la desobediencia.

Escuchar implica responder. «Oye, Israel» abre el llamado a amar a Jehová con todo el ser. La palabra debe permanecer en el corazón, enseñarse a los hijos y acompañar la vida diaria (Deuteronomio 6:4–9). El libro se dirige repetidamente al pueblo como un «tú» colectivo para comprometerlo con una respuesta presente.

El amor a Dios alcanza la justicia. No puede separarse la fidelidad del culto del trato al extranjero, al huérfano, a la viuda o al trabajador. Las leyes se dirigen a Israel en una situación histórica concreta; para comprenderlas hay que considerar su finalidad y su relación con el conjunto de la Escritura.

El corazón necesita transformación. Los mandamientos hacen visible la responsabilidad del pueblo, pero el libro también anuncia que Jehová obrará en su corazón para que lo ame (Deuteronomio 30:1–10). La esperanza no queda reducida a repetir promesas humanas de obediencia.

Deuteronomio y Jesucristo

Jesús responde a las tentaciones del desierto con palabras de Deuteronomio. Donde la historia de Israel mostró hambre, prueba e infidelidad, el Hijo mantiene su obediencia al Padre (Mateo 4:1–11). La relación ilumina el relato sin obligar a convertir cada objeto del libro en una representación de Cristo.

La promesa de un profeta semejante a Moisés forma parte de la enseñanza sobre escuchar la palabra de Dios (Deuteronomio 18:15–19). Pedro la aplica a Jesús al llamar al pueblo a escuchar al Siervo enviado para apartarlo de sus maldades (Hechos 3:22–26). Pablo retoma el lenguaje de la palabra cercana al anunciar la fe en el Señor resucitado (Romanos 10:5–13).

Lee, por tanto, el libro atendiendo primero a Israel y a su pacto, y después a la manera en que el Nuevo Testamento desarrolla su testimonio. Jesucristo es nuestro Señor y único Salvador; la salvación se recibe por gracia mediante la fe. La obediencia es la respuesta de una vida que le pertenece, no un medio para reemplazar su obra o comprar el favor del Padre.

Las primicias y la memoria de la liberación

«Cuando entres en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da como herencia, tomes posesión de ella y habites en ella, tomarás parte de las primicias de todos los frutos del suelo que recojas de la tierra que el SEÑOR tu Dios te da. Las pondrás en una canasta e irás al lugar que el SEÑOR tu Dios escoja para hacer habitar allí su nombre. Te presentarás al sacerdote que haya en aquellos días y le dirás: “Declaro hoy al SEÑOR tu Dios que he entrado en la tierra que el SEÑOR juró a nuestros antepasados que nos daría”. El sacerdote tomará la canasta de tu mano y la pondrá delante del altar del SEÑOR tu Dios. Entonces declararás delante del SEÑOR tu Dios: “Mi antepasado era un arameo a punto de perecer. Bajó a Egipto y residió allí como extranjero con pocas personas; allí se convirtió en una nación grande, poderosa y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos impusieron una dura servidumbre. Clamamos al SEÑOR, el Dios de nuestros antepasados, y el SEÑOR escuchó nuestra voz y vio nuestra aflicción, nuestro duro trabajo y nuestra opresión. El SEÑOR nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror, con señales y prodigios. Nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, una tierra que fluye leche y miel. Y ahora he traído las primicias del fruto del suelo que tú me has dado, SEÑOR”. Pondrás la canasta delante del SEÑOR tu Dios y te postrarás delante del SEÑOR tu Dios. Te alegrarás por todo el bien que el SEÑOR tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, tú, el levita y el extranjero que viva en medio de ti.

La entrega del diezmo a quienes necesitan sustento

Cuando termines de separar todo el diezmo de tu cosecha en el tercer año, el año del diezmo, lo darás al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, para que coman en tus poblaciones y se sacien. Dirás delante del SEÑOR tu Dios: “He retirado de mi casa lo consagrado y lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo el mandato que me has dado. No he transgredido tus mandamientos ni los he olvidado. No he comido de ello durante mi luto, ni he usado nada de ello estando impuro, ni he dado nada de ello a un muerto. He escuchado la voz del SEÑOR mi Dios; he hecho todo lo que me has mandado. Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, tal como juraste a nuestros antepasados: una tierra que fluye leche y miel”.

El compromiso de Israel con el Dios del pacto

Hoy el SEÑOR tu Dios te manda cumplir estos estatutos y estas normas. Cuidarás de guardarlos y cumplirlos con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy has declarado que el SEÑOR será tu Dios y que andarás en sus caminos, guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus normas, y escucharás su voz. Y el SEÑOR ha declarado hoy que tú serás su pueblo, su tesoro especial, tal como te ha dicho, y que guardarás todos sus mandamientos, para ponerte por encima de todas las naciones que ha hecho, en alabanza, fama y gloria, y para que seas un pueblo santo para el SEÑOR tu Dios, tal como ha dicho».

Direitos e atribuição

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.