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Éxodo 12

NTBT-2026-11-07

Introducción a Éxodo

Éxodo cuenta cómo Dios libera de la esclavitud a los descendientes de Jacob, los recibe como pueblo del pacto y establece su presencia en medio de ellos. La salida de Egipto conduce hacia una relación: el Dios que los rescata los llama a conocerlo, escuchar su palabra y vivir como su pueblo.

El libro comienza con familias sometidas al poder del faraón y termina con la gloria de Jehová llenando el tabernáculo. Entre esos dos escenarios aparecen el llamamiento de Moisés, los juicios sobre Egipto, la Pascua, el paso del mar, el camino por el desierto y el encuentro del Sinaí. El título «Éxodo» significa «salida»; el nombre hebreo Shemot, «nombres», procede de sus primeras palabras y recuerda su continuidad con la familia de Génesis.

Autoría y marco histórico

Éxodo pertenece al Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio libro le atribuye actividades de escritura: registra un acontecimiento para su memoria, escribe las palabras del pacto y recibe el mandato de escribir las instrucciones de Dios. Estos datos fundamentan su papel en la transmisión de la enseñanza. El relato de su vida, presentado principalmente en tercera persona, no incluye una declaración de que él redactara personalmente cada línea de la forma final del libro.

El libro no proporciona un año de composición ni nombra a los faraones de la opresión y de la salida. Sitúa los acontecimientos después de la estancia de los patriarcas en Egipto y antes de la entrada de Israel en Canaán. 1 Reyes 6:1 relaciona la salida con el comienzo del templo, cuatrocientos ochenta años después, en el cuarto año de Salomón. La identificación de los reyes egipcios y la conversión de esos datos a una cronología absoluta requieren un estudio conjunto; el nombre de una ciudad por sí solo no identifica al faraón.

Destinatarios y propósito

Las instrucciones se dirigen a Israel como comunidad liberada y deben transmitirse a sus descendientes. La memoria de la Pascua, las palabras del pacto y las disposiciones para el culto explican quién es su Dios y cómo debe vivir el pueblo que le pertenece. El relato une la historia de los antepasados con una identidad que las nuevas generaciones necesitan conocer.

La liberación está fundada en la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Israel recibe la ley después de haber sido sacado de la esclavitud. La obediencia responde al rescate y ordena la vida de la comunidad; no aparece como el precio con el que consiguió que Dios comenzara a amarla. Esa gracia tampoco vuelve indiferente su conducta: el becerro de oro mostrará la gravedad de apartarse del Dios que la ha liberado.

Forma literaria

La narración enlaza acontecimientos, diálogos y discursos de Dios. En su interior aparecen genealogías, el cántico de victoria, mandamientos, disposiciones para resolver conflictos y descripciones detalladas del santuario. Cada forma cumple una función: la poesía celebra la liberación; la ley ordena la vida bajo el pacto; las instrucciones del tabernáculo muestran cómo debe prepararse el lugar del encuentro con Dios.

Los capítulos sobre la construcción retoman muchas instrucciones anteriores. Esa repetición permite comparar lo mandado con lo realizado y destacar la obediencia en la preparación del santuario. El conjunto avanza desde el servicio forzado al faraón hacia el servicio a Jehová.

Cómo avanza el libro

  • Éxodo 1–2: opresión de Israel, preservación de Moisés y clamor del pueblo.
  • Éxodo 3:1–7:7: llamamiento, regreso a Egipto, primeras respuestas del faraón y reafirmación de la promesa.
  • Éxodo 7:8–13:16: señales y juicios, Pascua, salida de Egipto y memoria de la liberación.
  • Éxodo 13:17–18:27: paso del mar, cántico, necesidades y conflictos durante el camino, y encuentro con Jetro.
  • Éxodo 19–24: encuentro en el Sinaí, palabras de Dios, disposiciones del pacto y su celebración.
  • Éxodo 25–31: instrucciones para el santuario, sus servidores y el día de reposo.
  • Éxodo 32–34: becerro de oro, intercesión de Moisés y renovación del pacto.
  • Éxodo 35–40: ofrendas y construcción del tabernáculo, que termina lleno de la gloria de Jehová.

Temas que debes seguir

El conocimiento de Dios. Jehová da a conocer su nombre, su fidelidad y su autoridad. Sus acciones responden al poder del faraón y a la pregunta de quién debe ser obedecido. Al revelar su carácter, une compasión, paciencia, perdón y justicia; la misericordia no significa que el pecado carezca de consecuencias.

El rescate y la pertenencia. Dios saca a Israel de las cargas de Egipto para recibirlo como pueblo suyo. El movimiento llega a su expresión en el Sinaí: los ha traído a sí mismo y los llama a ser una nación santa. La libertad tiene una dirección de culto y obediencia.

La memoria y la vida del prójimo. Haber sido extranjeros y esclavos debe influir en el trato al débil. El pacto abarca la adoración, pero también el trabajo, la justicia y el cuidado de personas vulnerables. El pueblo rescatado debe recordar de dónde lo sacó Dios cuando ejerza poder sobre otro.

La presencia y la mediación. La cercanía del Dios santo requiere atención a su palabra. Moisés comunica, intercede y guía; el santuario hace visible la importancia de que Jehová vaya con su pueblo. La crisis del becerro pone en peligro esa relación y conduce al ruego por perdón y presencia.

Éxodo y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma la liberación de Egipto para explicar la obra de Cristo. Pablo llama a Jesucristo «nuestra Pascua» y relaciona su sacrificio con una vida de sinceridad y verdad. Jesús habla de su sangre del pacto para el perdón de los pecados. La salvación cristiana se funda en él, nuestro Señor y único Salvador.

Hebreos reconoce la fidelidad de Moisés como servidor y presenta a Cristo como el Hijo sobre la casa de Dios. También desarrolla la relación entre el santuario, la mediación y el sacrificio de Jesús, que obtiene redención eterna y purifica la conciencia para servir al Dios vivo. Estas conexiones tienen fundamento explícito en el Nuevo Testamento; cada detalle del mobiliario conserva además su función en el relato y en el culto de Israel.

La memoria de Israel también advierte al lector cristiano. Pablo recuerda que haber participado en los beneficios del camino no impidió que muchos cayeran en idolatría y desobediencia. La respuesta a la gracia requiere una fe que escucha a Dios, sin convertir la pertenencia comunitaria en una seguridad para persistir en el pecado.

Orientación para tu lectura

Sigue lo que Dios promete, lo que el faraón responde y lo que el pueblo aprende. Distingue los mandatos dados a Israel bajo el pacto del Sinaí de su relación con el nuevo pacto en Cristo. Cuando una instrucción trate de una institución o costumbre antigua, comienza por su destinatario y su función antes de desarrollar una aplicación.

Al llegar al final, recuerda el cambio respecto del comienzo: el pueblo sigue en camino, pero ya no sirve bajo las cargas del faraón. La gloria de Jehová llena el tabernáculo y su presencia guía las jornadas. El libro deja abierta la continuación del viaje y afirma quién acompaña a Israel.

Relaciones bíblicas

La primera Pascua

El SEÑOR habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: «Este mes será para ustedes el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año. Hablen a toda la comunidad de Israel y digan: “El día diez de este mes, cada uno tomará un cordero o un cabrito por familia paterna, un cordero o un cabrito por casa. Si la familia es demasiado pequeña para un animal, él y el vecino más cercano a su casa tomarán uno juntos, según el número de personas. Harán el cálculo para el animal según lo que coma cada uno. El animal será un macho de un año, sin defecto; lo tomarán de entre las ovejas o de entre las cabras. Lo cuidarán hasta el día catorce de este mes, y toda la asamblea de la comunidad de Israel lo sacrificará al atardecer. Tomarán de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman. Aquella noche comerán la carne asada al fuego; la comerán con panes sin levadura y hierbas amargas. No comerán nada de él crudo ni hervido en agua, sino asado al fuego, con su cabeza, sus patas y sus entrañas. No dejarán nada de él hasta la mañana; lo que quede hasta la mañana lo quemarán en el fuego. Así lo comerán: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies y el bastón en la mano. Lo comerán de prisa. Es la Pascua del SEÑOR. Esa noche pasaré por la tierra de Egipto y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de las personas como de los animales. Ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo soy el SEÑOR. La sangre será para ustedes una señal en las casas donde estén. Veré la sangre y pasaré de largo, y no habrá entre ustedes plaga que los destruya cuando hiera la tierra de Egipto. Este día será para ustedes un memorial, y lo celebrarán como una fiesta para el SEÑOR. A lo largo de sus generaciones lo celebrarán como estatuto perpetuo.

La fiesta de los Panes sin Levadura

Durante siete días comerán panes sin levadura. Desde el primer día retirarán la levadura de sus casas, porque todo el que coma algo leudado, desde el primer día hasta el séptimo, será excluido de Israel. El primer día tendrán una convocación santa, y el séptimo día tendrán una convocación santa. No se hará ningún trabajo en esos días; solo se podrá preparar lo que cada persona haya de comer. Observarán la fiesta de los Panes sin Levadura, porque en este mismo día saqué a sus ejércitos de la tierra de Egipto. Guardarán este día a lo largo de sus generaciones como estatuto perpetuo. En el primer mes comerán panes sin levadura desde el atardecer del día catorce del mes hasta el atardecer del día veintiuno del mes. Durante siete días no se hallará levadura en sus casas, porque todo el que coma algo leudado será excluido de la comunidad de Israel, tanto el extranjero residente como el natural del país. No comerán nada leudado; en todas sus viviendas comerán panes sin levadura”».

La Pascua en las casas de Israel

Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Escojan y tomen animales del rebaño para sus familias, y sacrifiquen el animal de la Pascua. Tomen un manojo de hisopo y mójenlo en la sangre que está en el recipiente. Unten el dintel y los dos postes con la sangre que está en el recipiente. Ninguno de ustedes salga de la puerta de su casa hasta la mañana. El SEÑOR pasará para herir a los egipcios. Cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, el SEÑOR pasará de largo ante la puerta y no permitirá que el destructor entre en sus casas para herirlos. Guardarán esto como estatuto para ti y para tus hijos para siempre. Cuando entren en la tierra que el SEÑOR les dará, tal como ha dicho, observarán esta ceremonia. Y cuando sus hijos les pregunten: “¿Qué significa para ustedes esta ceremonia?”, responderán: “Es el sacrificio de la Pascua del SEÑOR, que pasó de largo ante las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando hirió a los egipcios, pero libró nuestras casas”». Entonces el pueblo se inclinó y adoró. Los hijos de Israel fueron e hicieron tal como el SEÑOR había ordenado a Moisés y a Aarón; así lo hicieron.

Muerte de los primogénitos

A medianoche el SEÑOR hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón que se sentaba en su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en el calabozo, y a todo primogénito de los animales. Esa noche se levantaron el faraón, todos sus servidores y todos los egipcios. Hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiera un muerto. Llamó a Moisés y a Aarón de noche y dijo: «Levántense y salgan de en medio de mi pueblo, tanto ustedes como los hijos de Israel. Vayan y sirvan al SEÑOR, como han dicho. Tomen también sus rebaños y su ganado vacuno, como han dicho, y váyanse. Bendíganme también a mí». Los egipcios apremiaban al pueblo para hacerlo salir pronto del país, porque decían: «¡Todos vamos a morir!». El pueblo tomó su masa antes de que fermentara, con sus recipientes de amasar envueltos en sus mantos sobre los hombros. Los hijos de Israel hicieron conforme a la palabra de Moisés y pidieron a los egipcios objetos de plata, objetos de oro y ropa. El SEÑOR hizo que el pueblo hallara favor ante los egipcios, y ellos les dieron lo que pedían. Así despojaron a Egipto.

Los israelitas salen de Egipto

Los hijos de Israel partieron de Ramesés hacia Sucot: unos seiscientos mil hombres a pie, sin contar a los niños. También subió con ellos una gran multitud de gente diversa, y rebaños y ganado vacuno, ganado muy abundante. Hornearon tortas de pan sin levadura con la masa que habían sacado de Egipto, porque no había fermentado, ya que habían sido expulsados de Egipto y no pudieron demorarse. Tampoco habían preparado provisiones para sí. El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. Al cumplirse los cuatrocientos treinta años, en aquel mismo día, todos los ejércitos del SEÑOR salieron de la tierra de Egipto. El SEÑOR veló esa noche para sacarlos de la tierra de Egipto. Esa misma noche es una vigilia para el SEÑOR que todos los hijos de Israel deberán guardar a lo largo de sus generaciones.

¿Quiénes pueden participar en la Pascua?

El SEÑOR dijo a Moisés y a Aarón: «Esta es la ordenanza de la Pascua: ningún extranjero comerá de ella. Pero a todo esclavo comprado con dinero lo circuncidarás; entonces podrá comer de ella. No comerán de ella el residente temporal ni el jornalero. Se comerá en una sola casa. No sacarás nada de la carne fuera de la casa. No le quebrarán ningún hueso. Toda la comunidad de Israel la celebrará. Si un extranjero reside contigo y quiere celebrar la Pascua para el SEÑOR, que todos sus varones sean circuncidados; entonces podrá acercarse a celebrarla y será como un natural del país. Pero ningún incircunciso comerá de ella. Habrá una sola ley para el natural del país y para el extranjero que reside entre ustedes». Todos los hijos de Israel hicieron tal como el SEÑOR había ordenado a Moisés y a Aarón; así lo hicieron. En aquel mismo día el SEÑOR sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel, agrupados en sus ejércitos.

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