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Éxodo 9

NTBT-2026-11-07

Introducción a Éxodo

Éxodo cuenta cómo Dios libera de la esclavitud a los descendientes de Jacob, los recibe como pueblo del pacto y establece su presencia en medio de ellos. La salida de Egipto conduce hacia una relación: el Dios que los rescata los llama a conocerlo, escuchar su palabra y vivir como su pueblo.

El libro comienza con familias sometidas al poder del faraón y termina con la gloria de Jehová llenando el tabernáculo. Entre esos dos escenarios aparecen el llamamiento de Moisés, los juicios sobre Egipto, la Pascua, el paso del mar, el camino por el desierto y el encuentro del Sinaí. El título «Éxodo» significa «salida»; el nombre hebreo Shemot, «nombres», procede de sus primeras palabras y recuerda su continuidad con la familia de Génesis.

Autoría y marco histórico

Éxodo pertenece al Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio libro le atribuye actividades de escritura: registra un acontecimiento para su memoria, escribe las palabras del pacto y recibe el mandato de escribir las instrucciones de Dios. Estos datos fundamentan su papel en la transmisión de la enseñanza. El relato de su vida, presentado principalmente en tercera persona, no incluye una declaración de que él redactara personalmente cada línea de la forma final del libro.

El libro no proporciona un año de composición ni nombra a los faraones de la opresión y de la salida. Sitúa los acontecimientos después de la estancia de los patriarcas en Egipto y antes de la entrada de Israel en Canaán. 1 Reyes 6:1 relaciona la salida con el comienzo del templo, cuatrocientos ochenta años después, en el cuarto año de Salomón. La identificación de los reyes egipcios y la conversión de esos datos a una cronología absoluta requieren un estudio conjunto; el nombre de una ciudad por sí solo no identifica al faraón.

Destinatarios y propósito

Las instrucciones se dirigen a Israel como comunidad liberada y deben transmitirse a sus descendientes. La memoria de la Pascua, las palabras del pacto y las disposiciones para el culto explican quién es su Dios y cómo debe vivir el pueblo que le pertenece. El relato une la historia de los antepasados con una identidad que las nuevas generaciones necesitan conocer.

La liberación está fundada en la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Israel recibe la ley después de haber sido sacado de la esclavitud. La obediencia responde al rescate y ordena la vida de la comunidad; no aparece como el precio con el que consiguió que Dios comenzara a amarla. Esa gracia tampoco vuelve indiferente su conducta: el becerro de oro mostrará la gravedad de apartarse del Dios que la ha liberado.

Forma literaria

La narración enlaza acontecimientos, diálogos y discursos de Dios. En su interior aparecen genealogías, el cántico de victoria, mandamientos, disposiciones para resolver conflictos y descripciones detalladas del santuario. Cada forma cumple una función: la poesía celebra la liberación; la ley ordena la vida bajo el pacto; las instrucciones del tabernáculo muestran cómo debe prepararse el lugar del encuentro con Dios.

Los capítulos sobre la construcción retoman muchas instrucciones anteriores. Esa repetición permite comparar lo mandado con lo realizado y destacar la obediencia en la preparación del santuario. El conjunto avanza desde el servicio forzado al faraón hacia el servicio a Jehová.

Cómo avanza el libro

  • Éxodo 1–2: opresión de Israel, preservación de Moisés y clamor del pueblo.
  • Éxodo 3:1–7:7: llamamiento, regreso a Egipto, primeras respuestas del faraón y reafirmación de la promesa.
  • Éxodo 7:8–13:16: señales y juicios, Pascua, salida de Egipto y memoria de la liberación.
  • Éxodo 13:17–18:27: paso del mar, cántico, necesidades y conflictos durante el camino, y encuentro con Jetro.
  • Éxodo 19–24: encuentro en el Sinaí, palabras de Dios, disposiciones del pacto y su celebración.
  • Éxodo 25–31: instrucciones para el santuario, sus servidores y el día de reposo.
  • Éxodo 32–34: becerro de oro, intercesión de Moisés y renovación del pacto.
  • Éxodo 35–40: ofrendas y construcción del tabernáculo, que termina lleno de la gloria de Jehová.

Temas que debes seguir

El conocimiento de Dios. Jehová da a conocer su nombre, su fidelidad y su autoridad. Sus acciones responden al poder del faraón y a la pregunta de quién debe ser obedecido. Al revelar su carácter, une compasión, paciencia, perdón y justicia; la misericordia no significa que el pecado carezca de consecuencias.

El rescate y la pertenencia. Dios saca a Israel de las cargas de Egipto para recibirlo como pueblo suyo. El movimiento llega a su expresión en el Sinaí: los ha traído a sí mismo y los llama a ser una nación santa. La libertad tiene una dirección de culto y obediencia.

La memoria y la vida del prójimo. Haber sido extranjeros y esclavos debe influir en el trato al débil. El pacto abarca la adoración, pero también el trabajo, la justicia y el cuidado de personas vulnerables. El pueblo rescatado debe recordar de dónde lo sacó Dios cuando ejerza poder sobre otro.

La presencia y la mediación. La cercanía del Dios santo requiere atención a su palabra. Moisés comunica, intercede y guía; el santuario hace visible la importancia de que Jehová vaya con su pueblo. La crisis del becerro pone en peligro esa relación y conduce al ruego por perdón y presencia.

Éxodo y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma la liberación de Egipto para explicar la obra de Cristo. Pablo llama a Jesucristo «nuestra Pascua» y relaciona su sacrificio con una vida de sinceridad y verdad. Jesús habla de su sangre del pacto para el perdón de los pecados. La salvación cristiana se funda en él, nuestro Señor y único Salvador.

Hebreos reconoce la fidelidad de Moisés como servidor y presenta a Cristo como el Hijo sobre la casa de Dios. También desarrolla la relación entre el santuario, la mediación y el sacrificio de Jesús, que obtiene redención eterna y purifica la conciencia para servir al Dios vivo. Estas conexiones tienen fundamento explícito en el Nuevo Testamento; cada detalle del mobiliario conserva además su función en el relato y en el culto de Israel.

La memoria de Israel también advierte al lector cristiano. Pablo recuerda que haber participado en los beneficios del camino no impidió que muchos cayeran en idolatría y desobediencia. La respuesta a la gracia requiere una fe que escucha a Dios, sin convertir la pertenencia comunitaria en una seguridad para persistir en el pecado.

Orientación para tu lectura

Sigue lo que Dios promete, lo que el faraón responde y lo que el pueblo aprende. Distingue los mandatos dados a Israel bajo el pacto del Sinaí de su relación con el nuevo pacto en Cristo. Cuando una instrucción trate de una institución o costumbre antigua, comienza por su destinatario y su función antes de desarrollar una aplicación.

Al llegar al final, recuerda el cambio respecto del comienzo: el pueblo sigue en camino, pero ya no sirve bajo las cargas del faraón. La gloria de Jehová llena el tabernáculo y su presencia guía las jornadas. El libro deja abierta la continuación del viaje y afirma quién acompaña a Israel.

Relaciones bíblicas

La plaga en el ganado

El SEÑOR dijo a Moisés: «Ve al faraón y dile: “Así dice el SEÑOR, el Dios de los hebreos: ‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Si te niegas a dejarlo ir y sigues reteniéndolo, la mano del SEÑOR caerá sobre tu ganado que está en el campo, sobre los caballos, los asnos, los camellos, el ganado vacuno y los rebaños, con una peste muy grave. El SEÑOR hará una distinción entre el ganado de Israel y el ganado de Egipto: no morirá nada de lo que pertenece a los hijos de Israel’”». El SEÑOR fijó un plazo y dijo: «Mañana el SEÑOR hará esto en la tierra». Al día siguiente el SEÑOR hizo esto, y murió todo el ganado de Egipto. Pero del ganado de los hijos de Israel no murió ni un animal. El faraón mandó averiguar, y del ganado de Israel no había muerto ni un animal. Pero el corazón del faraón siguió obstinado y él no dejó ir al pueblo.

La plaga de úlceras

El SEÑOR dijo a Moisés y a Aarón: «Llenen sus manos de hollín de un horno, y que Moisés lo arroje hacia el cielo a la vista del faraón. Se convertirá en polvo fino sobre toda la tierra de Egipto y producirá llagas con ampollas en las personas y en los animales, por toda la tierra de Egipto». Tomaron hollín del horno y se presentaron ante el faraón. Moisés lo arrojó hacia el cielo, y brotaron llagas con ampollas en las personas y en los animales. Los magos no podían presentarse ante Moisés a causa de las llagas, porque las llagas afectaban a los magos y a todos los egipcios. Pero el SEÑOR endureció el corazón del faraón y él no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho a Moisés.

La plaga de granizo

El SEÑOR dijo a Moisés: «Por la mañana, levántate temprano y preséntate ante el faraón. Le dirás: “Así dice el SEÑOR, el Dios de los hebreos: ‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Porque esta vez enviaré todas mis plagas contra tu corazón, contra tus servidores y contra tu pueblo, para que sepas que no hay nadie como yo en toda la tierra. Pues ya podría haber extendido mi mano y haberte herido a ti y a tu pueblo con peste, y habrías sido exterminado de la tierra. Pero precisamente para esto te he mantenido en pie: para mostrarte mi poder y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. ¿Todavía te alzas contra mi pueblo, negándote a dejarlo ir? Mañana a esta hora haré llover un granizo muy intenso, como no lo ha habido en Egipto desde que se fundó hasta ahora.

Una advertencia para ponerse a salvo

Ahora manda poner a salvo tu ganado y todo lo que tienes en el campo. El granizo caerá sobre toda persona y todo animal que se encuentren en el campo y no sean recogidos en casa, y morirán’”». Entre los servidores del faraón, los que temieron la palabra del SEÑOR hicieron que sus siervos y su ganado huyeran a las casas. Pero los que no prestaron atención a la palabra del SEÑOR dejaron a sus siervos y su ganado en el campo. El SEÑOR dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo para que haya granizo por toda la tierra de Egipto, sobre las personas, sobre los animales y sobre toda la vegetación del campo en la tierra de Egipto». Moisés extendió su vara hacia el cielo, y el SEÑOR envió truenos y granizo. El fuego se descargó sobre la tierra, y el SEÑOR hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. Hubo granizo y fuego que fulguraba en medio del granizo. Fue tan intenso como no lo había habido en toda la tierra de Egipto desde que llegó a ser una nación. Por toda la tierra de Egipto, el granizo golpeó todo lo que había en el campo, tanto personas como animales. El granizo golpeó también toda la vegetación del campo y destrozó todos los árboles del campo. Solo en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.

El ruego del faraón durante la tormenta

El faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: «Esta vez he pecado. El SEÑOR es justo, pero yo y mi pueblo somos malvados. Rueguen al SEÑOR: ya basta de truenos de Dios y de granizo. Yo los dejaré ir y no tendrán que permanecer más». Moisés le respondió: «En cuanto salga de la ciudad, extenderé mis manos hacia el SEÑOR. Los truenos cesarán y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra pertenece al SEÑOR. Pero sé que tú y tus servidores todavía no temen al SEÑOR Dios». El lino y la cebada fueron dañados, porque la cebada ya estaba espigada y el lino tenía botones de flor. Pero el trigo y la espelta no fueron dañados, porque maduran más tarde. Moisés salió de la presencia del faraón y de la ciudad, y extendió sus manos hacia el SEÑOR. Cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia dejó de caer sobre la tierra. Cuando el faraón vio que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a pecar; él y sus servidores endurecieron su corazón. El corazón del faraón se endureció y él no dejó ir a los hijos de Israel, tal como el SEÑOR había dicho por medio de Moisés.

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