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Lucas 13

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Lucas

Lucas te conduce a conocer a Jesucristo como el Salvador prometido, el Hijo que cumple la voluntad del Padre y busca a los perdidos. Su relato sigue la fidelidad de Dios desde los anuncios del nacimiento hasta la cruz, la resurrección y la ascensión. La buena noticia que comienza en Israel será anunciada a todas las naciones.

El autor y la relación con Hechos

La antigua tradición cristiana atribuye este Evangelio a Lucas, colaborador de Pablo. Las cartas del Nuevo Testamento mencionan a Lucas como «el médico amado» y como colaborador en el ministerio (Colosenses 4:14; Filemón 1:24). El narrador del Evangelio no escribe su nombre dentro del relato; la atribución tradicional debe distinguirse de lo que el prólogo declara expresamente.

El autor explica que ha investigado cuidadosamente los acontecimientos y que recibe el testimonio de quienes fueron testigos oculares y servidores de la palabra. Hechos se dirige al mismo Teófilo y recuerda un primer relato sobre lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta su ascensión (Lucas 1:1–4; Hechos 1:1–2). Ambos libros forman una narración vinculada: el Evangelio presenta la obra de Jesús y Hechos continúa con el testimonio acerca del Señor resucitado por el poder del Espíritu Santo.

Fecha, contexto y destinatarios

El libro no ofrece una fecha ni un lugar de composición. Habitualmente se sitúa en el siglo I, con propuestas que van desde los años sesenta hasta las últimas décadas del siglo. Las diferencias dependen, entre otras cuestiones, de cómo se entiende su relación con Hechos y con los otros evangelios. Conviene reconocer esa discusión sin atribuir al autor un año o una ciudad que no declara.

El destinatario nombrado es Teófilo, quien ya había recibido enseñanza acerca de Jesús. El propósito explícito es que conozca la certeza de esa enseñanza. El tratamiento «excelentísimo» expresa respeto, pero no identifica por sí solo su cargo, su ciudad o una función precisa como patrocinador. El horizonte del libro es más amplio: desde el anuncio de luz para las naciones hasta la misión final, la salvación de Dios se presenta para todos los pueblos (Lucas 2:29–32; Lucas 24:47).

Género y propósito

Es un evangelio: una narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús que da a conocer su identidad y llama a responder a él. El prólogo destaca la investigación, el testimonio recibido y la presentación ordenada. Ese orden permite seguir el sentido de la historia; no obliga a suponer que cada enseñanza y cada escena se organicen según una cronología moderna exhaustiva.

Lucas presenta los acontecimientos como cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús anuncia el favor del Señor, sana, perdona pecados, llama a seguirlo y se dirige con decisión hacia Jerusalén (Lucas 4:16–21; Lucas 9:51). Su muerte y resurrección dan el significado decisivo a todo ese camino.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: el prólogo y los anuncios, nacimientos e infancia de Juan y Jesús sitúan la salvación dentro de las promesas de Dios a Israel.
  2. 3:1–4:13: la predicación de Juan, el bautismo, la genealogía y la tentación preparan el ministerio de Jesús.
  3. 4:14–9:50: Jesús anuncia el reino en Galilea y sus alrededores, manifiesta su autoridad, reúne discípulos y revela el camino de su padecimiento.
  4. 9:51–19:27: el viaje hacia Jerusalén reúne encuentros, parábolas y enseñanza sobre la misericordia, la oración, las riquezas, el arrepentimiento y el discipulado.
  5. 19:28–21:38: Jesús entra en Jerusalén, enseña en el templo, afronta controversias y anuncia juicio y esperanza, llamando a la vigilancia.
  6. 22–23: la Cena, la oración, el arresto, los juicios, la crucifixión y la sepultura presentan la entrega del Salvador.
  7. 24: el sepulcro vacío, las apariciones, la explicación de las Escrituras y la ascensión preparan a los testigos para anunciar a Cristo a todas las naciones.

Jesucristo y la salvación por gracia

Jesús vino a buscar y salvar lo perdido (Lucas 19:10). Recibe a pecadores, llama al arrepentimiento y anuncia el gozo por quien vuelve a Dios. Las parábolas de lo perdido y el encuentro con Zaqueo muestran la iniciativa de la gracia y una respuesta que transforma la vida (Lucas 15:1–7; Lucas 19:1–10).

La salvación tiene su fundamento en la persona y en la obra de Jesús. Él entrega su cuerpo y derrama su sangre por los suyos; resucitado, envía a proclamar el arrepentimiento y el perdón en su nombre (Lucas 22:19–20; Lucas 24:46–47). La fe recibe esa gracia, y la obediencia, la generosidad y el servicio son su fruto.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

El bautismo distingue al Hijo que es bautizado, al Espíritu Santo que desciende y al Padre que declara su complacencia en su Hijo amado (Lucas 3:21–22). Jesús vive en comunión con el Padre, ora y cumple su voluntad. El Espíritu Santo actúa en el anuncio y en el ministerio del Salvador y será enviado sobre sus testigos. El relato revela la acción del único Dios sin confundir las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu.

Misericordia y vida de los discípulos

Lucas presta atención a los pobres, a las mujeres, a los enfermos, a los pecadores despreciados y a quienes quedaban al margen de la estima social. La compasión de Jesús conduce a reconocer la dignidad de las personas y su necesidad de salvación. La parábola del samaritano muestra la misericordia hecha acción, mientras el encuentro con Marta y María destaca la atención a la palabra del Señor (Lucas 10:25–42).

La oración, el uso de los bienes, la humildad y la perseverancia forman parte del discipulado. Seguir a Jesús implica recibir su gracia y obedecer su palabra. El Señor forma a seguidores que necesitan corrección y perdón, y los sostiene con su fidelidad (Lucas 9:23–26; Lucas 22:31–32).

Las Escrituras y la esperanza que continúa

La historia de Jesús está enraizada en las promesas a Abraham, David e Israel, y culmina en su cumplimiento salvador. Después de resucitar, el Señor explica que el Cristo debía padecer y entrar en su gloria. Abre el entendimiento de sus discípulos para comprender las Escrituras y los hace testigos (Lucas 24:25–27; Lucas 24:44–49).

El Evangelio termina con Jesús bendiciendo, los discípulos adorándolo y la comunidad alabando a Dios en Jerusalén. Hechos continuará el anuncio del Salvador vivo, comenzando allí y extendiéndose hasta los confines de la tierra (Lucas 24:50–53; Hechos 1:8).

Aplicación editorial

Al leer Lucas, observa qué revela cada encuentro acerca de Jesucristo y cómo responde cada persona a su palabra. Acude al Padre por medio de tu Salvador, recibe su perdón y busca la guía del Espíritu Santo conforme a las Escrituras. Que la gracia de Jesús produzca en ti fe, misericordia, oración y una esperanza firme en su resurrección.

Jesús llama al arrepentimiento ante la tragedia

En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. Él les respondió: «¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos porque han sufrido estas cosas? Les digo que no; pero, si no se arrepienten, todos perecerán igualmente. O aquellos dieciocho sobre quienes cayó la torre de Siloé y los mató, ¿piensan que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no; pero, si no se arrepienten, todos perecerán de la misma manera».

Parábola de la higuera estéril

También les decía esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella, pero no lo encontró. Entonces dijo al viñador: “Mira, hace tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué sigue inutilizando la tierra?”. Él le respondió: “Señor, déjala también este año, hasta que cave a su alrededor y le eche estiércol. Si en adelante da fruto, bien; y si no, la cortarás”».

Jesús sana a una mujer en el día de reposo

Jesús enseñaba en una de las sinagogas un sábado. Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía un espíritu de enfermedad. Estaba encorvada y no podía enderezarse por completo. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Puso las manos sobre ella y al instante se enderezó y glorificaba a Dios. Pero el dirigente de la sinagoga, indignado porque Jesús había sanado en sábado, decía a la multitud: «Hay seis días en los que se debe trabajar. Vengan en esos días para ser sanados, y no en el día del sábado». El Señor le respondió: «¡Hipócritas! ¿Acaso cada uno de ustedes no desata en sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta, que es hija de Abraham, a quien Satanás ha tenido atada ya dieciocho años, ¿no se la debía liberar de esta atadura en el día del sábado?». Cuando decía estas cosas, todos sus adversarios quedaban avergonzados, y toda la multitud se alegraba por todas las obras gloriosas que él hacía.

Parábola de la semilla de mostaza

Entonces decía: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿Con qué lo compararé? Se parece a una semilla de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerto. Creció y se convirtió en un árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas».

Parábola de la levadura

Y volvió a decir: «¿Con qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

La puerta estrecha

Jesús recorría ciudades y aldeas enseñando, mientras iba camino de Jerusalén. Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo: «Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, ustedes comenzarán a quedarse afuera y a llamar a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”. Pero él les responderá: “No sé de dónde son”. Entonces comenzarán a decir: “Comimos y bebimos delante de ti, y enseñaste en nuestras plazas”. Pero él les dirá: “No sé de dónde son. Apártense de mí todos los que practican la injusticia”. Allí habrá llanto y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes son echados fuera. Vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Y miren, hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

Jesús sigue su camino pese a la amenaza de Herodes

En aquella misma hora se acercaron unos fariseos y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte». Él les dijo: «Vayan y digan a esa zorra: “Mira, expulso demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día habré llegado a mi término”. Sin embargo, debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado mañana, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.

Jesús lamenta el rechazo de Jerusalén

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y ustedes no quisieron! Miren, su casa les queda abandonada. Les digo que no me verán hasta que llegue el momento en que digan: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”».

Derechos y atribución

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