Nueva Traducción BibliaTodo

Apocalipsis 17

NTBT-2026-11-07

Introducción a Apocalipsis

Jesucristo, el Cordero sacrificado y resucitado, reina y llevará a plenitud la salvación de su pueblo. La revelación llama a las iglesias a adorarlo, resistir el engaño y perseverar con la esperanza de habitar para siempre con Dios.

El testigo, Patmos y la fecha

El autor se identifica como Juan al comienzo y al final del libro. Recibe y comunica la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo; se presenta también como hermano y compañero de las iglesias en la tribulación, el reino y la perseverancia en Jesús. Apocalipsis 1:1–2 y Apocalipsis 1:9 permiten reconocer su nombre, su servicio y su relación con los destinatarios.

Juan se encontraba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Su estancia se entiende habitualmente como destierro relacionado con su fidelidad al Señor. El libro no describe las condiciones concretas de su reclusión ni nombra al funcionario que la dispuso.

Una tradición cristiana temprana identifica a este Juan con el apóstol, hijo de Zebedeo. Ya en la antigüedad hubo también lectores que reconocían el valor del libro y, atendiendo a diferencias de lenguaje y composición, distinguían a su autor del evangelista. Apocalipsis no se firma expresamente «el apóstol Juan»; conviene distinguir su nombre declarado de las propuestas sobre su identidad completa.

Una tradición antigua relaciona la visión con los últimos años del gobierno de Domiciano, hacia finales del siglo I. Esa referencia ha sido importante para la datación habitual del escrito. El propio libro no indica un año ni identifica al emperador bajo el cual Juan recibió la revelación. La propuesta histórica debe mantenerse con su grado de certeza, sin convertirla en una fecha que el texto declare.

Las siete iglesias y las presiones que enfrentan

El escrito se dirige a siete iglesias de Asia, la provincia romana de Asia Menor. Apocalipsis 1:11 las nombra: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Son comunidades concretas, no solo nombres para clasificar etapas posteriores de la historia. El llamado repetido a escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias extiende la atención a toda comunidad que recibe el testimonio de Cristo.

Sus situaciones son diversas. Esmirna conoce tribulación, pobreza y amenaza de prisión; Pérgamo recuerda la muerte de Antipas, testigo fiel; Laodicea se considera rica y autosuficiente. Apocalipsis 2:9–10, Apocalipsis 2:13 y Apocalipsis 3:17 muestran que la dificultad no se reduce a una experiencia idéntica de persecución en todas partes.

La fidelidad es amenazada por la violencia y también por la seducción: falsa enseñanza, participación en la idolatría, inmoralidad y confianza en la riqueza. El libro descubre una dimensión espiritual detrás del poder que exige adoración y del lujo que se sostiene mediante injusticia. Las iglesias necesitan consuelo para perseverar y corrección para reconocer sus propias concesiones al mal.

Revelación, profecía y carta

Ἀποκάλυψις —Apokálypsis— significa «revelación», hacer manifiesto lo que estaba oculto. La expresión «de Jesucristo» presenta a Jesús como quien comunica el mensaje y como el Señor cuya identidad y gobierno se dan a conocer. El centro no es la fascinación por una catástrofe, sino el propósito de Dios revelado por medio de su Hijo.

El libro se llama profecía y bendice a quienes escuchan y guardan sus palabras en Apocalipsis 1:3. También tiene la forma de una comunicación a las iglesias: saludo, mensajes dirigidos a sus situaciones y bendición final. La visión sirve a la vida de una comunidad que debe adorar, discernir, arrepentirse y permanecer fiel.

Las imágenes participan del lenguaje profético de las Escrituras. Algunas reciben una explicación expresa, como las estrellas y los candelabros en Apocalipsis 1:20 o las aguas en Apocalipsis 17:15. Otras requieren atender a sus antecedentes y a su función dentro de la escena. El sentido se reconoce siguiendo la visión y sus relaciones, en lugar de asignar a cada objeto un significado independiente.

Un recorrido por el libro

  1. Capítulo 1: origen y propósito de la revelación, saludo a las iglesias y aparición de Jesucristo, vivo y soberano, en medio de los candelabros.
  2. Capítulos 2–3: los mensajes a las siete iglesias reúnen conocimiento de sus obras, consuelo, corrección, llamado al arrepentimiento y promesas al vencedor.
  3. Capítulos 4–5: el trono de Dios y el Cordero digno de abrir el rollo sitúan el resto de las visiones bajo la autoridad del Creador y del Redentor.
  4. Capítulos 6–11: sellos, trompetas, testimonio y clamor de los santos muestran juicio, preservación y fidelidad, hasta la proclamación del reino del Señor y de su Cristo.
  5. Capítulos 12–14: el dragón, las bestias, el Cordero y sus seguidores revelan el conflicto de lealtades, el engaño de la adoración falsa y la perseverancia de quienes pertenecen a Jesús.
  6. Capítulos 15–18: las copas y el juicio de Babilonia descubren el desenlace de la idolatría, la violencia y una prosperidad sostenida a costa de otros.
  7. Capítulos 19–20: las bodas del Cordero, su victoria, el reinado con Cristo, la derrota del diablo y el juicio ante el trono conducen al fin de los poderes que se oponen a Dios.
  8. Capítulos 21–22: la nueva creación y la ciudad santa muestran la comunión plena con Dios y el Cordero; el cierre vuelve a las iglesias con promesa, advertencia, invitación y gracia.

Jesucristo es el centro de la victoria y de la salvación

La visión anuncia al León vencedor y muestra al Cordero como sacrificado en Apocalipsis 5:5–6. Ambas figuras pertenecen a Jesucristo. Su victoria real se comprende desde su entrega por el pecado y su resurrección, no al margen de ellas. Apocalipsis 5:9–10 atribuye a su sangre el rescate de personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación.

Jesús es nuestro único Señor y Salvador. La salvación se recibe por la gracia de Dios mediante la fe en él. Las obras, la obediencia y el servicio expresan esa vida recibida; no compran el perdón ni proporcionan una vía independiente de redención. Por eso la seriedad del juicio según las obras permanece unida al don gratuito del agua de vida y a las túnicas lavadas por el Cordero.

El Hijo recibe junto al que está sentado en el trono la bendición, el honor y la gloria en Apocalipsis 5:13–14. El Padre es Creador y Señor de la historia; el Hijo comparte la honra divina y lleva a cumplimiento la obra salvadora; el Espíritu Santo habla a las iglesias y orienta su esperanza hacia Jesús. El único Dios actúa sin confundir sus personas ni convertir al Espíritu en una fuerza impersonal. Apocalipsis 22:17 reúne al Espíritu y a la esposa en la espera del Salvador y en la invitación a recibir vida.

La victoria de los testigos se vincula a la sangre del Cordero y a la palabra de su testimonio en Apocalipsis 12:11. Su sufrimiento no los salva por sí mismo. El Señor conoce su fidelidad y llevará a término su esperanza; la fe puede perseverar aun cuando la presión no desaparece de inmediato.

Las Escrituras dan profundidad a las imágenes

Daniel aporta el lenguaje de los reinos representados por bestias, del tribunal celestial y de la participación de los santos en el reino. Las plagas y el cántico de Moisés evocan el éxodo, mientras la figura del Cordero concentra la redención en Jesucristo. Apocalipsis 15:3–4 une el cántico de Moisés con el del Cordero y dirige la adoración al Señor por la justicia de sus caminos.

La promesa de Jerusalén iluminada por Dios se relaciona con Isaías, y el río y el árbol de vida recuerdan tanto el jardín de Génesis como la visión de Ezequiel. Isaías 65:17–19 anuncia cielos nuevos, tierra nueva y alegría para Jerusalén; Ezequiel 47:12 presenta árboles que dan fruto y hojas para curación. Apocalipsis reúne esas imágenes en la comunión final con Dios y el Cordero.

Las relaciones iluminan la continuidad de la promesa, pero no hacen idénticos todos los detalles de cada pasaje. La propia visión desarrolla su mensaje: en la ciudad santa no habrá templo separado, porque Dios y el Cordero son su templo. La esperanza alcanza una plenitud que se entiende siguiendo al Salvador a través del conjunto de las Escrituras.

El orden de las visiones y la esperanza final

El relato alterna escenas celestiales y terrenales, anuncios de victoria, conflictos y llamados a perseverar. Los intérpretes difieren sobre cómo relacionar algunas secuencias: unos destacan su sucesión y otros entienden que ciertas visiones vuelven sobre el conflicto desde perspectivas complementarias. El orden en que Juan contempla no resuelve por sí solo todas las relaciones temporales.

Los mil años del capítulo 20 también han recibido distintas interpretaciones respecto de su duración y de su relación con el regreso de Cristo. El estudio de esas diferencias debe conservar lo que la visión afirma con claridad: Jesucristo reina, el mal será juzgado, la muerte perderá su dominio y el pueblo redimido vivirá con Dios. La esperanza culmina en el cielo nuevo, la tierra nueva y la presencia del Señor.

La respuesta final es personal: «Ven, Señor Jesús», seguida de la bendición de su gracia en Apocalipsis 22:20–21. El libro entrega sus promesas a personas que todavía necesitan vivir del favor del Salvador. Esperarlo significa escuchar y guardar su palabra en el presente.

Aplicación editorial

Lee Apocalipsis buscando conocer mejor a Jesucristo y reconocer tus lealtades. Recibe el consuelo si estás bajo presión y acepta la corrección si el éxito, el miedo o la comodidad te han llevado a tolerar lo que contradice su verdad. Busca apoyo en la comunidad y pide al Espíritu Santo discernimiento conforme a la Escritura.

La certeza de que Dios hará justicia puede sostenerte sin convertirte en dueño del juicio ajeno. Da testimonio con verdad, cuida a quienes sufren y sirve desde la gracia. Puedes esperar con confianza al Señor que murió, resucitó y prometió reunir a su pueblo en la presencia del Padre.

Condenación de la gran ramera

Uno de los siete ángeles que tenían las siete copas vino y habló conmigo, diciendo: «Ven, te mostraré la sentencia de la gran prostituta que está sentada sobre muchas aguas, con quien cometieron inmoralidad sexual los reyes de la tierra, y con el vino de cuya inmoralidad sexual se embriagaron los habitantes de la tierra». Me llevó en el Espíritu a un desierto. Vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata, llena de nombres blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en su mano una copa de oro llena de abominaciones y de las impurezas de su inmoralidad sexual. En su frente había un nombre escrito, un misterio: «Babilonia la grande, la madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra». Vi a la mujer embriagada con la sangre de los santos y con la sangre de los testigos de Jesús. Al verla, me quedé profundamente asombrado.

El significado de la mujer y la bestia

El ángel me dijo: «¿Por qué te asombras? Yo te explicaré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva, la que tiene las siete cabezas y los diez cuernos. La bestia que viste existía y no existe; está por subir del abismo y va a la perdición. Los habitantes de la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo se asombrarán al ver la bestia, porque existía, no existe y volverá a estar presente. Aquí se requiere una mente que tenga sabiduría. Las siete cabezas son siete montes sobre los que está sentada la mujer. También son siete reyes: cinco cayeron, uno existe y el otro todavía no ha venido. Cuando venga, debe permanecer poco tiempo. La bestia que existía y no existe es también un octavo rey; pertenece a los siete y va a la perdición. Los diez cuernos que viste son diez reyes que todavía no han recibido un reino, pero reciben autoridad como reyes durante una hora junto con la bestia. Tienen un mismo propósito y entregan su poder y autoridad a la bestia. Harán la guerra al Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes. Los que están con él son llamados, elegidos y fieles». También me dijo: «Las aguas que viste, donde está sentada la prostituta, son pueblos, multitudes, naciones y lenguas. Los diez cuernos que viste y la bestia odiarán a la prostituta. La dejarán desolada y desnuda, comerán sus carnes y la quemarán por completo con fuego. Porque Dios puso en sus corazones que cumplieran su propósito, que tuvieran un mismo propósito y entregaran su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. La mujer que viste es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra».

Direitos e atribuição

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.