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Génesis 24

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

Abraham busca esposa para Isaac

Abraham era ya anciano, de edad avanzada, y el SEÑOR había bendecido a Abraham en todo. Abraham le dijo a su siervo, el más antiguo de su casa, que administraba todos sus bienes: «Pon tu mano debajo de mi muslo, y te haré jurar por el SEÑOR, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una esposa de entre las hijas de los cananeos, en medio de los cuales vivo. Irás a mi tierra y a mi familia, y tomarás de allí una esposa para mi hijo Isaac». El siervo le preguntó: «Quizá la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Debo entonces llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?». Abraham le respondió: «¡Cuídate de llevar a mi hijo allá! El SEÑOR, Dios de los cielos, que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací, que me habló y me juró: “A tu descendencia daré esta tierra”, enviará su ángel delante de ti, y tomarás de allí una esposa para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de este juramento que te he impuesto. Pero no lleves a mi hijo allá». El siervo puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y le juró cumplir lo acordado.

El encuentro con Rebeca

Después el siervo tomó diez camellos de su señor y partió, llevando consigo toda clase de bienes de su señor. Se puso en camino hacia Aram-naharaim, a la ciudad de Nacor. Hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad, junto al pozo de agua. Era al atardecer, a la hora en que las mujeres salían a sacar agua.

La oración junto al manantial

Entonces dijo: «SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, te ruego que hoy me concedas éxito y muestres tu bondad a mi señor Abraham. Aquí estoy, junto al manantial, y las hijas de los habitantes de la ciudad salen a sacar agua. Que la joven a quien yo diga: “Por favor, inclina tu cántaro para que beba”, y que responda: “Bebe, y también daré de beber a tus camellos”, sea la que has destinado para tu siervo Isaac. Por ella sabré que has mostrado tu bondad a mi señor». Antes de que terminara de hablar, salió Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milca, esposa de Nacor, el hermano de Abraham. Llevaba su cántaro al hombro. La joven era muy hermosa, virgen; ningún hombre había tenido relaciones con ella. Bajó al manantial, llenó su cántaro y volvió a subir. El siervo corrió a su encuentro y le dijo: «Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro». Ella respondió: «Bebe, señor mío». Enseguida bajó su cántaro y, sosteniéndolo en la mano, le dio de beber. Cuando terminó de darle de beber, dijo: «También sacaré agua para tus camellos, hasta que hayan terminado de beber». Se apresuró a vaciar su cántaro en el abrevadero, corrió de nuevo al pozo a sacar agua y sacó para todos sus camellos. El hombre la observaba en silencio, para saber si el SEÑOR había dado éxito a su viaje o no. Cuando los camellos terminaron de beber, el hombre tomó un anillo de oro de unos seis gramos de peso y dos brazaletes para sus muñecas que pesaban en total unos ciento catorce gramos de oro. Le preguntó: «¿De quién eres hija? Dime, por favor, ¿hay lugar en la casa de tu padre para que pasemos la noche?». Ella respondió: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a Nacor». Y añadió: «Tenemos abundante paja y forraje, y también lugar para pasar la noche». Entonces el hombre se inclinó y adoró al SEÑOR, y dijo: «Bendito sea el SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de mostrar su bondad y su fidelidad a mi señor. El SEÑOR me ha guiado en el camino hasta la casa de los parientes de mi señor».

La propuesta ante la familia de Rebeca

La joven corrió a contar lo ocurrido en la casa de su madre. Rebeca tenía un hermano llamado Labán, que salió corriendo hacia el hombre, junto al manantial. Al ver el anillo y los brazaletes en las muñecas de su hermana, y al oír a su hermana Rebeca contar: «Esto me ha dicho aquel hombre», fue a su encuentro. El hombre seguía de pie junto a los camellos, al lado del manantial. Labán le dijo: «¡Ven, bendito del SEÑOR! ¿Por qué estás fuera? He preparado la casa y un lugar para los camellos». El hombre entró en la casa. Descargaron los camellos y les dieron paja y forraje; también le dieron agua para lavarse los pies, y para que se los lavaran los hombres que lo acompañaban. Le pusieron comida delante, pero él dijo: «No comeré hasta que haya comunicado mi mensaje». La respuesta fue: «Habla».

El siervo presenta su misión

Entonces dijo: «Soy siervo de Abraham. El SEÑOR ha bendecido mucho a mi señor y lo ha engrandecido. Le ha dado ovejas, ganado vacuno, plata, oro, siervos, siervas, camellos y asnos. Sara, la esposa de mi señor, le dio un hijo en su vejez, y él le ha dado todo lo que posee. Mi señor me hizo jurar, diciendo: “No tomarás para mi hijo una esposa de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra vivo. Irás a la casa de mi padre, a mi familia, y tomarás una esposa para mi hijo”. Yo le dije a mi señor: “Quizá la mujer no quiera seguirme”. Él me respondió: “El SEÑOR, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo y dará éxito a tu viaje. Tomarás una esposa para mi hijo de mi familia y de la casa de mi padre. Quedarás libre de mi juramento cuando hayas llegado a mi familia; si no te la dan, quedarás libre de mi juramento”. Hoy llegué al manantial y dije: “SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, si estás dispuesto a dar éxito al viaje que he emprendido, aquí estoy junto al manantial. Que la joven que salga a sacar agua, a quien yo diga: ‘Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro’, y que me responda: ‘Bebe tú, y también sacaré agua para tus camellos’, sea la mujer que el SEÑOR ha destinado para el hijo de mi señor”. Antes de que terminara de hablar en mi corazón, salió Rebeca con su cántaro al hombro. Bajó al manantial y sacó agua, y yo le dije: “Por favor, dame de beber”. Ella bajó enseguida su cántaro y dijo: “Bebe, y también daré de beber a tus camellos”. Yo bebí, y ella dio de beber también a los camellos. Le pregunté: “¿De quién eres hija?”. Ella respondió: “Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a Nacor”. Entonces le puse el anillo en la nariz y los brazaletes en las muñecas. Me incliné y adoré al SEÑOR. Bendije al SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por el camino correcto para tomar como esposa para su hijo a una descendiente del hermano de mi señor. Ahora, si están dispuestos a mostrar bondad y fidelidad a mi señor, díganmelo; y si no, díganmelo también, para que yo me dirija a la derecha o a la izquierda».

El acuerdo y la decisión de Rebeca

Labán y Betuel respondieron: «Esto viene del SEÑOR. No podemos decirte nada a favor ni en contra. Aquí tienes a Rebeca; tómala y vete. Que sea la esposa del hijo de tu señor, como el SEÑOR ha dicho». Cuando el siervo de Abraham oyó sus palabras, se postró en tierra ante el SEÑOR. Después el siervo sacó joyas de plata, joyas de oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También entregó regalos valiosos a su hermano y a su madre. Él y los hombres que lo acompañaban comieron y bebieron, y pasaron allí la noche. Por la mañana se levantaron, y él dijo: «Déjenme volver a mi señor». Su hermano y su madre respondieron: «Que la joven se quede con nosotros unos días, quizá diez. Después podrá irse». Pero él les dijo: «No me demoren, pues el SEÑOR ha dado éxito a mi viaje. Déjenme partir y volver a mi señor». Ellos respondieron: «Llamemos a la joven y preguntémosle». Llamaron a Rebeca y le preguntaron: «¿Irás con este hombre?». Ella respondió: «Iré».

La despedida y la bendición

Entonces dejaron partir a Rebeca, su hermana, y a su nodriza, junto con el siervo de Abraham y sus hombres. Bendijeron a Rebeca y le dijeron:
«¡Hermana nuestra, que seas madre de miles de decenas de miles!
¡Que tu descendencia posea la puerta de quienes la odian!».
Rebeca y sus siervas se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre. Así el siervo tomó a Rebeca y partió.

El matrimonio de Isaac y Rebeca

Isaac había venido de Beer-lajai-roi y vivía en la región del Neguev. Al caer la tarde, Isaac salió a meditar al campo. Levantó los ojos y vio que se acercaban unos camellos. Rebeca levantó los ojos y, al ver a Isaac, bajó del camello. Le preguntó al siervo: «¿Quién es ese hombre que viene por el campo a nuestro encuentro?». El siervo respondió: «Es mi señor». Entonces ella tomó el velo y se cubrió. El siervo le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac la llevó a la tienda de Sara, su madre. Tomó a Rebeca por esposa y la amó. Así Isaac halló consuelo después de la muerte de su madre.

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