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Génesis 14

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

Abram rescata a Lot

En los días de Amrafel, rey de Sinar; Arioc, rey de Elasar; Quedorlaomer, rey de Elam; y Tidal, rey de Goim, estos reyes hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma; Birsa, rey de Gomorra; Sinab, rey de Adma; Semeber, rey de Zeboim; y el rey de Bela, es decir, Zoar. Todos estos últimos se aliaron en el valle de Sidim, donde está el mar Muerto. Durante doce años habían estado sometidos a Quedorlaomer, pero en el año trece se rebelaron.

La campaña de los cuatro reyes

En el año catorce, Quedorlaomer y los reyes que lo acompañaban llegaron y derrotaron a los refaítas en Astarot-karnaim, a los zuzitas en Ham y a los emitas en Save-quiriataim, y a los horeos en la región montañosa de Seir, hasta El-parán, junto al desierto. Después regresaron y llegaron a En-mispat, es decir, Cades. Conquistaron todo el territorio de los amalecitas y también a los amorreos que habitaban en Hazezon-tamar. Entonces salieron los reyes de Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Bela, es decir, Zoar, y se dispusieron a combatir en el valle de Sidim contra Quedorlaomer, rey de Elam; Tidal, rey de Goim; Amrafel, rey de Sinar; y Arioc, rey de Elasar: cuatro reyes contra cinco. El valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto. Los reyes de Sodoma y Gomorra huyeron y cayeron allí; los demás escaparon a las montañas. Los vencedores tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra y todas sus provisiones, y se marcharon. También se llevaron a Lot, sobrino de Abram, y sus bienes, pues él vivía en Sodoma.

Abram acude al rescate

Uno de los que habían escapado llegó y se lo contó a Abram el hebreo. Él habitaba junto a las encinas de Mamre el amorreo, hermano de Escol y de Aner, quienes eran aliados de Abram. Cuando Abram supo que su pariente había sido llevado cautivo, movilizó a los hombres adiestrados que habían nacido en su casa, trescientos dieciocho, y persiguió a los invasores hasta Dan. Durante la noche dividió sus fuerzas contra ellos, él y sus siervos, y los derrotó. Los persiguió hasta Hoba, al norte de Damasco. Recuperó todos los bienes y también rescató a su pariente Lot con sus bienes, a las mujeres y a la demás gente.

Melquisedec bendice a Abram

Cuando Abram regresaba de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que lo acompañaban, el rey de Sodoma salió a su encuentro en el valle de Save, es decir, el Valle del Rey. Melquisedec, rey de Salem, llevó pan y vino. Él era sacerdote del Dios Altísimo. Lo bendijo y dijo:
«Bendito sea Abram por el Dios Altísimo, Creador de los cielos y de la tierra.
Y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos».
Entonces Abram le dio la décima parte de todo.

La respuesta al rey de Sodoma

El rey de Sodoma le dijo a Abram: «Dame las personas y quédate con los bienes». Abram le respondió al rey de Sodoma: «He levantado mi mano al SEÑOR, el Dios Altísimo, Creador de los cielos y de la tierra: no tomaré nada de lo que te pertenece, ni un hilo ni la correa de una sandalia, para que no digas: “Yo enriquecí a Abram”. No quiero nada, salvo lo que han comido los jóvenes y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mamre. Ellos recibirán su parte».

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