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Génesis 19

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

Destrucción de Sodoma y Gomorra

Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer. Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma; cuando los vio, se levantó para recibirlos y se inclinó rostro en tierra. Les dijo: «Señores míos, les ruego que vengan a la casa de su siervo. Pasen la noche y lávense los pies; por la mañana podrán levantarse temprano y seguir su camino». Pero ellos respondieron: «No, pasaremos la noche en la plaza». Lot les insistió tanto que fueron con él y entraron en su casa. Les preparó un banquete, horneó panes sin levadura, y ellos comieron.

La violencia contra los visitantes

Antes de que se acostaran, los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, rodearon la casa: desde los jóvenes hasta los ancianos, todo el pueblo, llegado de todas partes. Llamaron a Lot y le dijeron: «¿Dónde están los hombres que vinieron a tu casa esta noche? ¡Sácalos para que tengamos relaciones con ellos!». Lot salió a la entrada para hablar con ellos y cerró la puerta detrás de sí. Les dijo: «Por favor, hermanos míos, no cometan esta maldad. Miren, tengo dos hijas que no han tenido relaciones con ningún hombre. Déjenme sacarlas para ustedes y hagan con ellas lo que les parezca bien. Pero no les hagan nada a estos hombres, pues se han acogido bajo mi techo». Ellos respondieron: «¡Apártate!». Y añadieron: «Este vino a vivir aquí como extranjero, ¡y ahora pretende ser nuestro juez! ¡Ahora te trataremos peor que a ellos!». Presionaron con fuerza a Lot y se acercaron para romper la puerta. Entonces aquellos hombres extendieron las manos, metieron a Lot con ellos en la casa y cerraron la puerta. A los hombres que estaban a la entrada de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de modo que se agotaron buscando la entrada.

La salida de Lot y su familia

Aquellos hombres le dijeron a Lot: «¿Tienes a alguien más aquí? Saca de este lugar a tus yernos, a tus hijos, a tus hijas y a cualquiera de los tuyos que esté en la ciudad, porque vamos a destruir este lugar. El clamor contra sus habitantes se ha hecho tan grande delante del SEÑOR que el SEÑOR nos ha enviado para destruirlo». Lot salió y habló con sus yernos, los que iban a casarse con sus hijas. Les dijo: «¡Levántense y salgan de este lugar, porque el SEÑOR va a destruir la ciudad!». Pero a sus yernos les pareció que estaba bromeando. Al despuntar el alba, los ángeles apremiaron a Lot: «¡Levántate! Toma a tu esposa y a tus dos hijas que están aquí, para que no perezcas cuando la ciudad reciba su castigo». Como él se demoraba, aquellos hombres lo tomaron de la mano, y también a su esposa y a sus dos hijas, porque el SEÑOR tuvo compasión de él. Lo sacaron y lo dejaron fuera de la ciudad. Después de sacarlos, uno de ellos dijo: «¡Huye y salva tu vida! No mires atrás ni te detengas en ningún lugar de la llanura. ¡Escapa a las montañas para que no perezcas!». Pero Lot les dijo: «¡No, por favor, Señor mío! Tu siervo ha hallado favor ante ti, y grande ha sido la bondad que me has mostrado al salvarme la vida. Pero no podré escapar a las montañas: temo que el desastre me alcance y muera. Mira, esta ciudad está cerca para huir a ella y es pequeña. Déjame escapar allí. ¿No es pequeña? Así salvaré mi vida». Él le respondió: «También te concedo esta petición: no destruiré la ciudad de la que has hablado. ¡Date prisa, escapa allí! No podré hacer nada hasta que llegues». Por eso aquella ciudad recibió el nombre de Zoar. El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar.

El juicio y la mirada de Abraham

Entonces el SEÑOR hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del SEÑOR, desde los cielos. Destruyó aquellas ciudades y toda la llanura, a todos los habitantes de las ciudades y la vegetación de la tierra. La esposa de Lot, que iba detrás de él, miró atrás y se convirtió en una columna de sal. Abraham se levantó temprano por la mañana y fue al lugar donde había estado delante del SEÑOR. Miró hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra de la llanura, y vio que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham y sacó a Lot de en medio de la destrucción, al arrasar las ciudades donde Lot había vivido.

El origen de Moab y Amón

Lot salió de Zoar y se fue a vivir a las montañas con sus dos hijas, porque tenía miedo de quedarse en Zoar. Allí vivió en una cueva con ellas. La hija mayor le dijo a la menor: «Nuestro padre es anciano y no hay hombre en la tierra que se una a nosotras, como se acostumbra en toda la tierra. Ven, demos vino a nuestro padre y acostémonos con él. Así conservaremos descendencia por medio de nuestro padre». Aquella noche dieron vino a su padre, y la mayor entró y se acostó con él. Él no se dio cuenta de cuándo ella se acostó ni de cuándo se levantó. Al día siguiente, la mayor le dijo a la menor: «Anoche me acosté con mi padre. Démosle vino también esta noche, y tú entra y acuéstate con él. Así conservaremos descendencia por medio de nuestro padre». También aquella noche dieron vino a su padre. La menor se levantó y se acostó con él, pero él no se dio cuenta de cuándo ella se acostó ni de cuándo se levantó. Así, las dos hijas de Lot quedaron embarazadas de su padre. La mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab. Él es el padre de los moabitas hasta el día de hoy. La menor también dio a luz un hijo y lo llamó Ben-ammi. Él es el padre de los amonitas hasta el día de hoy.

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