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Génesis 21

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

Nacimiento de Isaac

El SEÑOR atendió a Sara tal como había dicho, y el SEÑOR hizo por Sara lo que había prometido. Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había señalado. Abraham llamó Isaac a su hijo, el que Sara le había dado a luz. Abraham circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días de nacido, tal como Dios le había mandado. Abraham tenía cien años cuando nació su hijo Isaac. Sara dijo: «Dios me ha hecho reír; todo el que lo oiga reirá conmigo». Y añadió: «¿Quién le habría dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? ¡Pues le he dado un hijo en su vejez!».

La salida de Agar e Ismael

El niño creció y fue destetado. El día en que Isaac fue destetado, Abraham celebró un gran banquete. Sara vio que el hijo de Agar la egipcia, el que ella le había dado a Abraham, se burlaba. Entonces le dijo a Abraham: «Expulsa a esta esclava y a su hijo, porque el hijo de esta esclava no compartirá la herencia con mi hijo, con Isaac». Esto disgustó mucho a Abraham, porque se trataba de su hijo. Pero Dios le dijo a Abraham: «No te angusties por el muchacho ni por tu esclava. Escucha todo lo que Sara te diga, porque por medio de Isaac se reconocerá tu descendencia. También del hijo de la esclava haré una nación, porque es tu descendiente».

Agar e Ismael en el desierto

Abraham se levantó temprano por la mañana, tomó pan y un odre de agua y se los dio a Agar, poniéndoselos sobre el hombro. Le entregó también al muchacho y la despidió. Ella se marchó y anduvo errante por el desierto de Beerseba. Cuando se acabó el agua del odre, dejó al muchacho debajo de uno de los arbustos. Luego fue a sentarse enfrente, a unos cien metros de distancia, porque se decía: «No quiero ver morir al muchacho». Se sentó enfrente y se echó a llorar en voz alta. Dios oyó la voz del muchacho, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho allí donde está. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano, porque haré de él una gran nación». Entonces Dios le abrió los ojos y ella vio un pozo de agua. Fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. Dios estaba con el muchacho, que creció y vivió en el desierto y llegó a ser arquero. Vivió en el desierto de Parán, y su madre le consiguió una esposa de la tierra de Egipto.

Pacto entre Abraham y Abimelec

En aquel tiempo, Abimelec y Ficol, jefe de su ejército, le dijeron a Abraham: «Dios está contigo en todo lo que haces. Ahora júrame aquí por Dios que no me engañarás a mí ni a mis hijos ni a mis nietos. Muéstrame a mí y a la tierra donde has vivido como extranjero la misma lealtad que yo te he mostrado». Abraham respondió: «Lo juro».

El acuerdo sobre el pozo de Beerseba

Pero Abraham le reclamó a Abimelec por un pozo de agua del que los siervos de Abimelec se habían apoderado por la fuerza. Abimelec respondió: «No sé quién hizo eso. Tú no me lo habías dicho, y yo no había oído nada al respecto hasta hoy». Entonces Abraham tomó ovejas y ganado vacuno y se los dio a Abimelec, y ambos hicieron un pacto. Abraham apartó siete corderas del rebaño. Abimelec le preguntó: «¿Qué significan estas siete corderas que has apartado?». Él respondió: «Acepta de mi mano estas siete corderas, para que sean testimonio de que yo cavé este pozo». Por eso llamó Beerseba a aquel lugar, porque allí los dos hicieron un juramento. Después de hacer el pacto en Beerseba, Abimelec y Ficol, jefe de su ejército, se levantaron y regresaron a la tierra de los filisteos. Abraham plantó un tamarisco en Beerseba e invocó allí el nombre del SEÑOR, el Dios eterno. Abraham vivió como extranjero en la tierra de los filisteos durante mucho tiempo.

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