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Levítico 4

NTBT-2026-11-07

Introducción a Levítico

Al terminar Éxodo, la gloria de Jehová llena el tabernáculo. Levítico comienza con el Señor hablando desde esa tienda. El pueblo ha sido liberado de Egipto y Dios habita en medio de él; ahora necesita aprender cómo acercarse, recibir purificación y vivir en consonancia con su santidad.

Las instrucciones sobre ofrendas, sacerdotes, alimentos, lavamientos, relaciones y tiempos de celebración pertenecen a esa vida de pacto. El libro reúne el culto y la conducta cotidiana: la presencia del Señor tiene implicaciones para el altar, pero también para el trato al vecino, al trabajador, al pobre y al extranjero.

El nombre y la continuidad de la historia

El nombre hebreo del libro procede de su primera palabra, wayyiqrāʾ, «y llamó». El título «Levítico» lo relaciona con Leví y con el ámbito sacerdotal, aunque sus enseñanzas se dirigen a toda la comunidad. Los sacerdotes de la familia de Aarón tienen responsabilidades particulares; el resto de Israel también debe conocer y obedecer las disposiciones que recibe por medio de Moisés.

El escenario principal sigue siendo el desierto de Sinaí. Éxodo fecha el montaje del tabernáculo en el primer día del primer mes del segundo año, y Números comienza con una comunicación divina en el primer día del segundo mes de ese año. Levítico queda situado narrativamente entre esos momentos, mientras Israel permanece junto al monte. El libro también recoge instrucciones para cuando entre en la tierra, como las del reposo de los campos.

Autoría y grado de certeza

Levítico forma parte del Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio texto presenta sus mandatos como palabras que Jehová comunica a Moisés para Israel; en algunos discursos interviene también Aarón como destinatario. El resumen final vuelve a situar los mandamientos en el Sinaí, dados por medio de Moisés. Ese es el marco de autoridad que el libro afirma expresamente.

El texto no ofrece una fecha de composición ni describe todo el proceso por el cual sus instrucciones adquirieron su forma escrita final. Conviene distinguir ese asunto de la ambientación de los acontecimientos: el escenario del Sinaí es explícito, mientras que la fecha y las etapas de la redacción no se detallan dentro del libro.

Destinatarios y propósito

La comunidad de Israel debe aprender a vivir delante del Dios que la ha rescatado. El Señor se presenta como quien rompió su yugo de esclavitud y promete andar en medio de ella. La obediencia se desarrolla dentro de esa relación recibida; las disposiciones de santidad no son el precio con el que Israel consigue por primera vez la atención de Dios.

Los sacerdotes deben distinguir entre lo santo y lo común, entre lo puro y lo impuro, y enseñar los estatutos al pueblo. Las ofrendas y los procedimientos de purificación permiten atender situaciones concretas del culto; los mandamientos sobre la vida diaria ordenan las relaciones de una comunidad que pertenece al Señor. La santidad une cercanía, responsabilidad y servicio.

Forma literaria y desarrollo

Predominan los discursos legales, introducidos por fórmulas que identifican al Señor como quien habla y a Moisés como mediador. Las instrucciones presentan casos y distinguen condiciones: el tipo de ofrenda, los recursos de la persona, la responsabilidad del sacerdote o la clase de impureza. Las repeticiones ayudan a comparar situaciones y a reconocer diferencias importantes.

También hay narración, especialmente en la consagración de Aarón y de sus hijos y en el comienzo de su servicio. La muerte de Nadab y Abiú muestra la gravedad de acercarse a Dios desatendiendo su mandato. El libro combina así enseñanza y acontecimientos que hacen visible la responsabilidad del ministerio.

Cómo avanza el libro

  • Levítico 1–7: las principales ofrendas y las responsabilidades de quienes las presentan y de los sacerdotes.
  • Levítico 8–10: consagración de Aarón y sus hijos, comienzo del servicio y muerte de Nadab y Abiú.
  • Levítico 11–15: distinciones de pureza e impureza y procedimientos relacionados con alimentos, parto, afecciones de la piel y flujos corporales.
  • Levítico 16: el Día de la Expiación y la purificación del santuario y del pueblo.
  • Levítico 17–22: sangre, vida, conducta sexual, justicia, amor al prójimo, santidad sacerdotal y cuidado de las ofrendas.
  • Levítico 23–24: tiempos señalados, servicio de lámparas y pan, y disposiciones relativas al nombre del Señor y a la justicia.
  • Levítico 25: reposo de la tierra, jubileo, posesiones y responsabilidades hacia el hermano empobrecido.
  • Levítico 26: bendiciones del pacto, consecuencias de la desobediencia y memoria de la fidelidad de Dios.
  • Levítico 27: votos y disposiciones sobre personas, animales, bienes y otras dedicaciones al Señor.

Claves para comprender sus enseñanzas

La santidad nace de quién es Dios. «Serán santos, porque yo, Jehová su Dios, soy santo» dirige la vida de toda la comunidad. La santidad comprende lo que se presenta en el santuario y la forma de tratar a otros. Dejar alimento para el necesitado, pagar al trabajador, juzgar sin favoritismos y amar al prójimo forman parte del mismo llamado.

La expiación es una provisión de Dios. Levítico 17:11 relaciona la sangre con la vida y declara que Dios la ha dado sobre el altar para hacer expiación. Los sacrificios pertenecen al modo que él establece para atender el pecado y la impureza en medio del pueblo. Cada clase de ofrenda debe entenderse por su función propia: no todas se preparan de la misma manera ni responden a la misma situación.

Impureza ritual y culpa moral deben distinguirse. Algunas situaciones de impureza surgen de procesos corporales ordinarios, como los vinculados al parto. El estado ritual afecta al acceso al santuario sin significar por sí mismo que la persona haya cometido una falta moral. El libro también trata pecados y transgresiones; por eso es necesario atender a la situación concreta, a lo que debe purificarse y a la respuesta que se ordena.

El pacto abarca toda la vida. Los tiempos de reposo y celebración, el uso de la tierra y las relaciones económicas recuerdan que Israel vive ante su Dios. Las advertencias del capítulo 26 muestran que la desobediencia tiene consecuencias; su cierre mantiene la memoria de las promesas a los patriarcas y de la fidelidad del Señor incluso en medio del juicio.

Levítico y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma este lenguaje para presentar la obra de Jesús. Hebreos explica que la repetición de sacrificios no podía dar la purificación definitiva de la conciencia, y anuncia que Cristo obtuvo redención eterna mediante su propia sangre. Su ofrenda, hecha de una vez para siempre, es el fundamento de nuestra confianza para acercarnos a Dios. La salvación es por su gracia mediante la fe en él, nuestro Señor y único Salvador.

Pedro une el llamado a ser santos con el rescate recibido mediante la sangre preciosa de Cristo, descrito como un cordero sin defecto y sin mancha. La obediencia es la respuesta a ese rescate. La relación con Levítico se desarrolla desde esas conexiones bíblicas, respetando también la función histórica de cada instrucción en el culto de Israel.

Jesús cita el mandato de amar al prójimo como a uno mismo al enseñar cuáles son los mayores mandamientos. La vida consagrada al Padre incluye amor, justicia y misericordia. El Espíritu Santo nos guía conforme a la verdad de Dios y a la obra de Jesucristo; la enseñanza de santidad debe conducir a una vida rendida al Señor y al cuidado de las personas.

Orientación para tu lectura

Al comenzar una instrucción, observa quién debe actuar, qué presenta, dónde lo hace y con qué finalidad. Distingue las tareas de la persona que lleva la ofrenda y las del sacerdote. Cuando se repita un procedimiento, busca qué se mantiene y qué cambia; a menudo esa diferencia explica el sentido de la nueva situación.

Lee los términos «santo», «puro», «impuro», «pecado» y «expiación» dentro de cada contexto. Las notas te ayudarán a conocer el vocabulario original y las costumbres que necesiten explicación. Después considera cómo el Nuevo Testamento desarrolla la relación con Cristo antes de trasladar directamente una disposición ritual a tu vida. Busca comprender la santidad de Dios, la provisión de su gracia y la respuesta de fe y obediencia que te corresponde.

Relaciones bíblicas

Las ofrendas por el pecado inadvertido

El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: «Habla a los israelitas y diles: “Cuando alguien peque por error contra cualquiera de los mandamientos del SEÑOR sobre las cosas que no deben hacerse, y haga alguna de ellas,

El pecado del sacerdote ungido

si el sacerdote ungido peca, haciendo culpable al pueblo, presentará al SEÑOR, por el pecado que cometió, un novillo sin defecto como ofrenda por el pecado. Llevará el novillo a la entrada de la tienda de reunión, delante del SEÑOR, apoyará su mano sobre la cabeza del novillo y degollará el novillo delante del SEÑOR. El sacerdote ungido tomará parte de la sangre del novillo y la llevará a la tienda de reunión. El sacerdote mojará su dedo en la sangre y rociará parte de la sangre siete veces delante del SEÑOR, frente al velo del santuario. El sacerdote pondrá parte de la sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático, que está delante del SEÑOR en la tienda de reunión. Derramará toda la sangre del novillo al pie del altar del holocausto, que está a la entrada de la tienda de reunión. Retirará del novillo de la ofrenda por el pecado toda su grasa: la grasa que cubre las entrañas y toda la grasa que está sobre las entrañas; los dos riñones y la grasa que está sobre ellos, junto a los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará junto con los riñones, tal como se retira de la res del sacrificio de paz. El sacerdote los hará arder sobre el altar del holocausto. La piel del novillo y toda su carne, con su cabeza, sus patas, sus entrañas y su estiércol, es decir, todo el novillo, lo sacará fuera del campamento, a un lugar puro, donde se depositan las cenizas. Lo quemará al fuego sobre leña; en el lugar donde se depositan las cenizas será quemado.

El pecado de la comunidad

Si toda la comunidad de Israel se equivoca y el asunto queda oculto a los ojos de la asamblea, y hace alguna de las cosas que los mandamientos del SEÑOR prohíben, será culpable. Cuando llegue a conocerse el pecado que han cometido, la asamblea presentará un novillo como ofrenda por el pecado y lo llevará delante de la tienda de reunión. Los ancianos de la comunidad apoyarán sus manos sobre la cabeza del novillo delante del SEÑOR, y se degollará el novillo delante del SEÑOR. El sacerdote ungido llevará parte de la sangre del novillo a la tienda de reunión. El sacerdote mojará su dedo en la sangre y rociará siete veces delante del SEÑOR, frente al velo. Pondrá parte de la sangre sobre los cuernos del altar que está delante del SEÑOR, en la tienda de reunión, y derramará toda la sangre al pie del altar del holocausto, que está a la entrada de la tienda de reunión. Retirará de él toda su grasa y la hará arder sobre el altar. Hará con el novillo como hizo con el novillo de la ofrenda por el pecado; así hará con él. El sacerdote hará expiación por ellos y serán perdonados. Sacará el novillo fuera del campamento y lo quemará como quemó el primer novillo. Es la ofrenda por el pecado de la asamblea.

La ofrenda de un jefe

Cuando un jefe peque y haga por error alguna de las cosas que los mandamientos del SEÑOR su Dios prohíben, y sea culpable, si se le hace saber el pecado que cometió, traerá como su ofrenda un macho cabrío sin defecto. Apoyará su mano sobre la cabeza del macho cabrío y lo degollará en el lugar donde se degüella el holocausto, delante del SEÑOR. Es una ofrenda por el pecado. El sacerdote tomará con su dedo parte de la sangre de la ofrenda por el pecado, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará su sangre al pie del altar del holocausto. Hará arder toda su grasa sobre el altar, como la grasa del sacrificio de paz. El sacerdote hará expiación por él, por su pecado, y será perdonado.

Las ofrendas de una persona del pueblo

Si alguna persona del pueblo peca por error, haciendo alguna de las cosas que los mandamientos del SEÑOR prohíben, y es culpable, cuando se le haga saber el pecado que cometió, traerá como su ofrenda una cabra hembra sin defecto, por el pecado que cometió. Apoyará su mano sobre la cabeza de la ofrenda por el pecado y degollará la ofrenda por el pecado en el lugar del holocausto. El sacerdote tomará con su dedo parte de su sangre, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará toda su sangre al pie del altar. Retirará toda su grasa como se retira la grasa del sacrificio de paz. El sacerdote la hará arder sobre el altar como aroma grato al SEÑOR. El sacerdote hará expiación por él y será perdonado. Si trae un cordero como su ofrenda por el pecado, traerá una hembra sin defecto. Apoyará su mano sobre la cabeza de la ofrenda por el pecado y la degollará como ofrenda por el pecado en el lugar donde se degüella el holocausto. El sacerdote tomará con su dedo parte de la sangre de la ofrenda por el pecado, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará toda su sangre al pie del altar. Retirará toda su grasa como se retira la grasa del cordero del sacrificio de paz. El sacerdote hará arder esas partes sobre el altar, encima de las ofrendas quemadas al SEÑOR. El sacerdote hará expiación por él, por el pecado que cometió, y será perdonado”».

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