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Mateo 17

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Mateo

Mateo te invita a reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo que revela al Padre y el Rey que llama a seguirlo. Su historia comienza con Abraham y David y culmina con la muerte, la resurrección y la autoridad de Jesucristo para enviar discípulos a todas las naciones.

Autor, fecha y primeros lectores

La tradición cristiana atribuye este evangelio a Mateo, el recaudador llamado por Jesús y contado entre los doce. El relato no identifica expresamente a su autor en primera persona. Eusebio conserva un testimonio de Papías que vincula a Mateo con una recopilación de dichos en lengua hebrea; la relación exacta entre esa noticia y el evangelio griego conservado es discutida. Esta tradición es importante, pero no demuestra por sí sola todos los detalles de su composición.

El evangelio se sitúa en el siglo I; no indica un año ni un lugar de redacción, y las propuestas de datación no son unánimes. Su abundante uso de las Escrituras de Israel y sus discusiones sobre la Ley sugieren lectores familiarizados con ese mundo. Al mismo tiempo, el libro anuncia una misión que alcanza a todas las naciones. No debe asignarse a una única comunidad concreta como si el texto la nombrara.

Género y propósito

Es un evangelio: narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús para dar a conocer quién es y llamar a responderle. No es una biografía moderna que pretenda contar cada año de su vida. Mateo combina relatos con grandes bloques de enseñanza y muestra repetidamente cómo Jesús cumple las Escrituras.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: origen, nacimiento e infancia de Jesús.
  2. 3–4: Juan, el bautismo, la tentación y el comienzo del ministerio.
  3. 5–7: la enseñanza de Jesús en el monte.
  4. 8–10: obras de autoridad y envío de los discípulos.
  5. 11–13: respuestas a Jesús, oposición y parábolas del reino.
  6. 14–18: la identidad de Jesús y la formación de sus discípulos.
  7. 19–25: camino a Jerusalén, controversias y enseñanza sobre la vigilancia.
  8. 26–28: entrega, crucifixión, resurrección y misión a las naciones.

Temas que volverás a encontrar

El reino de los cielos; Jesús como Cristo e Hijo de David; el cumplimiento de las Escrituras; la justicia del corazón; la misericordia; la fe; el discipulado; el juicio y la esperanza. El título «reino de los cielos» no se limita a un lugar después de la muerte: en Mateo anuncia el gobierno de Dios y llama a vivir bajo su autoridad.

La salvación ocupa el centro desde 1:21: Jesús salva de los pecados. Su sangre derramada para perdón y su resurrección fundamentan la esperanza. La obediencia del discípulo responde a su gracia; no convierte las obras en un precio para comprar la salvación.

Cómo empezar con Mateo 1

Lee primero 1:1–17 como una historia organizada: promesa, realeza, exilio y llegada del Mesías. Después lee 1:18–25 y observa qué sabe José al principio, qué le revela el ángel y cómo responde. Las notas distinguen explicación del pasaje, lenguaje original, variantes, relaciones bíblicas y aplicación editorial. Abre solo el nivel de profundidad que necesites.

Relaciones bíblicas

La transfiguración

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos: su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías, conversando con él. Pedro dijo a Jesús: «Señor, es bueno que estemos aquí. Si quieres, haré aquí tres enramadas: una para ti, una para Moisés y una para Elías». Mientras aún hablaba, una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escúchenlo a él». Al oírlo, los discípulos cayeron rostro en tierra y tuvieron mucho miedo. Jesús se acercó, los tocó y dijo: «Levántense y no tengan miedo». Al levantar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos».

Elías, Juan y el sufrimiento del Mesías

Los discípulos le preguntaron: «¿Por qué, entonces, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Él respondió: «Elías viene y restaurará todas las cosas. Pero les digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a sufrir a manos de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que les hablaba de Juan el Bautista.

Jesús libera y sana a un muchacho

Cuando llegaron a la multitud, se le acercó un hombre que se arrodilló ante él y dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo, porque sufre convulsiones y padece terriblemente. Muchas veces cae en el fuego y muchas veces en el agua. Lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo». Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí». Jesús lo reprendió y el demonio salió de él. El muchacho quedó sano desde aquel momento. Entonces los discípulos se acercaron a Jesús en privado y preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». Él les dijo: «Por su poca fe. Porque en verdad les digo que, si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Muévete de aquí para allá”, y se moverá. Nada les será imposible. [Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno».]

Jesús anuncia que será entregado y resucitará

Mientras se reunían en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los seres humanos. Lo matarán, pero al tercer día resucitará». Y ellos se entristecieron mucho.

Pago del impuesto del templo

Cuando llegaron a Capernaúm, los cobradores del impuesto del templo se acercaron a Pedro y preguntaron: «¿Su maestro no paga el impuesto del templo?». Él respondió: «Sí». Cuando entró en la casa, Jesús se le adelantó y dijo: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran tributos o impuestos: de sus hijos o de los extraños?». Él respondió: «De los extraños». Jesús le dijo: «Entonces los hijos están exentos. Pero para no hacerlos tropezar, ve al mar y echa un anzuelo. Toma el primer pez que salga; al abrirle la boca encontrarás una moneda grande de plata. Tómala y dásela por mí y por ti».

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