Nueva Traducción BibliaTodo

1 Samuel 20

NTBT-2026-11-07

1 Samuel: la palabra de Dios y el comienzo de la monarquía

El primer libro de Samuel narra el nacimiento y el ministerio de Samuel, el establecimiento del reinado de Saúl y la elección de David. Desde la oración de Ana hasta el duelo por Saúl en Gilboa, el libro muestra que la vida de Israel no puede sostenerse mediante la apariencia, el poder militar o una institución religiosa separados de la palabra de Jehová.

Contexto y propósito

La historia se sitúa en la transición desde el período de los jueces hacia la monarquía. Israel afronta la presión de los filisteos, la corrupción de dirigentes religiosos y la dificultad de permanecer fiel a Jehová. Samuel sirve como profeta y juez; el pueblo pide un rey, Saúl recibe ese cargo y David es ungido antes de llegar a ocupar el trono. La narración termina con la muerte de Saúl, no con la coronación de David.

El libro forma la memoria de Israel acerca de sus dirigentes y de su relación con Dios. No identifica una primera comunidad receptora con localidad y fecha precisas. Su propósito se reconoce en el relato: enseñar que tanto el pueblo como su rey deben escuchar a Jehová. La petición de un rey contiene un rechazo del gobierno divino, pero Dios no abandona por ello su propósito con su pueblo (1 Samuel 8:4–9; 12:19–25).

Nombre, autoría y fecha

El nombre del libro corresponde al papel decisivo de Samuel en esta transición. No equivale a una declaración de que él haya redactado toda la obra: su muerte se cuenta en 1 Samuel 25:1, antes de varios acontecimientos que siguen narrándose. El texto no nombra a su redactor final ni ofrece una fecha de composición. Conviene distinguir el tiempo de los sucesos del momento posterior en que fueron recogidos en su forma transmitida.

La tradición bíblica conoce registros proféticos de los hechos de David asociados a Samuel, Natán y Gad (1 Crónicas 29:29–30). Ese dato confirma la importancia del testimonio profético en la memoria del reino, pero no permite asignar con exactitud cada capítulo de Samuel a uno de esos nombres. El libro conserva expresiones retrospectivas y mira hacia las consecuencias de los sucesos; tales indicios no bastan para fijar un año único ni una reconstrucción completa de su composición.

Forma literaria y movimiento del relato

Predomina la narración histórica que interpreta los acontecimientos a la luz de la relación de Israel con Jehová. Incluye oraciones, poesía, discursos, anuncios proféticos y diálogos. El cántico de Ana presenta desde el comienzo al Dios que humilla al poderoso y levanta al necesitado, y abre la mirada hacia su rey y su ungido (1 Samuel 2:1–10). Ese horizonte ayuda a comprender los cambios de posición que atravesarán las familias, los sacerdotes y los gobernantes.

El relato distingue lo que Jehová anuncia, lo que el narrador informa y lo que los personajes piensan o afirman. Saúl puede interpretar una circunstancia como favorable y estar equivocado; Aquis puede elogiar a David sin conocer sus engaños. Los episodios alternan a veces entre escenarios de una misma crisis, especialmente al final. Reconocer esas voces y movimientos evita convertir cada opinión o cada acción narrada en una norma aprobada por Dios.

Bosquejo

  • Capítulos 1–3: la oración de Ana, el crecimiento de Samuel y el juicio sobre la casa de Elí.
  • Capítulos 4–7: la captura y el regreso del arca, la soberanía de Jehová frente a los filisteos y el servicio de Samuel.
  • Capítulos 8–12: la petición de un rey, la elección de Saúl y el llamado a servir fielmente a Jehová.
  • Capítulos 13–15: las guerras de Saúl, su desobediencia y el rechazo de su reinado.
  • Capítulos 16–20: la unción de David, su entrada al servicio de Saúl, la victoria sobre Goliat y el pacto con Jonatán.
  • Capítulos 21–26: la huida de David, la matanza de Nob, el rescate de Keila y las ocasiones en que renuncia a matar a Saúl o vengarse por su cuenta.
  • Capítulos 27–31: David en territorio filisteo, la consulta de Saúl en Endor, el rescate de Siclag y la derrota de Gilboa.

Temas que unen el libro

La autoridad de la palabra de Jehová. Samuel es reconocido como profeta porque Dios confirma su palabra (1 Samuel 3:19–21). Ni el cargo real ni el prestigio religioso dan derecho a desobedecerla. Cuando Samuel declara que obedecer es mejor que sacrificar, no desprecia la adoración que Dios ha mandado: rechaza usarla para encubrir la rebelión (15:22–29).

La soberanía de Dios y los límites del poder humano. El arca no es un medio para obligar a Jehová a conceder victoria. Los filisteos pueden capturarla, pero no dominar al Dios cuya presencia representa. Del mismo modo, tener rey no asegura por sí solo el bienestar del pueblo. Las derrotas y las victorias deben leerse dentro de sus circunstancias, sin convertirlas en una medida automática de la condición espiritual de cada individuo.

La elección y la responsabilidad. Jehová mira el corazón y escoge a David cuando los observadores atienden a la apariencia (1 Samuel 16:7–13). Esa elección no vuelve impecable al elegido. El libro muestra tanto su confianza y su disposición a recibir corrección como sus temores, engaños y decisiones violentas. Su futuro depende de la fidelidad de Jehová, no de una biografía sin fallas.

El Espíritu de Dios, la lealtad y el cuidado del débil. El Espíritu de Jehová capacita a David para la tarea que recibe (1 Samuel 16:13); el servicio no procede solo de la fuerza del gobernante. También son decisivos los vínculos de fidelidad: Jonatán fortalece a David en Dios, Abigail lo aparta de la venganza y David protege la participación de los agotados junto al Besor. La autoridad se examina tanto en el uso de la fuerza como en la disposición a escuchar, contenerse y atender a otros.

Relación con Jesucristo y el conjunto de las Escrituras

La referencia al «ungido» en el cántico de Ana y la elección de David abren una trayectoria real que continuará en la historia bíblica. En 1 Samuel 2:10, מְשִׁיחוֹ —meshijo— significa «su ungido». En su contexto habla del rey a quien Jehová da fuerza; su relación con Jesucristo se reconoce en el desarrollo posterior de la promesa, sin convertir cada acción de Saúl o de David en una predicción directa.

El Nuevo Testamento enlaza expresamente a Samuel, Saúl y David con la llegada del Salvador Jesús (Hechos 13:20–23). A Jesús le corresponde el reino sin fin anunciado en Lucas 1:30–33. Los reyes de esta historia son limitados y necesitan la misericordia de Dios; Jesucristo es nuestro Señor y único Salvador. Su muerte y resurrección fundamentan una esperanza que no depende del éxito o del fracaso de un gobernante humano (Hechos 4:10–12).

La obediencia que el libro reclama no enseña que podamos comprar la salvación por buenas obras. Somos salvos por gracia mediante la fe en Cristo, y las obras son fruto de esa gracia (Efesios 2:8–10). El Padre nos recibe por medio de su Hijo, y el Espíritu Santo nos guía como hijos de Dios conforme a su verdad (Romanos 8:14–17). Su guía no convierte toda emoción o impresión personal en una palabra divina.

Aplicación editorial: cómo responder a su enseñanza

Al leer, observa qué palabra ha recibido cada personaje, cómo responde y qué consecuencias alcanza su decisión. Puedes reconocer la gratitud de Ana sin exigir que toda oración por un hijo tenga el mismo desenlace; admirar la confianza de David sin justificar sus engaños; y lamentar la muerte de Saúl sin borrar la gravedad de su desobediencia. El relato te llama a escuchar a Dios con humildad y a mirar a Jesucristo como el Rey fiel en quien descansa tu esperanza.

David y Jonatán buscan aclarar el peligro

David huyó de Naiot de Ramá, fue a ver a Jonatán y le dijo: «¿Qué he hecho? ¿Cuál es mi culpa? ¿Qué pecado he cometido contra tu padre, para que busque quitarme la vida?». Él le respondió: «¡De ningún modo! No morirás. Mi padre no hace nada, grande ni pequeño, sin comunicármelo. ¿Por qué habría de ocultarme este asunto? No puede ser». Pero David volvió a jurar y dijo: «Tu padre sabe muy bien que he encontrado favor ante ti, y piensa: “Que Jonatán no se entere, para que no se entristezca”. Pero ¡vive el SEÑOR y vives tú, que solo hay un paso entre la muerte y yo!». Jonatán le dijo a David: «Haré por ti lo que desees». David le respondió a Jonatán: «Mañana es luna nueva, y yo debo sentarme a comer con el rey. Déjame ir para esconderme en el campo hasta la tarde del tercer día. Si tu padre nota mi ausencia, dile: “David me pidió con insistencia que lo dejara ir de prisa a Belén, su ciudad, porque toda su familia celebra allí el sacrificio anual”. Si dice: “Está bien”, tu servidor estará a salvo. Pero si se enfurece, sabrás que está decidido a hacerme daño. Trata con amor fiel a tu servidor, porque tú lo has unido contigo en un pacto ante el SEÑOR. Si hay culpa en mí, mátame tú mismo. ¿Para qué llevarme a tu padre?». Jonatán respondió: «¡Eso jamás te sucederá! Si yo supiera que mi padre está decidido a hacerte daño, ¿no te lo comunicaría?». David le preguntó a Jonatán: «¿Quién me avisará si tu padre te responde con dureza?». Jonatán le dijo a David: «Ven, salgamos al campo». Y ambos salieron al campo.

Un pacto de lealtad ante el SEÑOR

Jonatán le dijo a David: «¡El SEÑOR, Dios de Israel, sea testigo! Mañana o pasado mañana, a esta hora, sondearé a mi padre. Si hay buena disposición hacia David, ¿no enviaré a alguien para comunicártelo? Pero si mi padre decide hacerte daño, que el SEÑOR castigue a Jonatán con toda severidad si no te lo comunico y te dejo ir para que te vayas en paz. Que el SEÑOR esté contigo como estuvo con mi padre. Mientras yo viva, muéstrame el amor fiel del SEÑOR, para que no muera. No retires nunca tu amor fiel de mi familia, ni siquiera cuando el SEÑOR elimine de la faz de la tierra a todos los enemigos de David». Así Jonatán hizo un pacto con la familia de David, diciendo: «Que el SEÑOR les pida cuentas a los enemigos de David». Jonatán hizo que David volviera a jurar por el amor que le tenía, pues lo amaba como a sí mismo.

La señal acordada con las flechas

Luego Jonatán le dijo: «Mañana es luna nueva y notarán tu ausencia, porque tu asiento estará vacío. Al tercer día baja hasta el lugar donde te escondiste cuando ocurrió aquel asunto, y quédate junto a la piedra de Ezel. Yo dispararé tres flechas a un lado de ella, como si tirara al blanco. Después enviaré al muchacho y le diré: “Ve a buscar las flechas”. Si le digo: “Las flechas están más acá de ti; recógelas”, ven, porque estarás a salvo y no habrá peligro. ¡Vive el SEÑOR! Pero si le digo al muchacho: “Las flechas están más allá de ti”, vete, porque el SEÑOR te hace partir. En cuanto a lo que hemos hablado tú y yo, el SEÑOR será testigo entre nosotros para siempre».

La reacción de Saúl durante la comida

David se escondió en el campo. Cuando llegó la luna nueva, el rey se sentó a comer. El rey ocupó su asiento de siempre, junto a la pared. Jonatán se levantó y Abner se sentó al lado de Saúl, pero el lugar de David quedó vacío. Saúl no dijo nada aquel día, porque pensó: «Le habrá ocurrido algo y no estará puro. Seguramente no está puro». Al día siguiente, el segundo día de la luna nueva, el lugar de David seguía vacío. Saúl le preguntó a su hijo Jonatán: «¿Por qué el hijo de Isaí no ha venido a comer ni ayer ni hoy?». Jonatán le respondió a Saúl: «David me pidió con insistencia que lo dejara ir a Belén. Me dijo: “Por favor, déjame ir, porque nuestra familia celebra un sacrificio en la ciudad y mi hermano me ha ordenado asistir. Si he encontrado favor ante ti, déjame ir a ver a mis hermanos”. Por eso no ha venido a la mesa del rey». Saúl se enfureció contra Jonatán y le dijo: «¡Hijo de mujer perversa y rebelde! ¿Acaso no sé que has escogido al hijo de Isaí para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre? Mientras el hijo de Isaí viva sobre la tierra, ni tú ni tu reino estarán seguros. Ahora manda a buscarlo y tráemelo, porque merece morir». Jonatán le respondió a su padre Saúl: «¿Por qué tiene que morir? ¿Qué ha hecho?». Saúl le arrojó la lanza para herirlo. Entonces Jonatán comprendió que su padre estaba decidido a matar a David. Jonatán se levantó de la mesa enfurecido y no comió aquel segundo día de la luna nueva. Estaba afligido por David, porque su padre lo había humillado.

Jonatán comunica el peligro y se despide de David

Por la mañana, Jonatán salió al campo a la hora acordada con David, acompañado de un muchachito. Le dijo al muchacho: «Corre y busca las flechas que voy a disparar». El muchacho corrió, y Jonatán disparó una flecha para que pasara más allá de él. Cuando el muchacho llegó al lugar de la flecha que Jonatán había disparado, Jonatán gritó tras él: «¿No está la flecha más allá de ti?». Jonatán volvió a gritar tras el muchacho: «¡Rápido, date prisa, no te detengas!». El muchacho de Jonatán recogió las flechas y regresó a su señor. El muchacho no sabía nada. Solo Jonatán y David sabían de qué se trataba. Jonatán le dio sus armas al muchacho que lo acompañaba y le dijo: «Ve y llévalas a la ciudad». Cuando el muchacho se fue, David se levantó del lado sur, cayó rostro en tierra y se inclinó tres veces. Se besaron el uno al otro y lloraron juntos, aunque David lloró más. Jonatán le dijo a David: «Ve en paz, porque los dos hemos jurado en el nombre del SEÑOR, diciendo: “El SEÑOR será testigo entre nosotros y entre mi descendencia y la tuya para siempre”». Después David se levantó y se fue, y Jonatán entró en la ciudad.

Derechos y atribución

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.