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Éxodo 38

NTBT-2026-11-07

Introducción a Éxodo

Éxodo cuenta cómo Dios libera de la esclavitud a los descendientes de Jacob, los recibe como pueblo del pacto y establece su presencia en medio de ellos. La salida de Egipto conduce hacia una relación: el Dios que los rescata los llama a conocerlo, escuchar su palabra y vivir como su pueblo.

El libro comienza con familias sometidas al poder del faraón y termina con la gloria de Jehová llenando el tabernáculo. Entre esos dos escenarios aparecen el llamamiento de Moisés, los juicios sobre Egipto, la Pascua, el paso del mar, el camino por el desierto y el encuentro del Sinaí. El título «Éxodo» significa «salida»; el nombre hebreo Shemot, «nombres», procede de sus primeras palabras y recuerda su continuidad con la familia de Génesis.

Autoría y marco histórico

Éxodo pertenece al Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio libro le atribuye actividades de escritura: registra un acontecimiento para su memoria, escribe las palabras del pacto y recibe el mandato de escribir las instrucciones de Dios. Estos datos fundamentan su papel en la transmisión de la enseñanza. El relato de su vida, presentado principalmente en tercera persona, no incluye una declaración de que él redactara personalmente cada línea de la forma final del libro.

El libro no proporciona un año de composición ni nombra a los faraones de la opresión y de la salida. Sitúa los acontecimientos después de la estancia de los patriarcas en Egipto y antes de la entrada de Israel en Canaán. 1 Reyes 6:1 relaciona la salida con el comienzo del templo, cuatrocientos ochenta años después, en el cuarto año de Salomón. La identificación de los reyes egipcios y la conversión de esos datos a una cronología absoluta requieren un estudio conjunto; el nombre de una ciudad por sí solo no identifica al faraón.

Destinatarios y propósito

Las instrucciones se dirigen a Israel como comunidad liberada y deben transmitirse a sus descendientes. La memoria de la Pascua, las palabras del pacto y las disposiciones para el culto explican quién es su Dios y cómo debe vivir el pueblo que le pertenece. El relato une la historia de los antepasados con una identidad que las nuevas generaciones necesitan conocer.

La liberación está fundada en la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Israel recibe la ley después de haber sido sacado de la esclavitud. La obediencia responde al rescate y ordena la vida de la comunidad; no aparece como el precio con el que consiguió que Dios comenzara a amarla. Esa gracia tampoco vuelve indiferente su conducta: el becerro de oro mostrará la gravedad de apartarse del Dios que la ha liberado.

Forma literaria

La narración enlaza acontecimientos, diálogos y discursos de Dios. En su interior aparecen genealogías, el cántico de victoria, mandamientos, disposiciones para resolver conflictos y descripciones detalladas del santuario. Cada forma cumple una función: la poesía celebra la liberación; la ley ordena la vida bajo el pacto; las instrucciones del tabernáculo muestran cómo debe prepararse el lugar del encuentro con Dios.

Los capítulos sobre la construcción retoman muchas instrucciones anteriores. Esa repetición permite comparar lo mandado con lo realizado y destacar la obediencia en la preparación del santuario. El conjunto avanza desde el servicio forzado al faraón hacia el servicio a Jehová.

Cómo avanza el libro

  • Éxodo 1–2: opresión de Israel, preservación de Moisés y clamor del pueblo.
  • Éxodo 3:1–7:7: llamamiento, regreso a Egipto, primeras respuestas del faraón y reafirmación de la promesa.
  • Éxodo 7:8–13:16: señales y juicios, Pascua, salida de Egipto y memoria de la liberación.
  • Éxodo 13:17–18:27: paso del mar, cántico, necesidades y conflictos durante el camino, y encuentro con Jetro.
  • Éxodo 19–24: encuentro en el Sinaí, palabras de Dios, disposiciones del pacto y su celebración.
  • Éxodo 25–31: instrucciones para el santuario, sus servidores y el día de reposo.
  • Éxodo 32–34: becerro de oro, intercesión de Moisés y renovación del pacto.
  • Éxodo 35–40: ofrendas y construcción del tabernáculo, que termina lleno de la gloria de Jehová.

Temas que debes seguir

El conocimiento de Dios. Jehová da a conocer su nombre, su fidelidad y su autoridad. Sus acciones responden al poder del faraón y a la pregunta de quién debe ser obedecido. Al revelar su carácter, une compasión, paciencia, perdón y justicia; la misericordia no significa que el pecado carezca de consecuencias.

El rescate y la pertenencia. Dios saca a Israel de las cargas de Egipto para recibirlo como pueblo suyo. El movimiento llega a su expresión en el Sinaí: los ha traído a sí mismo y los llama a ser una nación santa. La libertad tiene una dirección de culto y obediencia.

La memoria y la vida del prójimo. Haber sido extranjeros y esclavos debe influir en el trato al débil. El pacto abarca la adoración, pero también el trabajo, la justicia y el cuidado de personas vulnerables. El pueblo rescatado debe recordar de dónde lo sacó Dios cuando ejerza poder sobre otro.

La presencia y la mediación. La cercanía del Dios santo requiere atención a su palabra. Moisés comunica, intercede y guía; el santuario hace visible la importancia de que Jehová vaya con su pueblo. La crisis del becerro pone en peligro esa relación y conduce al ruego por perdón y presencia.

Éxodo y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma la liberación de Egipto para explicar la obra de Cristo. Pablo llama a Jesucristo «nuestra Pascua» y relaciona su sacrificio con una vida de sinceridad y verdad. Jesús habla de su sangre del pacto para el perdón de los pecados. La salvación cristiana se funda en él, nuestro Señor y único Salvador.

Hebreos reconoce la fidelidad de Moisés como servidor y presenta a Cristo como el Hijo sobre la casa de Dios. También desarrolla la relación entre el santuario, la mediación y el sacrificio de Jesús, que obtiene redención eterna y purifica la conciencia para servir al Dios vivo. Estas conexiones tienen fundamento explícito en el Nuevo Testamento; cada detalle del mobiliario conserva además su función en el relato y en el culto de Israel.

La memoria de Israel también advierte al lector cristiano. Pablo recuerda que haber participado en los beneficios del camino no impidió que muchos cayeran en idolatría y desobediencia. La respuesta a la gracia requiere una fe que escucha a Dios, sin convertir la pertenencia comunitaria en una seguridad para persistir en el pecado.

Orientación para tu lectura

Sigue lo que Dios promete, lo que el faraón responde y lo que el pueblo aprende. Distingue los mandatos dados a Israel bajo el pacto del Sinaí de su relación con el nuevo pacto en Cristo. Cuando una instrucción trate de una institución o costumbre antigua, comienza por su destinatario y su función antes de desarrollar una aplicación.

Al llegar al final, recuerda el cambio respecto del comienzo: el pueblo sigue en camino, pero ya no sirve bajo las cargas del faraón. La gloria de Jehová llena el tabernáculo y su presencia guía las jornadas. El libro deja abierta la continuación del viaje y afirma quién acompaña a Israel.

Relaciones bíblicas

El altar del holocausto

Hizo el altar del holocausto de madera de acacia. Era cuadrado; medía aproximadamente dos metros con treinta centímetros de largo, dos metros con treinta centímetros de ancho y un metro con cuarenta centímetros de alto. Hizo sus cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos formaban una sola pieza con él. Lo recubrió de cobre. Hizo todos los utensilios del altar: los recipientes, las palas, los tazones, los garfios y los braseros. Hizo de cobre todos sus utensilios. Hizo para el altar una rejilla de cobre en forma de red, debajo de su reborde, por la parte inferior, hasta la mitad del altar. Fundió cuatro anillos para los cuatro extremos de la rejilla de cobre, como soportes para las varas. Hizo las varas de madera de acacia y las recubrió de cobre. Metió las varas por los anillos de los costados del altar, para transportarlo con ellas. Lo hizo hueco, de tablas.

La pila para el lavado sacerdotal

Hizo la pila de cobre y su base de cobre con los espejos de las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión.

El atrio del tabernáculo

Hizo el atrio. Para el lado sur, las cortinas del atrio eran de lino fino de hilos retorcidos y medían unos cuarenta y seis metros. Sus columnas eran veinte, y sus veinte bases eran de cobre. Los ganchos de las columnas y sus abrazaderas eran de plata. Para el lado norte, las cortinas medían unos cuarenta y seis metros; sus columnas eran veinte, y sus veinte bases eran de cobre. Los ganchos de las columnas y sus abrazaderas eran de plata. Para el lado occidental había cortinas de unos veintitrés metros, con sus diez columnas y sus diez bases. Los ganchos de las columnas y sus abrazaderas eran de plata. El lado oriental, hacia la salida del sol, medía unos veintitrés metros. A un lado había cortinas de unos seis metros con noventa centímetros, con sus tres columnas y sus tres bases. Al otro lado, a uno y otro lado de la entrada del atrio, había cortinas de unos seis metros con noventa centímetros, con sus tres columnas y sus tres bases. Todas las cortinas que rodeaban el atrio eran de lino fino de hilos retorcidos. Las bases de las columnas eran de cobre; los ganchos de las columnas y sus abrazaderas eran de plata, y sus capiteles estaban recubiertos de plata. Todas las columnas del atrio llevaban abrazaderas de plata. La cortina de la entrada del atrio era trabajo de bordador, de hilo azul, púrpura y escarlata, y de lino fino de hilos retorcidos. Medía aproximadamente nueve metros con veinte centímetros de largo y dos metros con treinta centímetros de alto, a la misma altura que las cortinas del atrio. Sus columnas eran cuatro, y sus cuatro bases eran de cobre. Sus ganchos eran de plata, sus capiteles estaban recubiertos de plata y sus abrazaderas eran de plata. Todas las estacas del tabernáculo y las que rodeaban el atrio eran de cobre.

Las cuentas del tabernáculo

Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del Testimonio, hechas por orden de Moisés. Fue trabajo de los levitas bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todo lo que el SEÑOR había mandado a Moisés. Con él estaba Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artesano, diseñador y bordador en hilo azul, púrpura y escarlata, y en lino fino.

Metales usados en el santuario

Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, el oro de la ofrenda mecida, sumaba aproximadamente novecientos noventa y cuatro kilos, según el siclo del santuario. La plata de los empadronados de la comunidad sumaba aproximadamente tres mil cuatrocientos veinte kilos, según el siclo del santuario. La aportación por persona fue de unos seis gramos de plata —un becá, es decir, medio siclo, según el siclo del santuario—, por cada uno de los empadronados de veinte años en adelante: seiscientos tres mil quinientos cincuenta. Para fundir las bases del santuario y las bases del velo se emplearon unos tres mil cuatrocientos kilos de plata: cien bases con esos tres mil cuatrocientos kilos, unos treinta y cuatro kilos por base. Con los aproximadamente veinte kilos restantes hizo los ganchos de las columnas, recubrió sus capiteles y les puso abrazaderas. El cobre de la ofrenda mecida sumaba aproximadamente dos mil cuatrocientos siete kilos. Con él hizo las bases de la entrada de la tienda de reunión, el altar de cobre, su rejilla de cobre y todos los utensilios del altar; las bases que rodeaban el atrio, las bases de la entrada del atrio, todas las estacas del tabernáculo y todas las estacas que rodeaban el atrio.

Derechos y atribución

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