Nueva Traducción BibliaTodo

Génesis 34

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

La agresión contra Dina y sus consecuencias

Dina, la hija que Lea había dado a Jacob, salió a visitar a las jóvenes de aquella tierra. Siquem, hijo de Hamor el heveo, príncipe de aquella tierra, la vio, la tomó por la fuerza y la violó. Su alma se apegó a Dina, la hija de Jacob; se enamoró de la joven y le habló con ternura. Siquem le dijo a Hamor, su padre: «Consígueme a esta joven por esposa». Jacob oyó que Siquem había deshonrado a Dina, su hija. Sus hijos estaban en el campo con el ganado, y Jacob guardó silencio hasta que regresaran.

La propuesta de Hamor y Siquem

Hamor, el padre de Siquem, fue a hablar con Jacob. Los hijos de Jacob volvieron del campo cuando se enteraron. Estaban afligidos y muy enojados, porque Siquem había cometido una infamia en Israel al acostarse con la hija de Jacob, algo que no debía hacerse. Hamor habló con ellos y dijo: «El alma de mi hijo Siquem anhela a su hija. Les ruego que se la den por esposa. Emparenten con nosotros: dennos sus hijas y tomen para ustedes nuestras hijas. Vivan con nosotros; la tierra estará a su disposición. Establézcanse, comercien en ella y adquieran propiedades». Siquem le dijo al padre y a los hermanos de ella: «Permítanme hallar favor ante ustedes. Les daré cuanto me pidan. Exíjanme una dote y regalos tan grandes como quieran; daré cuanto me pidan. Solo denme a la joven por esposa».

El engaño con la circuncisión

Los hijos de Jacob respondieron con engaño a Siquem y a Hamor, su padre, porque Siquem había deshonrado a Dina, su hermana. Les dijeron: «No podemos hacer esto: dar a nuestra hermana a un hombre incircunciso. Sería una vergüenza para nosotros. Solo aceptaremos si se hacen como nosotros, circuncidándose todos los varones de ustedes. Entonces les daremos nuestras hijas y tomaremos las de ustedes. Viviremos con ustedes y seremos un solo pueblo. Pero si no nos escuchan y no se circuncidan, tomaremos a nuestra hija y nos iremos». Sus palabras parecieron bien a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor. El joven no tardó en hacerlo, porque deseaba a la hija de Jacob. Él era el más respetado de toda la casa de su padre.

La decisión de la ciudad

Hamor y Siquem, su hijo, fueron a la puerta de su ciudad y hablaron con los hombres de la ciudad: «Estos hombres son pacíficos con nosotros. Que vivan en esta tierra y comercien en ella, pues hay espacio suficiente para ellos. Tomaremos a sus hijas por esposas y les daremos las nuestras. Pero estos hombres solo aceptarán vivir con nosotros y formar un solo pueblo si todos nuestros varones se circuncidan, como ellos están circuncidados. ¿No serán nuestros su ganado, sus bienes y todos sus animales? Solo aceptemos su condición, y vivirán con nosotros». Todos los que salían por la puerta de su ciudad escucharon a Hamor y a Siquem, su hijo. Todos los varones, todos los que salían por la puerta de su ciudad, fueron circuncidados.

La matanza y el saqueo de Siquem

Al tercer día, cuando estaban doloridos, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, atacaron la ciudad desprevenida y mataron a todos los varones. Mataron a filo de espada a Hamor y a Siquem, su hijo. Sacaron a Dina de la casa de Siquem y se fueron. Los hijos de Jacob llegaron donde estaban los muertos y saquearon la ciudad, porque habían deshonrado a su hermana. Se llevaron sus ovejas, su ganado vacuno, sus asnos y lo que había en la ciudad y en el campo. Se llevaron todas sus riquezas, tomaron cautivos a todos sus niños y a sus mujeres, y saquearon todo lo que había en las casas.

El reproche de Jacob

Jacob les dijo a Simeón y a Leví: «Me han causado problemas al hacerme odioso a los habitantes de esta tierra, los cananeos y los ferezeos. Yo tengo pocos hombres; se reunirán contra mí, me atacarán y seremos destruidos, yo y mi casa». Ellos respondieron: «¿Acaso él podía tratar a nuestra hermana como a una prostituta?».

Derechos y atribución

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.