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Romanos 4

NTBT-2026-11-07

Romanos: la justicia de Dios y la vida que nace del evangelio

Romanos anuncia cómo Dios salva por medio de Jesucristo a personas culpables y reúne en un mismo pueblo a judíos y gentiles. La carta conduce desde la necesidad universal de misericordia hasta una vida de adoración, esperanza y amor, sostenida por el Espíritu Santo.

Autor y situación de la carta

Pablo se presenta como siervo de Cristo Jesús y apóstol llamado por Dios. Al final, Tercio se identifica como quien escribió materialmente la carta; esta colaboración no cambia la identidad de quien habla y dirige su argumento (Romanos 1:1; Romanos 16:22). Pablo todavía no había visitado a los creyentes de Roma. Deseaba conocerlos, servirlos y recibir su ayuda para continuar hacia España. Su relación con ellos no era la de fundador que regresaba a su propia comunidad, aunque conocía a muchas personas a las que saluda.

La carta no indica un año. Su situación se ubica antes del viaje a Jerusalén con la ayuda de Macedonia y Acaya, y antes de la llegada de Pablo a Roma narrada al final de Hechos (Romanos 15:23–28; Hechos 28:30–31). La recomendación de Febe, vinculada a Cencrea, y el saludo de Gayo hacen verosímil un origen en la región de Corinto, durante la etapa de su ministerio en Grecia; es una reconstrucción a partir de los indicios, no una ciudad y fecha expresamente consignadas en la carta (Romanos 16:1–2; Romanos 16:23; Hechos 20:1–3). El texto permite reconocer con más seguridad esa etapa de la misión que fijar un año exacto.

Destinatarios y propósito

Los destinatarios son los amados de Dios en Roma, llamados a ser santos. Las alusiones a creyentes de origen gentil y la atención extensa a Israel, Abraham y la Ley muestran una comunidad para la cual la relación entre judíos y gentiles era importante. Los saludos mencionan una iglesia reunida en casa y varios grupos de hermanos; muestran una red de relaciones sin precisar dónde se reunía cada grupo (Romanos 1:6–7; Romanos 11:13; Romanos 16:3–5; Romanos 16:14–16).

Pablo expone el evangelio que predica, prepara una colaboración misionera y llama a una comunión que no convierta las diferencias de comida y observancia de días en motivos de desprecio. Estos fines se necesitan mutuamente: el Dios que justifica por la fe es el Dios de judíos y gentiles, y quienes han sido recibidos por Cristo deben recibirse entre sí (Romanos 3:27–30; Romanos 14:1–6; Romanos 15:7–13). No conocemos todos los detalles que dieron origen a cada tensión; la carta misma debe orientar la reconstrucción.

Cómo avanza el argumento

  • 1:1–17: presentación del evangelio acerca del Hijo, deseo de visitar Roma y anuncio de la justicia de Dios para todo el que cree.
  • 1:18–3:20: exposición del pecado humano. La idolatría, el juicio hipócrita y la desobediencia a la Ley impiden que alguien se declare inocente por su grupo o sus conocimientos.
  • 3:21–4:25: justificación por gracia mediante la fe en Jesucristo. Abraham ilustra que la promesa se recibe por fe y no se compra con obras.
  • 5:1–8:39: paz con Dios, contraste entre Adán y Cristo, unión con la muerte y resurrección del Señor, liberación del dominio del pecado y vida en el Espíritu, aun en medio del sufrimiento.
  • 9:1–11:36: fidelidad de Dios, misericordia, situación de Israel y participación de los gentiles. El argumento desemboca en adoración y excluye la arrogancia contra Israel.
  • 12:1–15:13: respuesta a las misericordias de Dios: mente renovada, dones para servir, amor, responsabilidad pública y acogida de los hermanos siguiendo a Cristo.
  • 15:14–16:27: misión, planes de viaje, ayuda a Jerusalén, colaboradores, advertencias y alabanza a Dios.

Claves para comprenderla

Romanos es una carta con un razonamiento sostenido. Sus preguntas y objeciones permiten escuchar cómo Pablo anticipa dificultades: no toda pregunta expresa su conclusión. Conviene seguir los conectores y leer las respuestas antes de construir una enseñanza sobre una frase aislada. Las numerosas citas de las Escrituras de Israel muestran que el evangelio cumple la promesa de Dios; no presenta a Jesucristo como una solución desconectada de la historia bíblica.

La justicia de Dios se revela al salvar de manera justa por la muerte y resurrección de su Hijo. La justificación es gratuita para quien cree; no declara bueno al pecado ni hace innecesaria la transformación. Los capítulos 6–8 muestran por qué pertenecer a Cristo cambia la relación con el pecado y cómo el Espíritu capacita para una vida nueva. Las exhortaciones posteriores se apoyan en las misericordias ya recibidas, no en un intento de obtener salvación mediante méritos (Romanos 3:21–26; Romanos 6:1–4; Romanos 8:1–4; Romanos 12:1–2).

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan sin confundirse: Dios envía a su Hijo, Cristo muere y resucita por nosotros, y el Espíritu nos da vida, adopción y ayuda en nuestra debilidad. Esta obra fundamenta una esperanza que no depende de vivir sin aflicciones. Nada creado puede separar del amor de Dios a quienes están en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 8:14–17; Romanos 8:26–39).

Aplicación editorial

Lee Romanos dispuesto a dejar que el evangelio examine tanto tu pecado visible como tu tendencia a juzgar desde una supuesta superioridad. Tu esperanza no descansa en tu procedencia, tu conocimiento ni tu desempeño, sino en Jesucristo, que murió y resucitó para salvar. Al recibir su gracia por la fe, aprende a servir con tus dones, a amar sin hipocresía y a acoger a tus hermanos para la gloria del Padre, con la guía del Espíritu Santo.

El ejemplo de Abraham

¿Qué diremos, entonces, que descubrió Abraham, nuestro antepasado según la carne? Porque, si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no ante Dios. Pues ¿qué dice la Escritura? «Abraham creyó a Dios, y le fue contado como justicia». Al que trabaja, el salario no se le cuenta como un favor, sino como una deuda. Pero al que no trabaja, sino que cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada como justicia.

David y la dicha del perdón

Así también David habla de la dicha del ser humano a quien Dios cuenta justicia aparte de las obras: «Dichosos aquellos cuyas maldades fueron perdonadas y cuyos pecados fueron cubiertos. Dichoso el hombre a quien el Señor no le tenga en cuenta el pecado».

La fe antes de la circuncisión

Entonces, ¿esta dicha es para los circuncisos o también para los incircuncisos? Porque decimos: «A Abraham la fe le fue contada como justicia». ¿Cómo le fue contada? ¿Cuando estaba circuncidado o cuando era incircunciso? No estando circuncidado, sino siendo incircunciso. Recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tuvo siendo incircunciso, para ser padre de todos los que creen sin estar circuncidados, a fin de que también a ellos se les cuente la justicia; y padre de la circuncisión para los que no solo son circuncisos, sino que también siguen las huellas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

La promesa realizada mediante la fe

Porque la promesa de que sería heredero del mundo no llegó a Abraham ni a su descendencia por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe. Si los herederos son los que proceden de la ley, la fe queda vacía y la promesa queda anulada. Porque la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por eso es por fe, para que sea conforme a la gracia y la promesa quede asegurada a toda la descendencia: no solo a la que procede de la ley, sino también a la que procede de la fe de Abraham, que es padre de todos nosotros, como está escrito: «Te he puesto por padre de muchas naciones». Lo es ante Dios, en quien creyó, el que da vida a los muertos y llama a las cosas que no existen como si existieran.

Abraham confía en el Dios que cumple

Contra toda esperanza, creyó con esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia». Sin debilitarse en la fe, consideró su propio cuerpo, ya como muerto, pues tenía unos cien años, y la falta de vida del vientre de Sara. No vaciló por incredulidad ante la promesa de Dios, sino que fue fortalecido en la fe, dando gloria a Dios y plenamente convencido de que él podía también cumplir lo que había prometido. Por eso le fue contado como justicia.

La resurrección de Jesús y nuestra justificación

Pero no solo por él se escribió que le fue contado, sino también por nosotros, a quienes se nos contará: a los que creemos en aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor, que fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.

Derechos y atribución

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