Nueva Traducción BibliaTodo

1 Samuel 28

NTBT-2026-11-07

1 Samuel: la palabra de Dios y el comienzo de la monarquía

El primer libro de Samuel narra el nacimiento y el ministerio de Samuel, el establecimiento del reinado de Saúl y la elección de David. Desde la oración de Ana hasta el duelo por Saúl en Gilboa, el libro muestra que la vida de Israel no puede sostenerse mediante la apariencia, el poder militar o una institución religiosa separados de la palabra de Jehová.

Contexto y propósito

La historia se sitúa en la transición desde el período de los jueces hacia la monarquía. Israel afronta la presión de los filisteos, la corrupción de dirigentes religiosos y la dificultad de permanecer fiel a Jehová. Samuel sirve como profeta y juez; el pueblo pide un rey, Saúl recibe ese cargo y David es ungido antes de llegar a ocupar el trono. La narración termina con la muerte de Saúl, no con la coronación de David.

El libro forma la memoria de Israel acerca de sus dirigentes y de su relación con Dios. No identifica una primera comunidad receptora con localidad y fecha precisas. Su propósito se reconoce en el relato: enseñar que tanto el pueblo como su rey deben escuchar a Jehová. La petición de un rey contiene un rechazo del gobierno divino, pero Dios no abandona por ello su propósito con su pueblo (1 Samuel 8:4–9; 12:19–25).

Nombre, autoría y fecha

El nombre del libro corresponde al papel decisivo de Samuel en esta transición. No equivale a una declaración de que él haya redactado toda la obra: su muerte se cuenta en 1 Samuel 25:1, antes de varios acontecimientos que siguen narrándose. El texto no nombra a su redactor final ni ofrece una fecha de composición. Conviene distinguir el tiempo de los sucesos del momento posterior en que fueron recogidos en su forma transmitida.

La tradición bíblica conoce registros proféticos de los hechos de David asociados a Samuel, Natán y Gad (1 Crónicas 29:29–30). Ese dato confirma la importancia del testimonio profético en la memoria del reino, pero no permite asignar con exactitud cada capítulo de Samuel a uno de esos nombres. El libro conserva expresiones retrospectivas y mira hacia las consecuencias de los sucesos; tales indicios no bastan para fijar un año único ni una reconstrucción completa de su composición.

Forma literaria y movimiento del relato

Predomina la narración histórica que interpreta los acontecimientos a la luz de la relación de Israel con Jehová. Incluye oraciones, poesía, discursos, anuncios proféticos y diálogos. El cántico de Ana presenta desde el comienzo al Dios que humilla al poderoso y levanta al necesitado, y abre la mirada hacia su rey y su ungido (1 Samuel 2:1–10). Ese horizonte ayuda a comprender los cambios de posición que atravesarán las familias, los sacerdotes y los gobernantes.

El relato distingue lo que Jehová anuncia, lo que el narrador informa y lo que los personajes piensan o afirman. Saúl puede interpretar una circunstancia como favorable y estar equivocado; Aquis puede elogiar a David sin conocer sus engaños. Los episodios alternan a veces entre escenarios de una misma crisis, especialmente al final. Reconocer esas voces y movimientos evita convertir cada opinión o cada acción narrada en una norma aprobada por Dios.

Bosquejo

  • Capítulos 1–3: la oración de Ana, el crecimiento de Samuel y el juicio sobre la casa de Elí.
  • Capítulos 4–7: la captura y el regreso del arca, la soberanía de Jehová frente a los filisteos y el servicio de Samuel.
  • Capítulos 8–12: la petición de un rey, la elección de Saúl y el llamado a servir fielmente a Jehová.
  • Capítulos 13–15: las guerras de Saúl, su desobediencia y el rechazo de su reinado.
  • Capítulos 16–20: la unción de David, su entrada al servicio de Saúl, la victoria sobre Goliat y el pacto con Jonatán.
  • Capítulos 21–26: la huida de David, la matanza de Nob, el rescate de Keila y las ocasiones en que renuncia a matar a Saúl o vengarse por su cuenta.
  • Capítulos 27–31: David en territorio filisteo, la consulta de Saúl en Endor, el rescate de Siclag y la derrota de Gilboa.

Temas que unen el libro

La autoridad de la palabra de Jehová. Samuel es reconocido como profeta porque Dios confirma su palabra (1 Samuel 3:19–21). Ni el cargo real ni el prestigio religioso dan derecho a desobedecerla. Cuando Samuel declara que obedecer es mejor que sacrificar, no desprecia la adoración que Dios ha mandado: rechaza usarla para encubrir la rebelión (15:22–29).

La soberanía de Dios y los límites del poder humano. El arca no es un medio para obligar a Jehová a conceder victoria. Los filisteos pueden capturarla, pero no dominar al Dios cuya presencia representa. Del mismo modo, tener rey no asegura por sí solo el bienestar del pueblo. Las derrotas y las victorias deben leerse dentro de sus circunstancias, sin convertirlas en una medida automática de la condición espiritual de cada individuo.

La elección y la responsabilidad. Jehová mira el corazón y escoge a David cuando los observadores atienden a la apariencia (1 Samuel 16:7–13). Esa elección no vuelve impecable al elegido. El libro muestra tanto su confianza y su disposición a recibir corrección como sus temores, engaños y decisiones violentas. Su futuro depende de la fidelidad de Jehová, no de una biografía sin fallas.

El Espíritu de Dios, la lealtad y el cuidado del débil. El Espíritu de Jehová capacita a David para la tarea que recibe (1 Samuel 16:13); el servicio no procede solo de la fuerza del gobernante. También son decisivos los vínculos de fidelidad: Jonatán fortalece a David en Dios, Abigail lo aparta de la venganza y David protege la participación de los agotados junto al Besor. La autoridad se examina tanto en el uso de la fuerza como en la disposición a escuchar, contenerse y atender a otros.

Relación con Jesucristo y el conjunto de las Escrituras

La referencia al «ungido» en el cántico de Ana y la elección de David abren una trayectoria real que continuará en la historia bíblica. En 1 Samuel 2:10, מְשִׁיחוֹ —meshijo— significa «su ungido». En su contexto habla del rey a quien Jehová da fuerza; su relación con Jesucristo se reconoce en el desarrollo posterior de la promesa, sin convertir cada acción de Saúl o de David en una predicción directa.

El Nuevo Testamento enlaza expresamente a Samuel, Saúl y David con la llegada del Salvador Jesús (Hechos 13:20–23). A Jesús le corresponde el reino sin fin anunciado en Lucas 1:30–33. Los reyes de esta historia son limitados y necesitan la misericordia de Dios; Jesucristo es nuestro Señor y único Salvador. Su muerte y resurrección fundamentan una esperanza que no depende del éxito o del fracaso de un gobernante humano (Hechos 4:10–12).

La obediencia que el libro reclama no enseña que podamos comprar la salvación por buenas obras. Somos salvos por gracia mediante la fe en Cristo, y las obras son fruto de esa gracia (Efesios 2:8–10). El Padre nos recibe por medio de su Hijo, y el Espíritu Santo nos guía como hijos de Dios conforme a su verdad (Romanos 8:14–17). Su guía no convierte toda emoción o impresión personal en una palabra divina.

Aplicación editorial: cómo responder a su enseñanza

Al leer, observa qué palabra ha recibido cada personaje, cómo responde y qué consecuencias alcanza su decisión. Puedes reconocer la gratitud de Ana sin exigir que toda oración por un hijo tenga el mismo desenlace; admirar la confianza de David sin justificar sus engaños; y lamentar la muerte de Saúl sin borrar la gravedad de su desobediencia. El relato te llama a escuchar a Dios con humildad y a mirar a Jesucristo como el Rey fiel en quien descansa tu esperanza.

Aquis exige que David salga con él contra Israel

En aquellos días los filisteos reunieron sus tropas para combatir contra Israel. Aquis le dijo a David: «Ten por seguro que tú y tus hombres saldrán conmigo a la campaña». David le respondió a Aquis: «Entonces tú sabrás lo que hará tu servidor». Aquis le dijo: «Por eso te haré guardián de mi persona para siempre».

Saúl busca a una médium en Endor

Samuel ya había muerto. Todo Israel había hecho duelo por él y lo había sepultado en Ramá, su ciudad. Saúl había expulsado del país a los médiums y a los adivinos. Los filisteos se reunieron y fueron a acampar en Sunem. Saúl reunió a todo Israel y acamparon en Gilboa. Cuando Saúl vio el campamento filisteo, tuvo miedo y su corazón tembló mucho. Saúl consultó al SEÑOR, pero el SEÑOR no le respondió ni por sueños, ni por el Urim, ni por los profetas. Entonces Saúl les dijo a sus servidores: «Búsquenme una mujer que consulte a los muertos, para ir a consultarla». Sus servidores le respondieron: «En Endor hay una mujer que consulta a los muertos». Saúl se disfrazó, se puso otra ropa y fue con dos hombres. Llegaron de noche a donde estaba la mujer. Él dijo: «Te ruego que adivines para mí por medio de un espíritu y hagas subir al que yo te diga». La mujer le respondió: «Tú sabes lo que ha hecho Saúl: ha eliminado del país a los médiums y a los adivinos. ¿Por qué tiendes una trampa contra mi vida para hacerme morir?». Saúl le juró por el SEÑOR: «¡Vive el SEÑOR, que no recibirás castigo por este asunto!». La mujer preguntó: «¿A quién debo hacer subir para ti?». Él respondió: «Haz subir a Samuel».

Samuel reafirma el juicio anunciado contra Saúl

Cuando la mujer vio a Samuel, lanzó un fuerte grito y le dijo a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!». El rey le dijo: «No tengas miedo. ¿Qué has visto?». La mujer le respondió a Saúl: «He visto dioses que suben de la tierra». Él le preguntó: «¿Qué aspecto tiene?». Ella respondió: «Sube un anciano envuelto en un manto». Saúl comprendió que era Samuel, se inclinó rostro en tierra y se postró. Samuel le dijo a Saúl: «¿Por qué me has perturbado haciéndome subir?». Saúl respondió: «Estoy muy angustiado. Los filisteos combaten contra mí y Dios se ha apartado de mí. Ya no me responde ni por medio de los profetas ni por sueños. Por eso te he llamado, para que me digas qué debo hacer». Samuel dijo: «¿Por qué me preguntas a mí, si el SEÑOR se ha apartado de ti y se ha convertido en tu adversario? El SEÑOR ha hecho para sí lo que anunció por medio de mí. El SEÑOR ha arrancado el reino de tus manos y se lo ha dado a tu prójimo, a David. Como no obedeciste la voz del SEÑOR ni ejecutaste su ardiente ira contra Amalec, el SEÑOR te ha hecho esto hoy. El SEÑOR entregará también a Israel junto contigo en manos de los filisteos. Mañana tú y tus hijos estarán conmigo. El SEÑOR entregará también el ejército de Israel en manos de los filisteos».

Saúl recibe alimento antes de partir

Saúl cayó de inmediato al suelo cuan largo era. Tenía mucho miedo por las palabras de Samuel, y además estaba sin fuerzas, porque no había comido nada durante todo el día y toda la noche. La mujer se acercó a Saúl y, al verlo tan aterrorizado, le dijo: «Tu sierva ha escuchado tu voz. He arriesgado mi vida y he obedecido las palabras que me dijiste. Ahora te ruego que tú también escuches a tu sierva. Déjame ponerte delante un poco de pan. Come para que tengas fuerzas cuando sigas tu camino». Él se negó y dijo: «No comeré». Pero sus servidores y la mujer insistieron, y él los escuchó. Se levantó del suelo y se sentó en la cama. La mujer tenía en su casa un ternero engordado y se apresuró a matarlo. Tomó harina, la amasó y coció panes sin levadura. Se los sirvió a Saúl y a sus servidores, y ellos comieron. Después se levantaron y se fueron aquella misma noche.

Direitos e atribuição

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.