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Éxodo 28

NTBT-2026-11-07

Introducción a Éxodo

Éxodo cuenta cómo Dios libera de la esclavitud a los descendientes de Jacob, los recibe como pueblo del pacto y establece su presencia en medio de ellos. La salida de Egipto conduce hacia una relación: el Dios que los rescata los llama a conocerlo, escuchar su palabra y vivir como su pueblo.

El libro comienza con familias sometidas al poder del faraón y termina con la gloria de Jehová llenando el tabernáculo. Entre esos dos escenarios aparecen el llamamiento de Moisés, los juicios sobre Egipto, la Pascua, el paso del mar, el camino por el desierto y el encuentro del Sinaí. El título «Éxodo» significa «salida»; el nombre hebreo Shemot, «nombres», procede de sus primeras palabras y recuerda su continuidad con la familia de Génesis.

Autoría y marco histórico

Éxodo pertenece al Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio libro le atribuye actividades de escritura: registra un acontecimiento para su memoria, escribe las palabras del pacto y recibe el mandato de escribir las instrucciones de Dios. Estos datos fundamentan su papel en la transmisión de la enseñanza. El relato de su vida, presentado principalmente en tercera persona, no incluye una declaración de que él redactara personalmente cada línea de la forma final del libro.

El libro no proporciona un año de composición ni nombra a los faraones de la opresión y de la salida. Sitúa los acontecimientos después de la estancia de los patriarcas en Egipto y antes de la entrada de Israel en Canaán. 1 Reyes 6:1 relaciona la salida con el comienzo del templo, cuatrocientos ochenta años después, en el cuarto año de Salomón. La identificación de los reyes egipcios y la conversión de esos datos a una cronología absoluta requieren un estudio conjunto; el nombre de una ciudad por sí solo no identifica al faraón.

Destinatarios y propósito

Las instrucciones se dirigen a Israel como comunidad liberada y deben transmitirse a sus descendientes. La memoria de la Pascua, las palabras del pacto y las disposiciones para el culto explican quién es su Dios y cómo debe vivir el pueblo que le pertenece. El relato une la historia de los antepasados con una identidad que las nuevas generaciones necesitan conocer.

La liberación está fundada en la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Israel recibe la ley después de haber sido sacado de la esclavitud. La obediencia responde al rescate y ordena la vida de la comunidad; no aparece como el precio con el que consiguió que Dios comenzara a amarla. Esa gracia tampoco vuelve indiferente su conducta: el becerro de oro mostrará la gravedad de apartarse del Dios que la ha liberado.

Forma literaria

La narración enlaza acontecimientos, diálogos y discursos de Dios. En su interior aparecen genealogías, el cántico de victoria, mandamientos, disposiciones para resolver conflictos y descripciones detalladas del santuario. Cada forma cumple una función: la poesía celebra la liberación; la ley ordena la vida bajo el pacto; las instrucciones del tabernáculo muestran cómo debe prepararse el lugar del encuentro con Dios.

Los capítulos sobre la construcción retoman muchas instrucciones anteriores. Esa repetición permite comparar lo mandado con lo realizado y destacar la obediencia en la preparación del santuario. El conjunto avanza desde el servicio forzado al faraón hacia el servicio a Jehová.

Cómo avanza el libro

  • Éxodo 1–2: opresión de Israel, preservación de Moisés y clamor del pueblo.
  • Éxodo 3:1–7:7: llamamiento, regreso a Egipto, primeras respuestas del faraón y reafirmación de la promesa.
  • Éxodo 7:8–13:16: señales y juicios, Pascua, salida de Egipto y memoria de la liberación.
  • Éxodo 13:17–18:27: paso del mar, cántico, necesidades y conflictos durante el camino, y encuentro con Jetro.
  • Éxodo 19–24: encuentro en el Sinaí, palabras de Dios, disposiciones del pacto y su celebración.
  • Éxodo 25–31: instrucciones para el santuario, sus servidores y el día de reposo.
  • Éxodo 32–34: becerro de oro, intercesión de Moisés y renovación del pacto.
  • Éxodo 35–40: ofrendas y construcción del tabernáculo, que termina lleno de la gloria de Jehová.

Temas que debes seguir

El conocimiento de Dios. Jehová da a conocer su nombre, su fidelidad y su autoridad. Sus acciones responden al poder del faraón y a la pregunta de quién debe ser obedecido. Al revelar su carácter, une compasión, paciencia, perdón y justicia; la misericordia no significa que el pecado carezca de consecuencias.

El rescate y la pertenencia. Dios saca a Israel de las cargas de Egipto para recibirlo como pueblo suyo. El movimiento llega a su expresión en el Sinaí: los ha traído a sí mismo y los llama a ser una nación santa. La libertad tiene una dirección de culto y obediencia.

La memoria y la vida del prójimo. Haber sido extranjeros y esclavos debe influir en el trato al débil. El pacto abarca la adoración, pero también el trabajo, la justicia y el cuidado de personas vulnerables. El pueblo rescatado debe recordar de dónde lo sacó Dios cuando ejerza poder sobre otro.

La presencia y la mediación. La cercanía del Dios santo requiere atención a su palabra. Moisés comunica, intercede y guía; el santuario hace visible la importancia de que Jehová vaya con su pueblo. La crisis del becerro pone en peligro esa relación y conduce al ruego por perdón y presencia.

Éxodo y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma la liberación de Egipto para explicar la obra de Cristo. Pablo llama a Jesucristo «nuestra Pascua» y relaciona su sacrificio con una vida de sinceridad y verdad. Jesús habla de su sangre del pacto para el perdón de los pecados. La salvación cristiana se funda en él, nuestro Señor y único Salvador.

Hebreos reconoce la fidelidad de Moisés como servidor y presenta a Cristo como el Hijo sobre la casa de Dios. También desarrolla la relación entre el santuario, la mediación y el sacrificio de Jesús, que obtiene redención eterna y purifica la conciencia para servir al Dios vivo. Estas conexiones tienen fundamento explícito en el Nuevo Testamento; cada detalle del mobiliario conserva además su función en el relato y en el culto de Israel.

La memoria de Israel también advierte al lector cristiano. Pablo recuerda que haber participado en los beneficios del camino no impidió que muchos cayeran en idolatría y desobediencia. La respuesta a la gracia requiere una fe que escucha a Dios, sin convertir la pertenencia comunitaria en una seguridad para persistir en el pecado.

Orientación para tu lectura

Sigue lo que Dios promete, lo que el faraón responde y lo que el pueblo aprende. Distingue los mandatos dados a Israel bajo el pacto del Sinaí de su relación con el nuevo pacto en Cristo. Cuando una instrucción trate de una institución o costumbre antigua, comienza por su destinatario y su función antes de desarrollar una aplicación.

Al llegar al final, recuerda el cambio respecto del comienzo: el pueblo sigue en camino, pero ya no sirve bajo las cargas del faraón. La gloria de Jehová llena el tabernáculo y su presencia guía las jornadas. El libro deja abierta la continuación del viaje y afirma quién acompaña a Israel.

Relaciones bíblicas

Las vestiduras de los sacerdotes

«Harás que se acerquen a ti tu hermano Aarón y sus hijos con él, de entre los hijos de Israel, para que me sirvan como sacerdotes: Aarón y sus hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para honra y hermosura. Hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, a fin de consagrarlo para que me sirva como sacerdote. Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica de tejido labrado, un turbante y una faja. Harán vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes. Tomarán el oro, el hilo azul, púrpura y escarlata, y el lino fino.

El efod y las piedras de memoria

Harán el efod con oro, hilo azul, púrpura y escarlata, y lino fino de hilos retorcidos, obra de un artesano experto. Tendrá dos hombreras unidas a sus dos extremos para que quede unido. El cinto tejido que lleve será de la misma hechura y formará una sola pieza con él: de oro, hilo azul, púrpura y escarlata, y lino fino de hilos retorcidos. Tomarás dos piedras de ónice y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel: seis de sus nombres en una piedra y los seis nombres restantes en la otra, según el orden de su nacimiento. Grabarás las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel, como un grabador en piedra graba un sello. Las montarás en engastes de oro. Pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod como piedras de memoria para los hijos de Israel. Aarón llevará sus nombres delante del SEÑOR, sobre sus dos hombros, como recordatorio. Harás engastes de oro y dos cadenas de oro puro, trenzadas en forma de cordón. Fijarás las cadenas trenzadas en los engastes.

El pectoral con los nombres de las tribus

Harás un pectoral del juicio, obra de un artesano experto. Lo harás como el efod: con oro, hilo azul, púrpura y escarlata, y lino fino de hilos retorcidos. Será cuadrado y doblado, de unos veintitrés centímetros de largo y veintitrés centímetros de ancho. Lo llenarás con cuatro hileras de piedras. En la primera hilera habrá una cornalina, un topacio y una esmeralda; en la segunda hilera, una turquesa, un zafiro y un diamante; en la tercera hilera, un jacinto, un ágata y una amatista; en la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Estarán montadas en engastes de oro. Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel. Cada una llevará grabado, como en un sello, el nombre de una de las doce tribus. Harás para el pectoral cadenas de oro puro, trenzadas en forma de cordón. Harás para el pectoral dos anillos de oro y los pondrás en sus dos extremos. Fijarás los dos cordones de oro a los dos anillos de los extremos del pectoral. Fijarás los dos extremos de los dos cordones a los dos engastes, y los pondrás en las hombreras del efod, por la parte delantera. Harás otros dos anillos de oro y los pondrás en los dos extremos del pectoral, en su borde interior, del lado que da hacia el efod. Harás dos anillos de oro y los fijarás en la parte inferior de las dos hombreras del efod, por delante, junto a su unión, por encima del cinto del efod. Atarán los anillos del pectoral a los anillos del efod con un cordón azul, para que quede sobre el cinto del efod y el pectoral no se separe del efod. Cuando entre en el Lugar Santo, Aarón llevará los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio, sobre su corazón, como recordatorio continuo delante del SEÑOR. Pondrás el Urim y el Tumim en el pectoral del juicio, y estarán sobre el corazón de Aarón cuando entre delante del SEÑOR. Aarón llevará siempre el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante del SEÑOR.

El manto azul y sus campanillas

Harás el manto del efod enteramente azul. Tendrá una abertura para la cabeza en el centro, con un reborde tejido alrededor de la abertura, como la abertura de una coraza, para que no se rasgue. En todo su borde inferior harás granadas de hilo azul, púrpura y escarlata, y entre ellas pondrás campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, una campanilla de oro y una granada, alrededor de todo el borde del manto. Aarón lo llevará puesto cuando ministre. Se oirá su sonido cuando entre en el Lugar Santo delante del SEÑOR y cuando salga, para que no muera.

La inscripción de consagración al SEÑOR

Harás una lámina de oro puro y grabarás en ella, como en un sello: “Santidad al SEÑOR”. La sujetarás con un cordón azul al turbante; estará en la parte delantera del turbante. Estará sobre la frente de Aarón, y Aarón llevará la culpa relacionada con las cosas sagradas que los hijos de Israel consagren en todas sus ofrendas santas. Estará siempre sobre su frente para que sean aceptados delante del SEÑOR. Tejerás la túnica de lino fino con diseños; harás el turbante de lino fino, y la faja será obra de bordador.

La consagración de Aarón y sus hijos

Para los hijos de Aarón harás túnicas y fajas; también les harás gorros, para honra y hermosura. Con estas vestiduras vestirás a tu hermano Aarón y a sus hijos con él. Los ungirás, los investirás y los consagrarás para que me sirvan como sacerdotes. Les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez, desde la cintura hasta los muslos. Aarón y sus hijos los llevarán puestos cuando entren en la tienda de reunión o se acerquen al altar para ministrar en el Lugar Santo, para que no incurran en culpa ni mueran. Será un estatuto perpetuo para él y para su descendencia después de él».

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