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Génesis 31

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

Jacob decide regresar a Canaán

Jacob oyó a los hijos de Labán decir: «Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre; con lo que pertenecía a nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza». Jacob notó por el rostro de Labán que su actitud hacia él ya no era como antes. El SEÑOR le dijo a Jacob: «Vuelve a la tierra de tus padres y a tu familia, y yo estaré contigo».

Jacob explica la partida a sus esposas

Jacob mandó llamar a Raquel y a Lea al campo, donde estaba su rebaño, y les dijo: «Veo que su padre ya no me mira como antes, pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. Ustedes saben que he servido a su padre con todas mis fuerzas. Sin embargo, su padre me ha engañado y ha cambiado mi salario diez veces. Pero Dios no le ha permitido hacerme daño. Si él decía: “Los moteados serán tu salario”, todo el rebaño daba crías moteadas. Si decía: “Los rayados serán tu salario”, todo el rebaño daba crías rayadas. Así Dios ha quitado el ganado a su padre y me lo ha dado a mí.

El sueño y la orden de regresar

En la época en que el rebaño entraba en celo, levanté los ojos y vi en un sueño que los machos cabríos que montaban a las hembras eran rayados, moteados y jaspeados. El ángel de Dios me llamó en el sueño: “¡Jacob!”. Yo respondí: “Aquí estoy”. Él dijo: “Levanta los ojos y mira: todos los machos que montan a las hembras son rayados, moteados y jaspeados, porque he visto todo lo que Labán te hace. Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una columna y me hiciste un voto. Ahora levántate, sal de esta tierra y vuelve a la tierra donde naciste”». Raquel y Lea le respondieron: «¿Nos queda alguna parte o herencia en la casa de nuestro padre? ¿No nos considera extranjeras? Nos ha vendido y se ha gastado por completo nuestro dinero. Toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre nos pertenece a nosotras y a nuestros hijos. Ahora haz todo lo que Dios te ha dicho».

Jacob huye de Labán

Jacob se levantó e hizo subir a sus hijos y a sus esposas a los camellos. Puso en marcha todo su ganado y todos los bienes que había adquirido, el ganado de su propiedad que había obtenido en Padán-aram, para ir a la tierra de Canaán, a Isaac, su padre.

Los ídolos robados y la huida

Labán había ido a esquilar sus ovejas, y Raquel robó los ídolos domésticos de su padre. Jacob engañó a Labán el arameo al no decirle que huía. Huyó con todo lo que tenía, cruzó el río Éufrates y se dirigió a la región montañosa de Galaad.

Labán persigue a Jacob

Al tercer día le avisaron a Labán que Jacob había huido. Labán tomó consigo a sus parientes y lo persiguió durante siete días de camino, hasta alcanzarlo en la región montañosa de Galaad. Pero Dios vino a Labán el arameo en un sueño durante la noche y le dijo: «Ten cuidado: no hables a Jacob ni para bien ni para mal». Labán alcanzó a Jacob, que había plantado su tienda en el monte. Labán acampó con sus parientes en la región montañosa de Galaad. Labán le dijo a Jacob: «¿Qué has hecho? Me has engañado y te has llevado a mis hijas como cautivas de guerra. ¿Por qué huiste a escondidas, me engañaste y no me avisaste? Yo te habría despedido con alegría y cánticos, con pandereta y lira. Ni siquiera me dejaste besar a mis nietos y a mis hijas. ¡Has actuado neciamente! Tengo poder para hacerles daño, pero el Dios del padre de ustedes me dijo anoche: “Ten cuidado: no hables a Jacob ni para bien ni para mal”. Si te has ido porque tanto anhelabas la casa de tu padre, ¿por qué robaste mis dioses?». Jacob le respondió a Labán: «Tuve miedo, porque pensé que quizá me quitarías a tus hijas por la fuerza. Pero aquel en cuyo poder encuentres tus dioses no vivirá. Delante de nuestros parientes, reconoce lo que tengas aquí de tu propiedad y llévatelo». Jacob no sabía que Raquel los había robado.

La búsqueda de los ídolos

Labán entró en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, pero no los encontró. Salió de la tienda de Lea y entró en la de Raquel. Raquel había tomado los ídolos, los había puesto en la montura del camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda, pero no los encontró. Ella le dijo a su padre: «No se enoje mi señor porque no pueda levantarme ante usted; estoy en mi período menstrual». Él buscó, pero no encontró los ídolos.

La defensa de Jacob

Entonces Jacob se enojó y discutió con Labán. Jacob le dijo: «¿Cuál es mi delito? ¿Cuál es mi pecado para que me hayas perseguido con tanto ardor? Has registrado todas mis cosas. ¿Qué has encontrado de los objetos de tu casa? Ponlo aquí, delante de mis parientes y de los tuyos, y que ellos juzguen entre nosotros dos. Estos veinte años he estado contigo. Tus ovejas y tus cabras no han abortado, y no he comido los carneros de tu rebaño. Nunca te traje los animales despedazados por las fieras; yo pagaba la pérdida. Tú me exigías el pago de lo robado, tanto de día como de noche. De día me consumía el calor, y de noche la helada; el sueño huía de mis ojos. Estos veinte años he estado en tu casa. Te serví catorce años por tus dos hijas y seis años por tu rebaño, y cambiaste mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham y el Temor de Isaac, no hubiera estado de mi parte, ahora me habrías despedido con las manos vacías. Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y anoche te reprendió».

El pacto entre Jacob y Labán

Labán le respondió a Jacob: «Las hijas son mis hijas, los hijos son mis hijos y el rebaño es mi rebaño. Todo lo que ves es mío. Pero ¿qué puedo hacer hoy con estas hijas mías y con los hijos que han dado a luz? Ven ahora, hagamos un pacto tú y yo, y que sea testigo entre tú y yo». Jacob tomó una piedra y la erigió como columna. Jacob les dijo a sus parientes: «Recojan piedras». Tomaron piedras e hicieron un montón, y comieron allí, junto al montón. Labán lo llamó Jegar-sahaduta, y Jacob lo llamó Galaad. Labán dijo: «Este montón es hoy testigo entre tú y yo». Por eso recibió el nombre de Galaad.

Las condiciones del pacto

También lo llamaron Mizpa, porque dijo: «Que el SEÑOR vigile entre tú y yo cuando estemos lejos el uno del otro. Si maltratas a mis hijas o tomas otras esposas además de mis hijas, aunque nadie esté con nosotros, recuerda que Dios es testigo entre tú y yo». Labán le dijo a Jacob: «Aquí están este montón y la columna que he levantado entre tú y yo. Este montón es testigo, y esta columna es testigo, de que yo no pasaré de este montón hacia ti, ni tú pasarás de este montón y de esta columna hacia mí, para hacernos daño. Que el Dios de Abraham y el dios de Nacor, los dioses de su padre, juzguen entre nosotros». Jacob juró por el Temor de Isaac, su padre. Jacob ofreció un sacrificio en el monte e invitó a sus parientes a comer pan. Comieron pan y pasaron la noche en el monte. Labán se levantó temprano por la mañana, besó a sus nietos y a sus hijas y los bendijo. Después Labán se marchó y volvió a su lugar.

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