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Génesis 43

NTBT-2026-11-07

Introducción a Génesis

Génesis presenta el origen del mundo, la dignidad de la vida humana y la entrada del pecado en la historia. Desde ese horizonte universal conduce al llamado de Abraham y a la familia mediante la cual Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. La historia de Israel comienza dentro de la historia de la humanidad.

Sus páginas reúnen creación y promesa, desobediencia y juicio, pérdida y preservación. El libro termina en Egipto, con una familia que aún espera la tierra prometida. Ese desenlace prepara el comienzo de Éxodo y permite comprender por qué el Dios que libera a Israel es llamado el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Autoría y fecha

Génesis forma parte del Pentateuco, vinculado en la tradición bíblica con Moisés. El libro no identifica expresamente a su redactor ni proporciona una fecha de composición. La atribución tradicional a Moisés debe distinguirse de una afirmación autobiográfica que Génesis no contiene. Tampoco es posible deducir un año exacto de redacción a partir de los acontecimientos narrados.

Al estudiar su antigüedad, distingue el tiempo que describe de la forma en que el relato llegó a sus lectores. Las historias de los patriarcas se desarrollan antes de la salida de Israel de Egipto; el libro las presenta como antecedentes de ese pueblo y de las promesas que lo sostienen. Las propuestas históricas sobre fechas precisas requieren más datos que los que ofrece por sí sola una genealogía.

Contexto y propósito

El relato permite a Israel comprender quién es su Dios, de dónde procede su familia y por qué su existencia está ligada a una promesa. Dios no comienza a actuar cuando aparece Abraham: es antes el Creador y el Señor de todas las naciones. La elección de una familia queda situada dentro de su propósito para el mundo.

La tierra, la descendencia y la bendición recorren las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Las promesas encuentran dificultades reales: esterilidad, hambre, disputas familiares, engaño y desplazamiento. El libro muestra la fidelidad de Dios en medio de esas circunstancias sin presentar como correctas todas las decisiones de los patriarcas.

Forma literaria

Génesis está compuesto principalmente como narración, enlazada por genealogías y por fórmulas sobre las generaciones. Incluye diálogos, discursos, bendiciones y pasajes poéticos, como las palabras de Jacob en el capítulo 49. Las genealogías sitúan personas y pueblos dentro de la historia; la poesía puede concentrar rasgos y acontecimientos mediante imágenes. Reconocer estas formas te ayuda a seguir lo que cada unidad comunica sin perder su relación con el relato completo.

Cómo avanza el libro

  • Génesis 1:1–2:3: creación y descanso del séptimo día.
  • Génesis 2:4–4:26: vida humana, desobediencia y extensión del pecado.
  • Génesis 5–9: las generaciones de Adán, Noé, el diluvio y el pacto de preservación.
  • Génesis 10:1–11:26: pueblos, Babel y la línea que conduce a Abram.
  • Génesis 11:27–25:18: Abraham, la promesa y el nacimiento de Isaac.
  • Génesis 25:19–36:43: Isaac, Jacob, Esaú y la formación de la familia de Israel.
  • Génesis 37–50: José, sus hermanos y la preservación de la familia en Egipto.

Temas que debes seguir

La bondad del Creador fundamenta el valor de lo creado. El ser humano, varón y mujer, recibe la dignidad de la imagen de Dios y una responsabilidad dentro de su mundo. El pecado rompe relaciones y produce consecuencias, pero no elimina la soberanía ni la misericordia de Dios.

La promesa introduce una esperanza que depende de la fidelidad de quien llama. Abraham cree a Dios, y esa fe será recordada después al explicar la justicia recibida por la fe. Su respuesta no convierte toda su conducta posterior en un modelo sin errores; Génesis conserva tanto su confianza como sus fallos.

La providencia se hace especialmente visible en la historia de José. La intención dañina de sus hermanos no queda declarada inocente, aunque Dios conduzca los acontecimientos hacia la preservación de muchos. El mal humano y la acción buena de Dios se distinguen en la explicación de José al final del libro.

Génesis en el conjunto de las Escrituras

Éxodo retoma la historia de esta familia en Egipto y el recuerdo de las promesas. Los profetas volverán a hablar del Creador y del Dios fiel al pacto. En el Nuevo Testamento, Mateo presenta a Jesús como hijo de Abraham; Juan relaciona el comienzo de todo con la Palabra que se hizo carne; Pablo recurre a Abraham para explicar la fe y contrasta a Adán con Jesucristo.

Estas conexiones permiten reconocer el lugar de Génesis en la esperanza que culmina en Cristo. No hacen necesario convertir cada objeto, nombre o detalle en una alegoría. Sigue las relaciones que la propia Escritura desarrolla y conserva la función de cada relato en su contexto.

Orientación para la lectura

Observa cómo las genealogías enlazan historias y cómo las fórmulas sobre generaciones introducen nuevas secciones. Lee cada acontecimiento dentro de su unidad: narrar una conducta no significa mandarte imitarla. Cuando encuentres una promesa, identifica primero a quién se dirige y después estudia cómo la retoma el conjunto bíblico.

El recorrido no termina con todos los asuntos resueltos. José muere expresando que Dios visitará a su pueblo y lo conducirá a la tierra jurada a sus antepasados. El final conserva la espera: la historia necesita continuar.

Relaciones bíblicas

Los hermanos de José regresan con Benjamín

El hambre era grave en la tierra. Cuando acabaron de comer el grano que habían traído de Egipto, su padre les dijo: «Vuelvan y compren para nosotros un poco de alimento». Judá le respondió: «Aquel hombre nos advirtió con firmeza: “No verán mi rostro si su hermano no está con ustedes”. Si envías a nuestro hermano con nosotros, bajaremos y te compraremos alimento. Pero si no lo envías, no bajaremos, porque aquel hombre nos dijo: “No verán mi rostro si su hermano no está con ustedes”». Israel dijo: «¿Por qué me han hecho este mal al decirle al hombre que tenían otro hermano?». Ellos respondieron: «Aquel hombre nos preguntó expresamente acerca de nosotros y de nuestra familia: “¿Todavía vive su padre? ¿Tienen otro hermano?”. Le respondimos a esas preguntas. ¿Acaso podíamos saber que diría: “Traigan a su hermano”?».

La garantía personal de Judá

Judá le dijo a Israel, su padre: «Envía al joven conmigo. Nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no muramos, ni nosotros ni tú ni nuestros niños. Yo responderé por él; a mí me exigirás cuentas. Si no te lo traigo y lo pongo delante de ti, cargaré con la culpa ante ti todos los días. Pues, si no nos hubiéramos demorado, ya habríamos vuelto dos veces».

La decisión y la oración de Jacob

Israel, su padre, les dijo: «Si es así, entonces hagan esto: tomen en sus recipientes lo mejor de esta tierra y llévenle un regalo al hombre: un poco de bálsamo y un poco de miel, goma y resina aromática, pistachos y almendras. Lleven el doble de dinero, devolviendo el que les fue devuelto en la boca de sus sacos; quizá fue un error. Tomen también a su hermano, levántense y vuelvan a aquel hombre. Que Dios Todopoderoso les conceda misericordia ante aquel hombre, para que deje ir con ustedes a su otro hermano y a Benjamín. Y si he de quedarme sin hijos, que así sea».

La llegada y el temor por el dinero

Los hombres tomaron aquel regalo, llevaron en sus manos el doble de dinero y tomaron a Benjamín. Se levantaron, bajaron a Egipto y se presentaron ante José. Cuando José vio a Benjamín con ellos, le dijo al encargado de su casa: «Lleva a estos hombres a casa, mata un animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía». El hombre hizo lo que José le había dicho y llevó a los hombres a la casa de José. Los hombres tuvieron miedo al ser llevados a la casa de José y dijeron: «Nos han traído por el dinero que fue devuelto en nuestros sacos la primera vez, para buscar un pretexto contra nosotros y atacarnos, hacernos esclavos y apoderarse de nuestros asnos». Se acercaron al hombre encargado de la casa de José y le hablaron a la entrada de la casa. Le dijeron: «Por favor, señor mío, en verdad bajamos la primera vez a comprar alimento. Cuando llegamos al lugar donde nos alojábamos y abrimos nuestros sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de su saco: nuestro dinero con su peso completo. Lo hemos traído de vuelta con nosotros. También hemos traído más dinero para comprar alimento. No sabemos quién puso nuestro dinero en nuestros sacos». Él les dijo: «Paz a ustedes; no tengan miedo. El Dios de ustedes y el Dios de su padre les dio un tesoro en sus sacos. Yo recibí su dinero». Y sacó a Simeón adonde estaban ellos. El hombre llevó a los hombres a la casa de José y les dio agua; ellos se lavaron los pies. También dio forraje a sus asnos. Prepararon el regalo para cuando José llegara al mediodía, porque habían oído que allí comerían pan.

José recibe a sus hermanos

Cuando José llegó a casa, le entregaron allí dentro el regalo que traían en sus manos y se postraron ante él hasta el suelo. Él les preguntó cómo estaban y dijo: «¿Está bien su padre, el anciano del que me hablaron? ¿Todavía vive?». Ellos respondieron: «Tu siervo, nuestro padre, está bien; todavía vive». Se inclinaron y se postraron.

La emoción del encuentro con Benjamín

José alzó la vista y vio a Benjamín, su hermano, hijo de su madre. Preguntó: «¿Es este su hermano menor, del que me hablaron?». Y dijo: «Dios te conceda su favor, hijo mío». José se apresuró, pues se conmovieron sus entrañas por su hermano, y buscó dónde llorar. Entró en su habitación y lloró allí. Se lavó el rostro y salió. Conteniéndose, dijo: «Sirvan el pan».

La disposición de la comida

Le sirvieron aparte a él, aparte a ellos y aparte a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no podían comer pan con los hebreos, pues eso era una abominación para los egipcios. Se sentaron ante él por orden de edad, del primogénito al más joven. Los hombres se miraban unos a otros asombrados. Él les envió porciones de lo que tenía delante de sí, pero la porción de Benjamín era cinco veces la de cualquiera de ellos. Bebieron y se embriagaron con él.

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