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Levítico 5

NTBT-2026-11-07

Introducción a Levítico

Al terminar Éxodo, la gloria de Jehová llena el tabernáculo. Levítico comienza con el Señor hablando desde esa tienda. El pueblo ha sido liberado de Egipto y Dios habita en medio de él; ahora necesita aprender cómo acercarse, recibir purificación y vivir en consonancia con su santidad.

Las instrucciones sobre ofrendas, sacerdotes, alimentos, lavamientos, relaciones y tiempos de celebración pertenecen a esa vida de pacto. El libro reúne el culto y la conducta cotidiana: la presencia del Señor tiene implicaciones para el altar, pero también para el trato al vecino, al trabajador, al pobre y al extranjero.

El nombre y la continuidad de la historia

El nombre hebreo del libro procede de su primera palabra, wayyiqrāʾ, «y llamó». El título «Levítico» lo relaciona con Leví y con el ámbito sacerdotal, aunque sus enseñanzas se dirigen a toda la comunidad. Los sacerdotes de la familia de Aarón tienen responsabilidades particulares; el resto de Israel también debe conocer y obedecer las disposiciones que recibe por medio de Moisés.

El escenario principal sigue siendo el desierto de Sinaí. Éxodo fecha el montaje del tabernáculo en el primer día del primer mes del segundo año, y Números comienza con una comunicación divina en el primer día del segundo mes de ese año. Levítico queda situado narrativamente entre esos momentos, mientras Israel permanece junto al monte. El libro también recoge instrucciones para cuando entre en la tierra, como las del reposo de los campos.

Autoría y grado de certeza

Levítico forma parte del Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio texto presenta sus mandatos como palabras que Jehová comunica a Moisés para Israel; en algunos discursos interviene también Aarón como destinatario. El resumen final vuelve a situar los mandamientos en el Sinaí, dados por medio de Moisés. Ese es el marco de autoridad que el libro afirma expresamente.

El texto no ofrece una fecha de composición ni describe todo el proceso por el cual sus instrucciones adquirieron su forma escrita final. Conviene distinguir ese asunto de la ambientación de los acontecimientos: el escenario del Sinaí es explícito, mientras que la fecha y las etapas de la redacción no se detallan dentro del libro.

Destinatarios y propósito

La comunidad de Israel debe aprender a vivir delante del Dios que la ha rescatado. El Señor se presenta como quien rompió su yugo de esclavitud y promete andar en medio de ella. La obediencia se desarrolla dentro de esa relación recibida; las disposiciones de santidad no son el precio con el que Israel consigue por primera vez la atención de Dios.

Los sacerdotes deben distinguir entre lo santo y lo común, entre lo puro y lo impuro, y enseñar los estatutos al pueblo. Las ofrendas y los procedimientos de purificación permiten atender situaciones concretas del culto; los mandamientos sobre la vida diaria ordenan las relaciones de una comunidad que pertenece al Señor. La santidad une cercanía, responsabilidad y servicio.

Forma literaria y desarrollo

Predominan los discursos legales, introducidos por fórmulas que identifican al Señor como quien habla y a Moisés como mediador. Las instrucciones presentan casos y distinguen condiciones: el tipo de ofrenda, los recursos de la persona, la responsabilidad del sacerdote o la clase de impureza. Las repeticiones ayudan a comparar situaciones y a reconocer diferencias importantes.

También hay narración, especialmente en la consagración de Aarón y de sus hijos y en el comienzo de su servicio. La muerte de Nadab y Abiú muestra la gravedad de acercarse a Dios desatendiendo su mandato. El libro combina así enseñanza y acontecimientos que hacen visible la responsabilidad del ministerio.

Cómo avanza el libro

  • Levítico 1–7: las principales ofrendas y las responsabilidades de quienes las presentan y de los sacerdotes.
  • Levítico 8–10: consagración de Aarón y sus hijos, comienzo del servicio y muerte de Nadab y Abiú.
  • Levítico 11–15: distinciones de pureza e impureza y procedimientos relacionados con alimentos, parto, afecciones de la piel y flujos corporales.
  • Levítico 16: el Día de la Expiación y la purificación del santuario y del pueblo.
  • Levítico 17–22: sangre, vida, conducta sexual, justicia, amor al prójimo, santidad sacerdotal y cuidado de las ofrendas.
  • Levítico 23–24: tiempos señalados, servicio de lámparas y pan, y disposiciones relativas al nombre del Señor y a la justicia.
  • Levítico 25: reposo de la tierra, jubileo, posesiones y responsabilidades hacia el hermano empobrecido.
  • Levítico 26: bendiciones del pacto, consecuencias de la desobediencia y memoria de la fidelidad de Dios.
  • Levítico 27: votos y disposiciones sobre personas, animales, bienes y otras dedicaciones al Señor.

Claves para comprender sus enseñanzas

La santidad nace de quién es Dios. «Serán santos, porque yo, Jehová su Dios, soy santo» dirige la vida de toda la comunidad. La santidad comprende lo que se presenta en el santuario y la forma de tratar a otros. Dejar alimento para el necesitado, pagar al trabajador, juzgar sin favoritismos y amar al prójimo forman parte del mismo llamado.

La expiación es una provisión de Dios. Levítico 17:11 relaciona la sangre con la vida y declara que Dios la ha dado sobre el altar para hacer expiación. Los sacrificios pertenecen al modo que él establece para atender el pecado y la impureza en medio del pueblo. Cada clase de ofrenda debe entenderse por su función propia: no todas se preparan de la misma manera ni responden a la misma situación.

Impureza ritual y culpa moral deben distinguirse. Algunas situaciones de impureza surgen de procesos corporales ordinarios, como los vinculados al parto. El estado ritual afecta al acceso al santuario sin significar por sí mismo que la persona haya cometido una falta moral. El libro también trata pecados y transgresiones; por eso es necesario atender a la situación concreta, a lo que debe purificarse y a la respuesta que se ordena.

El pacto abarca toda la vida. Los tiempos de reposo y celebración, el uso de la tierra y las relaciones económicas recuerdan que Israel vive ante su Dios. Las advertencias del capítulo 26 muestran que la desobediencia tiene consecuencias; su cierre mantiene la memoria de las promesas a los patriarcas y de la fidelidad del Señor incluso en medio del juicio.

Levítico y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma este lenguaje para presentar la obra de Jesús. Hebreos explica que la repetición de sacrificios no podía dar la purificación definitiva de la conciencia, y anuncia que Cristo obtuvo redención eterna mediante su propia sangre. Su ofrenda, hecha de una vez para siempre, es el fundamento de nuestra confianza para acercarnos a Dios. La salvación es por su gracia mediante la fe en él, nuestro Señor y único Salvador.

Pedro une el llamado a ser santos con el rescate recibido mediante la sangre preciosa de Cristo, descrito como un cordero sin defecto y sin mancha. La obediencia es la respuesta a ese rescate. La relación con Levítico se desarrolla desde esas conexiones bíblicas, respetando también la función histórica de cada instrucción en el culto de Israel.

Jesús cita el mandato de amar al prójimo como a uno mismo al enseñar cuáles son los mayores mandamientos. La vida consagrada al Padre incluye amor, justicia y misericordia. El Espíritu Santo nos guía conforme a la verdad de Dios y a la obra de Jesucristo; la enseñanza de santidad debe conducir a una vida rendida al Señor y al cuidado de las personas.

Orientación para tu lectura

Al comenzar una instrucción, observa quién debe actuar, qué presenta, dónde lo hace y con qué finalidad. Distingue las tareas de la persona que lleva la ofrenda y las del sacerdote. Cuando se repita un procedimiento, busca qué se mantiene y qué cambia; a menudo esa diferencia explica el sentido de la nueva situación.

Lee los términos «santo», «puro», «impuro», «pecado» y «expiación» dentro de cada contexto. Las notas te ayudarán a conocer el vocabulario original y las costumbres que necesiten explicación. Después considera cómo el Nuevo Testamento desarrolla la relación con Cristo antes de trasladar directamente una disposición ritual a tu vida. Busca comprender la santidad de Dios, la provisión de su gracia y la respuesta de fe y obediencia que te corresponde.

Relaciones bíblicas

Faltas que requieren confesión y expiación

«Si alguien oye un llamamiento a testificar bajo juramento y es testigo de algo que ha visto o sabe, peca si no lo declara y cargará con su culpa. O si alguien toca cualquier cosa impura, ya sea el cadáver de un animal silvestre impuro, el cadáver de un animal doméstico impuro o el cadáver de un animal rastrero impuro, aunque no se dé cuenta de ello, quedará impuro y será culpable. O si alguien toca alguna impureza humana, de cualquier clase que pueda hacerlo impuro, y no se da cuenta de ello, cuando lo sepa será culpable. O si alguien jura a la ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, cualquiera de las cosas que una persona pueda expresar a la ligera bajo juramento, y no se da cuenta de ello, cuando lo sepa será culpable de alguna de estas cosas. Cuando sea culpable de alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó. Llevará al SEÑOR, como reparación por el pecado que cometió, una hembra del rebaño, una cordera o una cabra, como ofrenda por el pecado. El sacerdote hará expiación por él, por su pecado. Si no le alcanza para una oveja o una cabra, llevará al SEÑOR como reparación por el pecado que cometió dos tórtolas o dos pichones de paloma, una como ofrenda por el pecado y otra como holocausto. Las llevará al sacerdote, que presentará primero la destinada a ofrenda por el pecado. Le retorcerá la cabeza por la nuca, pero no la separará del cuerpo. Rociará parte de la sangre de la ofrenda por el pecado sobre la pared del altar, y el resto de la sangre se escurrirá al pie del altar. Es una ofrenda por el pecado. La segunda la preparará como holocausto, conforme a lo prescrito. El sacerdote hará expiación por él, por el pecado que cometió, y será perdonado. Si no le alcanza para dos tórtolas o dos pichones de paloma, traerá por el pecado que cometió una ofrenda de unos dos litros de harina fina, como ofrenda por el pecado. No pondrá aceite sobre ella ni pondrá incienso sobre ella, porque es una ofrenda por el pecado. La llevará al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella un puñado como su porción memorial y lo hará arder sobre el altar, encima de las ofrendas quemadas al SEÑOR. Es una ofrenda por el pecado. El sacerdote hará expiación por él, por el pecado que cometió en alguna de estas cosas, y será perdonado. Lo que reste será para el sacerdote, como la ofrenda de cereal».

La ofrenda por la culpa y la restitución

El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: «Cuando una persona cometa una infidelidad y peque por error respecto a las cosas sagradas del SEÑOR, llevará al SEÑOR, como reparación, un carnero sin defecto del rebaño, según tu valoración en siclos de plata —de unos once gramos por siclo—, conforme al siclo del santuario, como ofrenda por la culpa. Hará restitución por la falta cometida respecto a lo consagrado, añadirá un veinte por ciento y lo dará al sacerdote. El sacerdote hará expiación por él con el carnero de la ofrenda por la culpa, y será perdonado. Si alguien peca y hace alguna de las cosas que los mandamientos del SEÑOR prohíben, aunque no lo sepa, será culpable y cargará con su culpa. Llevará al sacerdote un carnero sin defecto del rebaño, según tu valoración, como ofrenda por la culpa. El sacerdote hará expiación por él, por el error en que incurrió sin saberlo, y será perdonado. Es una ofrenda por la culpa; ciertamente ha incurrido en culpa contra el SEÑOR».

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