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Mateo 9

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Mateo

Mateo te invita a reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo que revela al Padre y el Rey que llama a seguirlo. Su historia comienza con Abraham y David y culmina con la muerte, la resurrección y la autoridad de Jesucristo para enviar discípulos a todas las naciones.

Autor, fecha y primeros lectores

La tradición cristiana atribuye este evangelio a Mateo, el recaudador llamado por Jesús y contado entre los doce. El relato no identifica expresamente a su autor en primera persona. Eusebio conserva un testimonio de Papías que vincula a Mateo con una recopilación de dichos en lengua hebrea; la relación exacta entre esa noticia y el evangelio griego conservado es discutida. Esta tradición es importante, pero no demuestra por sí sola todos los detalles de su composición.

El evangelio se sitúa en el siglo I; no indica un año ni un lugar de redacción, y las propuestas de datación no son unánimes. Su abundante uso de las Escrituras de Israel y sus discusiones sobre la Ley sugieren lectores familiarizados con ese mundo. Al mismo tiempo, el libro anuncia una misión que alcanza a todas las naciones. No debe asignarse a una única comunidad concreta como si el texto la nombrara.

Género y propósito

Es un evangelio: narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús para dar a conocer quién es y llamar a responderle. No es una biografía moderna que pretenda contar cada año de su vida. Mateo combina relatos con grandes bloques de enseñanza y muestra repetidamente cómo Jesús cumple las Escrituras.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: origen, nacimiento e infancia de Jesús.
  2. 3–4: Juan, el bautismo, la tentación y el comienzo del ministerio.
  3. 5–7: la enseñanza de Jesús en el monte.
  4. 8–10: obras de autoridad y envío de los discípulos.
  5. 11–13: respuestas a Jesús, oposición y parábolas del reino.
  6. 14–18: la identidad de Jesús y la formación de sus discípulos.
  7. 19–25: camino a Jerusalén, controversias y enseñanza sobre la vigilancia.
  8. 26–28: entrega, crucifixión, resurrección y misión a las naciones.

Temas que volverás a encontrar

El reino de los cielos; Jesús como Cristo e Hijo de David; el cumplimiento de las Escrituras; la justicia del corazón; la misericordia; la fe; el discipulado; el juicio y la esperanza. El título «reino de los cielos» no se limita a un lugar después de la muerte: en Mateo anuncia el gobierno de Dios y llama a vivir bajo su autoridad.

La salvación ocupa el centro desde 1:21: Jesús salva de los pecados. Su sangre derramada para perdón y su resurrección fundamentan la esperanza. La obediencia del discípulo responde a su gracia; no convierte las obras en un precio para comprar la salvación.

Cómo empezar con Mateo 1

Lee primero 1:1–17 como una historia organizada: promesa, realeza, exilio y llegada del Mesías. Después lee 1:18–25 y observa qué sabe José al principio, qué le revela el ángel y cómo responde. Las notas distinguen explicación del pasaje, lenguaje original, variantes, relaciones bíblicas y aplicación editorial. Abre solo el nivel de profundidad que necesites.

Relaciones bíblicas

Jesús perdona y sana al paralítico

Subió a una barca, cruzó al otro lado y llegó a su propia ciudad. Le trajeron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Ánimo, hijo; tus pecados son perdonados». Entonces algunos escribas se dijeron a sí mismos: «Este blasfema». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados son perdonados”, o decir: “Levántate y camina”? Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —dijo entonces al paralítico—, levántate, toma tu camilla y ve a tu casa». Él se levantó y se fue a su casa. Al verlo, las multitudes tuvieron miedo y glorificaron a Dios, que había dado tal autoridad a los seres humanos.

Llamamiento de Mateo

Al pasar de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el puesto de recaudación de impuestos. Le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Mientras estaba a la mesa en la casa, llegaron muchos recaudadores de impuestos y pecadores y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo, los fariseos preguntaban a sus discípulos: «¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores?». Él los oyó y dijo: «Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

La pregunta sobre el ayuno

Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo, pero tus discípulos no ayunan?». Jesús les respondió: «¿Pueden los invitados a la boda estar de luto mientras el novio está con ellos? Vendrán días en que el novio les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone un remiendo de tela sin encoger en un vestido viejo, porque el remiendo tira del vestido y se hace una rotura peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se arruinan. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y ambos se conservan».

Jesús restaura a una mujer y devuelve la vida a una niña

Mientras les decía estas cosas, llegó un dirigente, se postró ante él y dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió, junto con sus discípulos. Una mujer que sufría hemorragias desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Porque se decía a sí misma: «Con solo tocar su manto quedaré sana». Jesús se volvió y, al verla, dijo: «Ánimo, hija; tu fe te ha sanado». Y la mujer quedó sana desde aquel momento. Cuando Jesús llegó a la casa del dirigente y vio a los flautistas y a la multitud alborotada, dijo: «Retírense, porque la niña no ha muerto, sino que duerme». Y se burlaban de él. Después de que echaron fuera a la multitud, entró y la tomó de la mano, y la niña se levantó. La noticia se extendió por toda aquella región.

Dos ciegos reciben la vista

Al salir Jesús de allí, lo siguieron dos ciegos que gritaban: «¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!». Cuando entró en la casa, los ciegos se le acercaron. Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?». Ellos respondieron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos y dijo: «Que les suceda conforme a su fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les advirtió severamente: «Tengan cuidado de que nadie lo sepa». Pero ellos salieron y divulgaron su fama por toda aquella región.

Un mudo habla

Mientras ellos salían, le trajeron a un hombre mudo, endemoniado. Cuando el demonio fue expulsado, el mudo habló. Las multitudes quedaron asombradas y decían: «¡Nunca se ha visto algo así en Israel!». Pero los fariseos decían: «Por el príncipe de los demonios expulsa a los demonios».

La compasión de Jesús y la necesidad de obreros

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban acosadas y abatidas como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su cosecha».

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