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Mateo 6

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Mateo

Mateo te invita a reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo que revela al Padre y el Rey que llama a seguirlo. Su historia comienza con Abraham y David y culmina con la muerte, la resurrección y la autoridad de Jesucristo para enviar discípulos a todas las naciones.

Autor, fecha y primeros lectores

La tradición cristiana atribuye este evangelio a Mateo, el recaudador llamado por Jesús y contado entre los doce. El relato no identifica expresamente a su autor en primera persona. Eusebio conserva un testimonio de Papías que vincula a Mateo con una recopilación de dichos en lengua hebrea; la relación exacta entre esa noticia y el evangelio griego conservado es discutida. Esta tradición es importante, pero no demuestra por sí sola todos los detalles de su composición.

El evangelio se sitúa en el siglo I; no indica un año ni un lugar de redacción, y las propuestas de datación no son unánimes. Su abundante uso de las Escrituras de Israel y sus discusiones sobre la Ley sugieren lectores familiarizados con ese mundo. Al mismo tiempo, el libro anuncia una misión que alcanza a todas las naciones. No debe asignarse a una única comunidad concreta como si el texto la nombrara.

Género y propósito

Es un evangelio: narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús para dar a conocer quién es y llamar a responderle. No es una biografía moderna que pretenda contar cada año de su vida. Mateo combina relatos con grandes bloques de enseñanza y muestra repetidamente cómo Jesús cumple las Escrituras.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: origen, nacimiento e infancia de Jesús.
  2. 3–4: Juan, el bautismo, la tentación y el comienzo del ministerio.
  3. 5–7: la enseñanza de Jesús en el monte.
  4. 8–10: obras de autoridad y envío de los discípulos.
  5. 11–13: respuestas a Jesús, oposición y parábolas del reino.
  6. 14–18: la identidad de Jesús y la formación de sus discípulos.
  7. 19–25: camino a Jerusalén, controversias y enseñanza sobre la vigilancia.
  8. 26–28: entrega, crucifixión, resurrección y misión a las naciones.

Temas que volverás a encontrar

El reino de los cielos; Jesús como Cristo e Hijo de David; el cumplimiento de las Escrituras; la justicia del corazón; la misericordia; la fe; el discipulado; el juicio y la esperanza. El título «reino de los cielos» no se limita a un lugar después de la muerte: en Mateo anuncia el gobierno de Dios y llama a vivir bajo su autoridad.

La salvación ocupa el centro desde 1:21: Jesús salva de los pecados. Su sangre derramada para perdón y su resurrección fundamentan la esperanza. La obediencia del discípulo responde a su gracia; no convierte las obras en un precio para comprar la salvación.

Cómo empezar con Mateo 1

Lee primero 1:1–17 como una historia organizada: promesa, realeza, exilio y llegada del Mesías. Después lee 1:18–25 y observa qué sabe José al principio, qué le revela el ángel y cómo responde. Las notas distinguen explicación del pasaje, lenguaje original, variantes, relaciones bíblicas y aplicación editorial. Abre solo el nivel de profundidad que necesites.

Relaciones bíblicas

Jesús y la limosna

«Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de la gente para que los vean; de lo contrario, no recibirán recompensa de su Padre que está en los cielos. Así que, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para recibir la alabanza de la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Jesús y la oración

Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para que la gente los vea. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Al orar, no usen repeticiones vacías como los paganos, que piensan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan.

La oración que Jesús enseña

Ustedes oren así:
“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra.
Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. No nos lleves a la tentación, sino líbranos del maligno”. Porque si perdonan a los demás sus ofensas, su Padre celestial también los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco su Padre perdonará sus ofensas.

Jesús y el ayuno

Cuando ayunen, no pongan cara triste como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lávate el rostro, para que no sea la gente quien vea que ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Tesoros en el cielo

No acumulen tesoros para ustedes en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen y donde los ladrones abren boquetes y roban. Acumulen, más bien, tesoros para ustedes en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen y donde los ladrones no abren boquetes ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

La mirada que orienta toda la vida

La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué grande es esa oscuridad!

Dios y las riquezas

Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero.

El afán y la ansiedad

Por eso les digo: no se preocupen por su vida, por lo que comerán, ni por su cuerpo, por lo que vestirán. ¿No vale la vida más que el alimento, y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves del cielo: no siembran, no cosechan ni recogen en graneros, y su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir un solo momento a su vida? ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. Pero les digo que ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy existe y mañana se echa al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?”, “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”. Porque los paganos buscan todas estas cosas; su Padre celestial sabe que necesitan todas ellas. Pero busquen primero su reino y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Así que no se preocupen por el mañana, porque el mañana se preocupará de sí mismo. Basta a cada día su propio mal».

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