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Mateo 18

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Mateo

Mateo te invita a reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo que revela al Padre y el Rey que llama a seguirlo. Su historia comienza con Abraham y David y culmina con la muerte, la resurrección y la autoridad de Jesucristo para enviar discípulos a todas las naciones.

Autor, fecha y primeros lectores

La tradición cristiana atribuye este evangelio a Mateo, el recaudador llamado por Jesús y contado entre los doce. El relato no identifica expresamente a su autor en primera persona. Eusebio conserva un testimonio de Papías que vincula a Mateo con una recopilación de dichos en lengua hebrea; la relación exacta entre esa noticia y el evangelio griego conservado es discutida. Esta tradición es importante, pero no demuestra por sí sola todos los detalles de su composición.

El evangelio se sitúa en el siglo I; no indica un año ni un lugar de redacción, y las propuestas de datación no son unánimes. Su abundante uso de las Escrituras de Israel y sus discusiones sobre la Ley sugieren lectores familiarizados con ese mundo. Al mismo tiempo, el libro anuncia una misión que alcanza a todas las naciones. No debe asignarse a una única comunidad concreta como si el texto la nombrara.

Género y propósito

Es un evangelio: narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús para dar a conocer quién es y llamar a responderle. No es una biografía moderna que pretenda contar cada año de su vida. Mateo combina relatos con grandes bloques de enseñanza y muestra repetidamente cómo Jesús cumple las Escrituras.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: origen, nacimiento e infancia de Jesús.
  2. 3–4: Juan, el bautismo, la tentación y el comienzo del ministerio.
  3. 5–7: la enseñanza de Jesús en el monte.
  4. 8–10: obras de autoridad y envío de los discípulos.
  5. 11–13: respuestas a Jesús, oposición y parábolas del reino.
  6. 14–18: la identidad de Jesús y la formación de sus discípulos.
  7. 19–25: camino a Jerusalén, controversias y enseñanza sobre la vigilancia.
  8. 26–28: entrega, crucifixión, resurrección y misión a las naciones.

Temas que volverás a encontrar

El reino de los cielos; Jesús como Cristo e Hijo de David; el cumplimiento de las Escrituras; la justicia del corazón; la misericordia; la fe; el discipulado; el juicio y la esperanza. El título «reino de los cielos» no se limita a un lugar después de la muerte: en Mateo anuncia el gobierno de Dios y llama a vivir bajo su autoridad.

La salvación ocupa el centro desde 1:21: Jesús salva de los pecados. Su sangre derramada para perdón y su resurrección fundamentan la esperanza. La obediencia del discípulo responde a su gracia; no convierte las obras en un precio para comprar la salvación.

Cómo empezar con Mateo 1

Lee primero 1:1–17 como una historia organizada: promesa, realeza, exilio y llegada del Mesías. Después lee 1:18–25 y observa qué sabe José al principio, qué le revela el ángel y cómo responde. Las notas distinguen explicación del pasaje, lenguaje original, variantes, relaciones bíblicas y aplicación editorial. Abre solo el nivel de profundidad que necesites.

Relaciones bíblicas

¿Quién es el mayor?

En aquella hora, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos, y dijo: «Les aseguro que, si no cambian y se hacen como los niños, de ningún modo entrarán en el reino de los cielos. Así que el que se humille como este niño es el mayor en el reino de los cielos. Y el que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Ocasiones de caer

Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino movida por un asno y lo hundieran en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por las ocasiones de tropiezo! Es inevitable que lleguen los tropiezos, pero ¡ay de la persona por quien viene el tropiezo! Si tu mano o tu pie te hace tropezar, córtalo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que, teniendo dos manos o dos pies, ser arrojado al fuego eterno. Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo que, teniendo dos ojos, ser arrojado al infierno de fuego.

Los pequeños ante el Padre celestial

Cuídense de no despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. [Porque el Hijo del Hombre vino a salvar lo perdido.]

Parábola de la oveja perdida

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía, ¿no dejará las noventa y nueve en los montes y saldrá a buscar la extraviada? Y si logra encontrarla, les aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Así, no es la voluntad de su Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeños.

La corrección y restauración del hermano

Si tu hermano peca contra ti, ve y hazle ver su falta, a solas tú y él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o dos más, para que todo asunto quede establecido por boca de dos o tres testigos. Si no los escucha, díselo a la iglesia; y si tampoco escucha a la iglesia, que sea para ti como un pagano y un recaudador de impuestos. Les aseguro que todo lo que aten en la tierra estará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra estará desatado en el cielo. De nuevo les aseguro que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, mi Padre que está en los cielos la hará por ellos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

El perdón que supera la cuenta de las ofensas

Entonces Pedro se acercó y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete veces?». Jesús le dijo: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

El siervo que no quiso perdonar

Por eso, el reino de los cielos se compara con un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Cuando comenzó a ajustar cuentas, le llevaron a uno que le debía millones de monedas de plata. Como no tenía con qué pagar, su amo ordenó que lo vendieran, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, para pagar la deuda. Entonces el siervo se postró ante él y le suplicó: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El amo de aquel siervo, movido a compasión, lo dejó libre y le perdonó la deuda. Pero al salir, aquel siervo encontró a uno de sus compañeros, que le debía el equivalente a unos cien días de salario. Lo agarró y lo estrangulaba, diciendo: “¡Paga lo que debes!”. Su compañero se postró y le rogaba: “Ten paciencia conmigo y te pagaré”. Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando sus compañeros vieron lo sucedido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su amo todo lo que había pasado. Entonces su amo lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Su amo, enojado, lo entregó a los torturadores hasta que pagara todo lo que debía. Así también hará con ustedes mi Padre celestial si cada uno no perdona de corazón a su hermano».

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