Nueva Traducción BibliaTodo

1 Corintios 11

NTBT-2026-11-07

1 Corintios: una comunidad llamada a vivir desde la cruz y la resurrección

Primera de Corintios muestra cómo el evangelio de Jesucristo transforma la vida de una iglesia con dones abundantes y conflictos reales. Pablo llama a dejar la jactancia, cuidar la santidad y servir al hermano, porque la comunidad pertenece al Señor que murió por nuestros pecados y resucitó.

Autor y situación de la carta

Pablo se presenta como apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios y nombra al hermano Sóstenes junto a él. Al final añade un saludo de su propia mano. La identidad del remitente y la responsabilidad apostólica enmarcan tanto sus acciones de gracias como sus correcciones (1 Corintios 1:1; 1 Corintios 16:21–24).

El apóstol conocía personalmente a la comunidad. Hechos 18:1–11 relata su llegada a Corinto, su trabajo junto a Aquila y Priscila, el anuncio de Jesús como el Cristo y la formación de creyentes que oían, creían y eran bautizados. Permaneció allí enseñando la palabra de Dios. La carta recuerda ese ministerio con la imagen de plantar, mientras Apolos regó y Dios dio el crecimiento (1 Corintios 3:5–9).

Pablo escribe durante una etapa en la que permanece en Éfeso y proyecta pasar por Macedonia antes de visitar a los corintios. La carta no consigna un año, pero sí ofrece ese lugar y esos planes como contexto inmediato (1 Corintios 16:5–9). No debe leerse como su primer contacto escrito con ellos: menciona una carta anterior y responde a asuntos que le habían enviado por escrito (1 Corintios 5:9–11; 1 Corintios 7:1).

Destinatarios y propósito

Los destinatarios son la iglesia de Dios en Corinto, santificados en Cristo y llamados a ser santos. El saludo los relaciona con todos los que invocan al mismo Señor. Su identidad procede de la gracia, no del prestigio de un maestro ni de una posición social. La propia comunidad incluía personas de condiciones distintas, y sus dones no habían eliminado las rivalidades (1 Corintios 1:2–9; 1 Corintios 1:26–31).

Pablo había recibido noticias de contiendas por medio de los de Cloé. También conoce situaciones graves de conducta y responde a preguntas sobre matrimonio, alimentos y dones espirituales. La carta no permite reconstruir por completo cada pregunta o cada postura que corrige. Conviene atender a las respuestas enteras, en vez de tratar toda frase aislada como la conclusión final del apóstol (1 Corintios 1:10–13; 1 Corintios 5:1–2; 1 Corintios 7:1–7).

El propósito es que la vida de la iglesia corresponda al evangelio recibido. Cristo no está dividido, los ministros son servidores, el cuerpo pertenece al Señor y los dones existen para el bien común. La corrección no niega la gracia que Dios les concedió; los llama a vivir de manera coherente con ella y a dejar que el amor gobierne su conocimiento, libertad y culto.

Cómo avanza el argumento

  • 1:1–9: saludo, gratitud por la gracia y los dones, y confianza en la fidelidad de Dios.
  • 1:10–4:21: divisiones, sabiduría de la cruz y lugar de los servidores. La comunidad pertenece a Cristo y no debe convertir a sus mensajeros en motivos de jactancia.
  • 5:1–6:20: santidad de la comunidad, responsabilidad ante el pecado, conflictos entre hermanos y pertenencia del cuerpo al Señor.
  • 7:1–40: matrimonio, soltería y fidelidad a Dios en distintas circunstancias. Pablo distingue mandatos recibidos del Señor y su parecer apostólico para situaciones concretas.
  • 8:1–11:1: alimentos, conciencia, derechos y renuncia por amor. La libertad no autoriza a herir al hermano ni a participar en la idolatría; todo debe orientarse a la gloria de Dios.
  • 11:2–34: conducta en la reunión y corrección del desprecio a los pobres en la Cena del Señor. La muerte de Cristo debe ser proclamada con una comunión que corresponda a su entrega.
  • 12:1–14:40: diversidad de dones del mismo Espíritu, unidad del cuerpo, primacía del amor y orden que permite comprender y ser edificado.
  • 15:1–58: evangelio de la muerte y resurrección de Cristo, esperanza de la resurrección de los creyentes y victoria sobre la muerte que sostiene el servicio presente.
  • 16:1–24: colecta para los santos, planes, colaboradores, exhortación a actuar con amor y saludos finales.

Claves para comprenderla

La cruz de Cristo es el criterio que cuestiona la búsqueda de prestigio. Pablo no rechaza el entendimiento ni una enseñanza cuidadosa; rechaza una sabiduría que se considera suficiente y deja sin efecto el anuncio del Salvador crucificado. La madurez se reconoce en una comprensión que conduce al amor y en una dependencia real del poder de Dios (1 Corintios 1:17–25; 1 Corintios 2:1–5; 1 Corintios 8:1–3).

La santidad responde a una pertenencia recibida. Los creyentes han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de Dios; por eso deben glorificarlo en su cuerpo. Las exhortaciones no ofrecen un precio para comprar salvación, sino que muestran las consecuencias de haber sido recibidos por gracia (1 Corintios 6:9–20).

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan sin confundirse. La iglesia recibe gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. El Espíritu da a conocer los dones de Dios, hace posible la confesión del señorío de Jesús y reparte según su voluntad para el bien común. Una manifestación espiritual debe ser discernida por su relación con Cristo, la verdad y la edificación, no por la intensidad de una impresión personal (1 Corintios 1:3; 1 Corintios 2:10–13; 1 Corintios 12:3–11; 1 Corintios 14:26–33).

El amor del capítulo 13 no es un tema separado de los conflictos de la carta. Enseña cómo deben ejercerse los dones y cómo tratar a los hermanos. No se alegra de la injusticia, sino con la verdad, y corrige la ambición que desprecia a quienes parecen menos importantes. La Cena del Señor, el servicio y la reunión deben expresar esa misma comunión.

La resurrección es el fundamento de la esperanza, no un apéndice del mensaje. Si Cristo no hubiera resucitado, la fe sería inútil y el pecado seguiría sin respuesta. Pero él ha resucitado y quienes le pertenecen esperan su victoria sobre la muerte. Por eso el trabajo en el Señor no es en vano, aun en medio de aflicciones (1 Corintios 15:12–26; 1 Corintios 15:50–58).

Aplicación editorial

Lee esta carta dispuesto a examinar qué ocupa el centro de tu fe y de tus relaciones. Jesucristo es nuestro único Salvador; ningún dirigente, don o conocimiento puede tomar su lugar. Recibe su gracia, honra al Padre, sigue la guía del Espíritu Santo y busca el bien de los hermanos. La esperanza del Resucitado permite servir con firmeza y amor sin convertir el servicio en una competencia.

Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.

La cabeza cubierta o descubierta en el culto

Los alabo porque se acuerdan de mí en todo y conservan las enseñanzas transmitidas, tal como se las entregué. Pero quiero que sepan que Cristo es la cabeza de todo hombre, el hombre es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo. Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta deshonra su cabeza. En cambio, toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza, pues es lo mismo que si estuviera rapada. Porque, si la mujer no se cubre, que también se corte el cabello; pero, si es vergonzoso para una mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. El hombre no debe cubrirse la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre; y el hombre no fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del hombre. Por eso la mujer debe llevar una señal de autoridad sobre la cabeza, por causa de los ángeles. Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre ni el hombre es independiente de la mujer. Porque, así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace por medio de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzguen ustedes mismos: ¿es apropiado que una mujer ore a Dios con la cabeza descubierta? ¿No les enseña la naturaleza misma que es deshonroso para un hombre llevar el cabello largo, pero que para una mujer es una gloria llevarlo largo? Porque el cabello le ha sido dado como cubierta. Pero, si alguno quiere discutir, nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco las iglesias de Dios.

Abusos en la Cena del Señor

Al darles estas instrucciones no los alabo, porque se reúnen para empeorar y no para mejorar. En primer lugar, oigo que, cuando se reúnen como iglesia, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Porque también tiene que haber facciones entre ustedes, para que se manifiesten entre ustedes los que son aprobados. Por tanto, cuando se reúnen en un mismo lugar, eso no es comer la Cena del Señor. Porque, al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena, y uno se queda con hambre mientras otro se emborracha. ¿Acaso no tienen casas para comer y beber? ¿O desprecian a la iglesia de Dios y avergüenzan a los que nada tienen? ¿Qué les diré? ¿Los alabaré? En esto no los alabo.

Institución de la Cena del Señor

Porque yo recibí del Señor lo que también les transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que es para ustedes. Hagan esto en memoria de mí». De igual manera, después de cenar, tomó también la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre. Hagan esto, cada vez que la beban, en memoria de mí». Porque, cada vez que comen este pan y beben la copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga.

El examen personal y la disciplina del Señor

Por tanto, el que coma el pan o beba la copa del Señor de manera indigna será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor. Examínese cada uno a sí mismo, y así coma del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe juicio para sí mismo. Por eso hay entre ustedes muchos débiles y enfermos, y bastantes han muerto. Pero, si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. Sin embargo, cuando somos juzgados por el Señor, somos disciplinados para que no seamos condenados con el mundo. Por tanto, hermanos míos, cuando se reúnan para comer, espérense unos a otros. Si alguno tiene hambre, que coma en casa, para que no se reúnan para juicio. En cuanto a los demás asuntos, los ordenaré cuando vaya.

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