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Levítico 13

NTBT-2026-11-07

Introducción a Levítico

Al terminar Éxodo, la gloria de Jehová llena el tabernáculo. Levítico comienza con el Señor hablando desde esa tienda. El pueblo ha sido liberado de Egipto y Dios habita en medio de él; ahora necesita aprender cómo acercarse, recibir purificación y vivir en consonancia con su santidad.

Las instrucciones sobre ofrendas, sacerdotes, alimentos, lavamientos, relaciones y tiempos de celebración pertenecen a esa vida de pacto. El libro reúne el culto y la conducta cotidiana: la presencia del Señor tiene implicaciones para el altar, pero también para el trato al vecino, al trabajador, al pobre y al extranjero.

El nombre y la continuidad de la historia

El nombre hebreo del libro procede de su primera palabra, wayyiqrāʾ, «y llamó». El título «Levítico» lo relaciona con Leví y con el ámbito sacerdotal, aunque sus enseñanzas se dirigen a toda la comunidad. Los sacerdotes de la familia de Aarón tienen responsabilidades particulares; el resto de Israel también debe conocer y obedecer las disposiciones que recibe por medio de Moisés.

El escenario principal sigue siendo el desierto de Sinaí. Éxodo fecha el montaje del tabernáculo en el primer día del primer mes del segundo año, y Números comienza con una comunicación divina en el primer día del segundo mes de ese año. Levítico queda situado narrativamente entre esos momentos, mientras Israel permanece junto al monte. El libro también recoge instrucciones para cuando entre en la tierra, como las del reposo de los campos.

Autoría y grado de certeza

Levítico forma parte del Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio texto presenta sus mandatos como palabras que Jehová comunica a Moisés para Israel; en algunos discursos interviene también Aarón como destinatario. El resumen final vuelve a situar los mandamientos en el Sinaí, dados por medio de Moisés. Ese es el marco de autoridad que el libro afirma expresamente.

El texto no ofrece una fecha de composición ni describe todo el proceso por el cual sus instrucciones adquirieron su forma escrita final. Conviene distinguir ese asunto de la ambientación de los acontecimientos: el escenario del Sinaí es explícito, mientras que la fecha y las etapas de la redacción no se detallan dentro del libro.

Destinatarios y propósito

La comunidad de Israel debe aprender a vivir delante del Dios que la ha rescatado. El Señor se presenta como quien rompió su yugo de esclavitud y promete andar en medio de ella. La obediencia se desarrolla dentro de esa relación recibida; las disposiciones de santidad no son el precio con el que Israel consigue por primera vez la atención de Dios.

Los sacerdotes deben distinguir entre lo santo y lo común, entre lo puro y lo impuro, y enseñar los estatutos al pueblo. Las ofrendas y los procedimientos de purificación permiten atender situaciones concretas del culto; los mandamientos sobre la vida diaria ordenan las relaciones de una comunidad que pertenece al Señor. La santidad une cercanía, responsabilidad y servicio.

Forma literaria y desarrollo

Predominan los discursos legales, introducidos por fórmulas que identifican al Señor como quien habla y a Moisés como mediador. Las instrucciones presentan casos y distinguen condiciones: el tipo de ofrenda, los recursos de la persona, la responsabilidad del sacerdote o la clase de impureza. Las repeticiones ayudan a comparar situaciones y a reconocer diferencias importantes.

También hay narración, especialmente en la consagración de Aarón y de sus hijos y en el comienzo de su servicio. La muerte de Nadab y Abiú muestra la gravedad de acercarse a Dios desatendiendo su mandato. El libro combina así enseñanza y acontecimientos que hacen visible la responsabilidad del ministerio.

Cómo avanza el libro

  • Levítico 1–7: las principales ofrendas y las responsabilidades de quienes las presentan y de los sacerdotes.
  • Levítico 8–10: consagración de Aarón y sus hijos, comienzo del servicio y muerte de Nadab y Abiú.
  • Levítico 11–15: distinciones de pureza e impureza y procedimientos relacionados con alimentos, parto, afecciones de la piel y flujos corporales.
  • Levítico 16: el Día de la Expiación y la purificación del santuario y del pueblo.
  • Levítico 17–22: sangre, vida, conducta sexual, justicia, amor al prójimo, santidad sacerdotal y cuidado de las ofrendas.
  • Levítico 23–24: tiempos señalados, servicio de lámparas y pan, y disposiciones relativas al nombre del Señor y a la justicia.
  • Levítico 25: reposo de la tierra, jubileo, posesiones y responsabilidades hacia el hermano empobrecido.
  • Levítico 26: bendiciones del pacto, consecuencias de la desobediencia y memoria de la fidelidad de Dios.
  • Levítico 27: votos y disposiciones sobre personas, animales, bienes y otras dedicaciones al Señor.

Claves para comprender sus enseñanzas

La santidad nace de quién es Dios. «Serán santos, porque yo, Jehová su Dios, soy santo» dirige la vida de toda la comunidad. La santidad comprende lo que se presenta en el santuario y la forma de tratar a otros. Dejar alimento para el necesitado, pagar al trabajador, juzgar sin favoritismos y amar al prójimo forman parte del mismo llamado.

La expiación es una provisión de Dios. Levítico 17:11 relaciona la sangre con la vida y declara que Dios la ha dado sobre el altar para hacer expiación. Los sacrificios pertenecen al modo que él establece para atender el pecado y la impureza en medio del pueblo. Cada clase de ofrenda debe entenderse por su función propia: no todas se preparan de la misma manera ni responden a la misma situación.

Impureza ritual y culpa moral deben distinguirse. Algunas situaciones de impureza surgen de procesos corporales ordinarios, como los vinculados al parto. El estado ritual afecta al acceso al santuario sin significar por sí mismo que la persona haya cometido una falta moral. El libro también trata pecados y transgresiones; por eso es necesario atender a la situación concreta, a lo que debe purificarse y a la respuesta que se ordena.

El pacto abarca toda la vida. Los tiempos de reposo y celebración, el uso de la tierra y las relaciones económicas recuerdan que Israel vive ante su Dios. Las advertencias del capítulo 26 muestran que la desobediencia tiene consecuencias; su cierre mantiene la memoria de las promesas a los patriarcas y de la fidelidad del Señor incluso en medio del juicio.

Levítico y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma este lenguaje para presentar la obra de Jesús. Hebreos explica que la repetición de sacrificios no podía dar la purificación definitiva de la conciencia, y anuncia que Cristo obtuvo redención eterna mediante su propia sangre. Su ofrenda, hecha de una vez para siempre, es el fundamento de nuestra confianza para acercarnos a Dios. La salvación es por su gracia mediante la fe en él, nuestro Señor y único Salvador.

Pedro une el llamado a ser santos con el rescate recibido mediante la sangre preciosa de Cristo, descrito como un cordero sin defecto y sin mancha. La obediencia es la respuesta a ese rescate. La relación con Levítico se desarrolla desde esas conexiones bíblicas, respetando también la función histórica de cada instrucción en el culto de Israel.

Jesús cita el mandato de amar al prójimo como a uno mismo al enseñar cuáles son los mayores mandamientos. La vida consagrada al Padre incluye amor, justicia y misericordia. El Espíritu Santo nos guía conforme a la verdad de Dios y a la obra de Jesucristo; la enseñanza de santidad debe conducir a una vida rendida al Señor y al cuidado de las personas.

Orientación para tu lectura

Al comenzar una instrucción, observa quién debe actuar, qué presenta, dónde lo hace y con qué finalidad. Distingue las tareas de la persona que lleva la ofrenda y las del sacerdote. Cuando se repita un procedimiento, busca qué se mantiene y qué cambia; a menudo esa diferencia explica el sentido de la nueva situación.

Lee los términos «santo», «puro», «impuro», «pecado» y «expiación» dentro de cada contexto. Las notas te ayudarán a conocer el vocabulario original y las costumbres que necesiten explicación. Después considera cómo el Nuevo Testamento desarrolla la relación con Cristo antes de trasladar directamente una disposición ritual a tu vida. Busca comprender la santidad de Dios, la provisión de su gracia y la respuesta de fe y obediencia que te corresponde.

Relaciones bíblicas

Las afecciones de la piel y de los tejidos

El SEÑOR habló a Moisés y a Aarón y les dijo: «Si alguien tiene en la piel de su cuerpo una hinchazón, una erupción o una mancha brillante que llegue a ser una lesión de una enfermedad cutánea, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes. El sacerdote examinará la lesión en la piel del cuerpo. Si el vello de la lesión se ha vuelto blanco y la lesión parece más profunda que la piel del cuerpo, es una lesión de una enfermedad cutánea. El sacerdote lo examinará y lo declarará impuro. Pero si hay una mancha blanca en la piel de su cuerpo que no parece más profunda que la piel, y su vello no se ha vuelto blanco, el sacerdote aislará al afectado durante siete días. Al séptimo día el sacerdote lo examinará. Si ve que la lesión no ha cambiado de aspecto ni se ha extendido por la piel, el sacerdote lo aislará otros siete días. Al séptimo día el sacerdote volverá a examinarlo. Si la lesión se ha atenuado y no se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará puro; es una erupción. Lavará su ropa y quedará puro. Pero si la erupción se extiende por la piel después de haberse presentado ante el sacerdote para su purificación, se presentará de nuevo ante el sacerdote. El sacerdote lo examinará; si la erupción se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará impuro. Es una enfermedad cutánea.

Lesiones persistentes y cambios en la piel

Cuando alguien tenga una lesión de una enfermedad cutánea, será llevado al sacerdote. El sacerdote lo examinará; si hay una hinchazón blanca en la piel que ha vuelto blanco el vello, y hay carne viva en la hinchazón, es una enfermedad cutánea crónica en la piel de su cuerpo. El sacerdote lo declarará impuro; no lo aislará para observarlo, porque es impuro. Pero si la enfermedad brota por la piel y cubre toda la piel del afectado, desde la cabeza hasta los pies, hasta donde el sacerdote pueda ver, el sacerdote lo examinará. Si la enfermedad ha cubierto todo su cuerpo, declarará puro al afectado. Todo su cuerpo se ha vuelto blanco; es puro. Pero cuando aparezca en él carne viva, quedará impuro. El sacerdote examinará la carne viva y lo declarará impuro. La carne viva es impura; es una enfermedad cutánea. Pero si la carne viva cambia y se vuelve blanca, el afectado irá al sacerdote. El sacerdote lo examinará; si la lesión se ha vuelto blanca, el sacerdote declarará puro al afectado. Es puro.

Las lesiones después de una llaga

Si alguien tiene en la piel una llaga que se haya curado, y en el lugar de la llaga aparece una hinchazón blanca o una mancha de color blanco rojizo, se presentará ante el sacerdote. El sacerdote la examinará; si parece más profunda que la piel y su vello se ha vuelto blanco, el sacerdote lo declarará impuro. Es una lesión de una enfermedad cutánea que ha brotado en la llaga. Pero si el sacerdote la examina y no hay en ella vello blanco, no es más profunda que la piel y se ha atenuado, el sacerdote lo aislará durante siete días. Si se extiende por la piel, el sacerdote lo declarará impuro. Es una lesión. Pero si la mancha permanece en su lugar y no se extiende, es la cicatriz de la llaga, y el sacerdote lo declarará puro.

Las lesiones en una quemadura

O si alguien tiene en la piel una quemadura de fuego y en la carne viva de la quemadura aparece una mancha de color blanco rojizo o blanco, el sacerdote la examinará. Si el vello de la mancha se ha vuelto blanco y esta parece más profunda que la piel, es una enfermedad cutánea que ha brotado en la quemadura. El sacerdote lo declarará impuro; es una lesión de una enfermedad cutánea. Pero si el sacerdote la examina y no hay vello blanco en la mancha, no es más profunda que la piel y se ha atenuado, el sacerdote lo aislará durante siete días. Al séptimo día el sacerdote lo examinará. Si se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará impuro. Es una lesión de una enfermedad cutánea. Pero si la mancha permanece en su lugar, no se ha extendido por la piel y se ha atenuado, es una hinchazón de la quemadura. El sacerdote lo declarará puro, porque es la cicatriz de la quemadura.

Las lesiones en la cabeza y en la barba

Si un hombre o una mujer tiene una lesión en la cabeza o en la barba, el sacerdote examinará la lesión. Si parece más profunda que la piel y tiene vello amarillo y fino, el sacerdote lo declarará impuro. Es una erupción costrosa, una enfermedad cutánea de la cabeza o de la barba. Pero si el sacerdote examina la lesión de la erupción costrosa y ve que no parece más profunda que la piel y que no hay en ella vello negro, el sacerdote aislará al afectado por la erupción costrosa durante siete días. Al séptimo día el sacerdote examinará la lesión. Si la erupción costrosa no se ha extendido, no tiene vello amarillo y no parece más profunda que la piel, el afectado se rasurará, pero no rasurará la zona de la erupción costrosa. El sacerdote aislará al afectado por la erupción costrosa otros siete días. Al séptimo día el sacerdote examinará la erupción costrosa. Si no se ha extendido por la piel y no parece más profunda que la piel, el sacerdote lo declarará puro. Lavará su ropa y quedará puro. Pero si la erupción costrosa se extiende por la piel después de su purificación, el sacerdote lo examinará. Si la erupción costrosa se ha extendido por la piel, el sacerdote no necesitará buscar vello amarillo; es impuro. Pero si, a su juicio, la erupción costrosa no ha cambiado y ha crecido en ella vello negro, la erupción costrosa está curada. Es puro, y el sacerdote lo declarará puro.

Las manchas blancas y la pérdida del cabello

Si un hombre o una mujer tiene manchas en la piel de su cuerpo, manchas blancas, el sacerdote lo examinará. Si las manchas de la piel de su cuerpo son de un blanco apagado, es una erupción inofensiva que ha brotado en la piel. Es puro. Si a un hombre se le cae el cabello, es calvo, pero es puro. Si se le cae el cabello de la parte delantera de la cabeza, es calvo de la frente, pero es puro. Pero si en la zona calva de la cabeza o de la frente aparece una lesión de color blanco rojizo, es una enfermedad cutánea que brota en la calva de la cabeza o de la frente. El sacerdote lo examinará. Si la hinchazón de la lesión en la calva de la cabeza o de la frente es de color blanco rojizo, con el aspecto de una enfermedad cutánea del cuerpo, es un hombre con una enfermedad cutánea; es impuro. El sacerdote deberá declararlo impuro; tiene la lesión en la cabeza.

La vida del declarado impuro

El afectado por la enfermedad cutánea llevará la ropa rasgada, el cabello desarreglado y se cubrirá la boca. Gritará: “¡Impuro! ¡Impuro!”. Permanecerá impuro todo el tiempo que tenga la lesión. Es impuro; vivirá solo y su morada estará fuera del campamento.

Las manchas en los tejidos y el cuero

Si aparece una mancha de moho en una prenda, sea de lana o de lino, en la urdimbre o en la trama de lino o de lana, en una piel o en cualquier objeto de cuero, y la mancha de la prenda, de la piel, de la urdimbre, de la trama o de cualquier objeto de cuero es verdosa o rojiza, es una mancha de moho y se mostrará al sacerdote. El sacerdote examinará la mancha y aislará el objeto afectado durante siete días. Al séptimo día examinará la mancha. Si se ha extendido por la prenda, por la urdimbre, por la trama o por el cuero, cualquiera que sea el uso del cuero, la mancha es moho destructivo; el objeto es impuro. Quemará la prenda, o la urdimbre o la trama de lana o de lino, o cualquier objeto de cuero que tenga la mancha, porque es moho destructivo; se quemará al fuego. Pero si el sacerdote lo examina y ve que la mancha no se ha extendido por la prenda, por la urdimbre, por la trama o por cualquier objeto de cuero, el sacerdote mandará lavar el objeto afectado y lo aislará otros siete días. El sacerdote examinará la mancha después de que se haya lavado. Si la mancha no ha cambiado de color, aunque no se haya extendido, el objeto es impuro; lo quemarás al fuego. Es una corrosión, sea por el revés o por el derecho. Pero si el sacerdote lo examina y ve que la mancha se ha atenuado después del lavado, arrancará la parte afectada de la prenda, del cuero, de la urdimbre o de la trama. Si vuelve a aparecer en la prenda, en la urdimbre, en la trama o en cualquier objeto de cuero, está brotando de nuevo; quemarás al fuego el objeto que tenga la mancha. La prenda, la urdimbre, la trama o cualquier objeto de cuero que hayas lavado y del que haya desaparecido la mancha se lavará por segunda vez y quedará puro. Esta es la ley acerca de la mancha de moho en una prenda de lana o de lino, en la urdimbre, en la trama o en cualquier objeto de cuero, para declararlo puro o impuro».

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