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Levítico 14

NTBT-2026-11-07

Introducción a Levítico

Al terminar Éxodo, la gloria de Jehová llena el tabernáculo. Levítico comienza con el Señor hablando desde esa tienda. El pueblo ha sido liberado de Egipto y Dios habita en medio de él; ahora necesita aprender cómo acercarse, recibir purificación y vivir en consonancia con su santidad.

Las instrucciones sobre ofrendas, sacerdotes, alimentos, lavamientos, relaciones y tiempos de celebración pertenecen a esa vida de pacto. El libro reúne el culto y la conducta cotidiana: la presencia del Señor tiene implicaciones para el altar, pero también para el trato al vecino, al trabajador, al pobre y al extranjero.

El nombre y la continuidad de la historia

El nombre hebreo del libro procede de su primera palabra, wayyiqrāʾ, «y llamó». El título «Levítico» lo relaciona con Leví y con el ámbito sacerdotal, aunque sus enseñanzas se dirigen a toda la comunidad. Los sacerdotes de la familia de Aarón tienen responsabilidades particulares; el resto de Israel también debe conocer y obedecer las disposiciones que recibe por medio de Moisés.

El escenario principal sigue siendo el desierto de Sinaí. Éxodo fecha el montaje del tabernáculo en el primer día del primer mes del segundo año, y Números comienza con una comunicación divina en el primer día del segundo mes de ese año. Levítico queda situado narrativamente entre esos momentos, mientras Israel permanece junto al monte. El libro también recoge instrucciones para cuando entre en la tierra, como las del reposo de los campos.

Autoría y grado de certeza

Levítico forma parte del Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio texto presenta sus mandatos como palabras que Jehová comunica a Moisés para Israel; en algunos discursos interviene también Aarón como destinatario. El resumen final vuelve a situar los mandamientos en el Sinaí, dados por medio de Moisés. Ese es el marco de autoridad que el libro afirma expresamente.

El texto no ofrece una fecha de composición ni describe todo el proceso por el cual sus instrucciones adquirieron su forma escrita final. Conviene distinguir ese asunto de la ambientación de los acontecimientos: el escenario del Sinaí es explícito, mientras que la fecha y las etapas de la redacción no se detallan dentro del libro.

Destinatarios y propósito

La comunidad de Israel debe aprender a vivir delante del Dios que la ha rescatado. El Señor se presenta como quien rompió su yugo de esclavitud y promete andar en medio de ella. La obediencia se desarrolla dentro de esa relación recibida; las disposiciones de santidad no son el precio con el que Israel consigue por primera vez la atención de Dios.

Los sacerdotes deben distinguir entre lo santo y lo común, entre lo puro y lo impuro, y enseñar los estatutos al pueblo. Las ofrendas y los procedimientos de purificación permiten atender situaciones concretas del culto; los mandamientos sobre la vida diaria ordenan las relaciones de una comunidad que pertenece al Señor. La santidad une cercanía, responsabilidad y servicio.

Forma literaria y desarrollo

Predominan los discursos legales, introducidos por fórmulas que identifican al Señor como quien habla y a Moisés como mediador. Las instrucciones presentan casos y distinguen condiciones: el tipo de ofrenda, los recursos de la persona, la responsabilidad del sacerdote o la clase de impureza. Las repeticiones ayudan a comparar situaciones y a reconocer diferencias importantes.

También hay narración, especialmente en la consagración de Aarón y de sus hijos y en el comienzo de su servicio. La muerte de Nadab y Abiú muestra la gravedad de acercarse a Dios desatendiendo su mandato. El libro combina así enseñanza y acontecimientos que hacen visible la responsabilidad del ministerio.

Cómo avanza el libro

  • Levítico 1–7: las principales ofrendas y las responsabilidades de quienes las presentan y de los sacerdotes.
  • Levítico 8–10: consagración de Aarón y sus hijos, comienzo del servicio y muerte de Nadab y Abiú.
  • Levítico 11–15: distinciones de pureza e impureza y procedimientos relacionados con alimentos, parto, afecciones de la piel y flujos corporales.
  • Levítico 16: el Día de la Expiación y la purificación del santuario y del pueblo.
  • Levítico 17–22: sangre, vida, conducta sexual, justicia, amor al prójimo, santidad sacerdotal y cuidado de las ofrendas.
  • Levítico 23–24: tiempos señalados, servicio de lámparas y pan, y disposiciones relativas al nombre del Señor y a la justicia.
  • Levítico 25: reposo de la tierra, jubileo, posesiones y responsabilidades hacia el hermano empobrecido.
  • Levítico 26: bendiciones del pacto, consecuencias de la desobediencia y memoria de la fidelidad de Dios.
  • Levítico 27: votos y disposiciones sobre personas, animales, bienes y otras dedicaciones al Señor.

Claves para comprender sus enseñanzas

La santidad nace de quién es Dios. «Serán santos, porque yo, Jehová su Dios, soy santo» dirige la vida de toda la comunidad. La santidad comprende lo que se presenta en el santuario y la forma de tratar a otros. Dejar alimento para el necesitado, pagar al trabajador, juzgar sin favoritismos y amar al prójimo forman parte del mismo llamado.

La expiación es una provisión de Dios. Levítico 17:11 relaciona la sangre con la vida y declara que Dios la ha dado sobre el altar para hacer expiación. Los sacrificios pertenecen al modo que él establece para atender el pecado y la impureza en medio del pueblo. Cada clase de ofrenda debe entenderse por su función propia: no todas se preparan de la misma manera ni responden a la misma situación.

Impureza ritual y culpa moral deben distinguirse. Algunas situaciones de impureza surgen de procesos corporales ordinarios, como los vinculados al parto. El estado ritual afecta al acceso al santuario sin significar por sí mismo que la persona haya cometido una falta moral. El libro también trata pecados y transgresiones; por eso es necesario atender a la situación concreta, a lo que debe purificarse y a la respuesta que se ordena.

El pacto abarca toda la vida. Los tiempos de reposo y celebración, el uso de la tierra y las relaciones económicas recuerdan que Israel vive ante su Dios. Las advertencias del capítulo 26 muestran que la desobediencia tiene consecuencias; su cierre mantiene la memoria de las promesas a los patriarcas y de la fidelidad del Señor incluso en medio del juicio.

Levítico y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma este lenguaje para presentar la obra de Jesús. Hebreos explica que la repetición de sacrificios no podía dar la purificación definitiva de la conciencia, y anuncia que Cristo obtuvo redención eterna mediante su propia sangre. Su ofrenda, hecha de una vez para siempre, es el fundamento de nuestra confianza para acercarnos a Dios. La salvación es por su gracia mediante la fe en él, nuestro Señor y único Salvador.

Pedro une el llamado a ser santos con el rescate recibido mediante la sangre preciosa de Cristo, descrito como un cordero sin defecto y sin mancha. La obediencia es la respuesta a ese rescate. La relación con Levítico se desarrolla desde esas conexiones bíblicas, respetando también la función histórica de cada instrucción en el culto de Israel.

Jesús cita el mandato de amar al prójimo como a uno mismo al enseñar cuáles son los mayores mandamientos. La vida consagrada al Padre incluye amor, justicia y misericordia. El Espíritu Santo nos guía conforme a la verdad de Dios y a la obra de Jesucristo; la enseñanza de santidad debe conducir a una vida rendida al Señor y al cuidado de las personas.

Orientación para tu lectura

Al comenzar una instrucción, observa quién debe actuar, qué presenta, dónde lo hace y con qué finalidad. Distingue las tareas de la persona que lleva la ofrenda y las del sacerdote. Cuando se repita un procedimiento, busca qué se mantiene y qué cambia; a menudo esa diferencia explica el sentido de la nueva situación.

Lee los términos «santo», «puro», «impuro», «pecado» y «expiación» dentro de cada contexto. Las notas te ayudarán a conocer el vocabulario original y las costumbres que necesiten explicación. Después considera cómo el Nuevo Testamento desarrolla la relación con Cristo antes de trasladar directamente una disposición ritual a tu vida. Busca comprender la santidad de Dios, la provisión de su gracia y la respuesta de fe y obediencia que te corresponde.

Relaciones bíblicas

La purificación y el regreso al campamento

El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: «Esta será la ley para el afectado por una enfermedad cutánea el día de su purificación: será llevado al sacerdote. El sacerdote saldrá fuera del campamento y lo examinará. Si la lesión de la enfermedad cutánea se ha curado en el afectado, el sacerdote mandará que se tomen para el que se purifica dos aves vivas y puras, madera de cedro, hilo escarlata e hisopo. El sacerdote mandará que se degüelle una de las aves sobre una vasija de barro que contenga agua de manantial. Tomará el ave viva, la madera de cedro, el hilo escarlata y el hisopo y los mojará, junto con el ave viva, en la sangre del ave degollada sobre el agua de manantial. Rociará siete veces al que se purifica de la enfermedad cutánea, lo declarará puro y soltará el ave viva en campo abierto. El que se purifica lavará su ropa, se rasurará todo el pelo y se bañará con agua, y quedará puro. Después podrá entrar en el campamento, pero permanecerá fuera de su tienda durante siete días. Al séptimo día se rasurará todo el pelo: el de la cabeza, la barba y las cejas; se rasurará todo su pelo. Lavará su ropa y bañará su cuerpo con agua, y quedará puro.

Las ofrendas del octavo día

Al octavo día tomará dos corderos sin defecto, una cordera de un año sin defecto, unos seis litros de harina fina como ofrenda de cereal amasada con aceite y aproximadamente una taza de aceite. El sacerdote que lo purifica presentará al hombre que se purifica y estas ofrendas delante del SEÑOR, a la entrada de la tienda de reunión. El sacerdote tomará uno de los corderos y lo presentará como ofrenda por la culpa, junto con la taza de aceite; los mecerá como ofrenda mecida delante del SEÑOR. Degollará el cordero en el lugar donde se degüellan la ofrenda por el pecado y el holocausto, en el lugar santo. Porque, al igual que la ofrenda por el pecado, la ofrenda por la culpa pertenece al sacerdote; es santísima. El sacerdote tomará de la sangre de la ofrenda por la culpa, y el sacerdote la pondrá en el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, en el pulgar de su mano derecha y en el dedo gordo de su pie derecho. El sacerdote tomará un poco de la taza de aceite y lo derramará en la palma de su mano izquierda. El sacerdote mojará el dedo de su mano derecha en el aceite que tiene en la palma izquierda y rociará con su dedo parte del aceite siete veces delante del SEÑOR. Del aceite que le queda en la palma, el sacerdote pondrá un poco en el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, en el pulgar de su mano derecha y en el dedo gordo de su pie derecho, sobre la sangre de la ofrenda por la culpa. El aceite que quede en la palma del sacerdote lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica. El sacerdote hará expiación por él delante del SEÑOR. El sacerdote presentará la ofrenda por el pecado y hará expiación por el que se purifica de su impureza. Después degollará el holocausto. El sacerdote presentará sobre el altar el holocausto y la ofrenda de cereal. El sacerdote hará expiación por él, y quedará puro.

La provisión para quien tiene pocos recursos

Pero si el que se purifica es pobre y no le alcanza, tomará un cordero para la ofrenda por la culpa, como ofrenda mecida para hacer expiación por él, unos dos litros de harina fina amasada con aceite para la ofrenda de cereal y aproximadamente una taza de aceite, y dos tórtolas o dos pichones de paloma, según sus posibilidades, uno para la ofrenda por el pecado y el otro para el holocausto. Al octavo día los llevará al sacerdote para su purificación, a la entrada de la tienda de reunión, delante del SEÑOR. El sacerdote tomará el cordero de la ofrenda por la culpa y la taza de aceite, y el sacerdote los mecerá como ofrenda mecida delante del SEÑOR. Degollará el cordero de la ofrenda por la culpa; el sacerdote tomará de la sangre de la ofrenda por la culpa y la pondrá en el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, en el pulgar de su mano derecha y en el dedo gordo de su pie derecho. El sacerdote derramará parte del aceite en la palma de su mano izquierda. Con el dedo de su mano derecha, el sacerdote rociará siete veces delante del SEÑOR parte del aceite que tiene en la palma izquierda. El sacerdote pondrá parte del aceite que tiene en la palma en el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, en el pulgar de su mano derecha y en el dedo gordo de su pie derecho, en el lugar donde se puso la sangre de la ofrenda por la culpa. El aceite que quede en la palma del sacerdote lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para hacer expiación por él delante del SEÑOR. Ofrecerá una de las tórtolas o uno de los pichones de paloma que haya podido conseguir: según sus posibilidades, uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto, junto con la ofrenda de cereal. El sacerdote hará expiación por el que se purifica delante del SEÑOR. Esta es la ley para quien tenga una lesión de una enfermedad cutánea y no cuente con recursos suficientes para su purificación».

Las manchas en las casas

El SEÑOR habló a Moisés y a Aarón y les dijo: «Cuando entren en la tierra de Canaán, que les doy como posesión, si yo hago aparecer una mancha de moho en una casa de la tierra que les pertenece, el dueño de la casa irá a informar al sacerdote: “He visto en la casa algo que parece una mancha”. El sacerdote mandará vaciar la casa antes de que él entre a examinar la mancha, para que no quede impuro todo lo que haya en la casa. Después el sacerdote entrará a examinar la casa. Examinará la mancha; si la mancha en las paredes de la casa presenta zonas hundidas verdosas o rojizas, que parecen más profundas que la superficie de la pared, el sacerdote saldrá de la casa hasta su entrada y cerrará la casa durante siete días. Al séptimo día el sacerdote volverá y la examinará. Si la mancha se ha extendido por las paredes de la casa, el sacerdote mandará que retiren las piedras que tengan la mancha y las arrojen fuera de la ciudad, a un lugar impuro. Hará raspar todo el interior de la casa, y arrojarán el material raspado fuera de la ciudad, a un lugar impuro. Tomarán otras piedras y las pondrán en el lugar de aquellas piedras; se tomará otra mezcla y se revocará la casa. Pero si la mancha vuelve a brotar en la casa después de que se hayan retirado las piedras, raspado la casa y revocado sus paredes, el sacerdote irá y la examinará. Si la mancha se ha extendido por la casa, es moho destructivo en la casa; es impura. Se derribará la casa, con sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa, y se llevará todo fuera de la ciudad, a un lugar impuro. El que entre en la casa durante los días que permanezca cerrada quedará impuro hasta el anochecer. El que se acueste en la casa lavará su ropa, y el que coma en la casa lavará su ropa.

La casa restaurada y su purificación

Pero si el sacerdote entra y la examina y ve que la mancha no se ha extendido por la casa después de haberla revocado, el sacerdote declarará pura la casa, porque el moho ha desaparecido. Para purificar la casa tomará dos aves, madera de cedro, hilo escarlata e hisopo. Degollará una de las aves sobre una vasija de barro que contenga agua de manantial. Tomará la madera de cedro, el hisopo, el hilo escarlata y el ave viva, los mojará en la sangre del ave degollada y en el agua de manantial, y rociará la casa siete veces. Purificará la casa con la sangre del ave, con el agua de manantial, con el ave viva, con la madera de cedro, con el hisopo y con el hilo escarlata. Soltará el ave viva fuera de la ciudad, en campo abierto; hará expiación por la casa, y quedará pura.

La finalidad de las normas de pureza

Esta es la ley acerca de toda lesión de una enfermedad cutánea y de la erupción costrosa, del moho de las prendas y de las casas, de la hinchazón, de la erupción y de la mancha brillante, para enseñar cuándo se es impuro y cuándo se es puro. Esta es la ley acerca de la enfermedad cutánea y del moho».

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