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Levítico 25

NTBT-2026-11-07

Introducción a Levítico

Al terminar Éxodo, la gloria de Jehová llena el tabernáculo. Levítico comienza con el Señor hablando desde esa tienda. El pueblo ha sido liberado de Egipto y Dios habita en medio de él; ahora necesita aprender cómo acercarse, recibir purificación y vivir en consonancia con su santidad.

Las instrucciones sobre ofrendas, sacerdotes, alimentos, lavamientos, relaciones y tiempos de celebración pertenecen a esa vida de pacto. El libro reúne el culto y la conducta cotidiana: la presencia del Señor tiene implicaciones para el altar, pero también para el trato al vecino, al trabajador, al pobre y al extranjero.

El nombre y la continuidad de la historia

El nombre hebreo del libro procede de su primera palabra, wayyiqrāʾ, «y llamó». El título «Levítico» lo relaciona con Leví y con el ámbito sacerdotal, aunque sus enseñanzas se dirigen a toda la comunidad. Los sacerdotes de la familia de Aarón tienen responsabilidades particulares; el resto de Israel también debe conocer y obedecer las disposiciones que recibe por medio de Moisés.

El escenario principal sigue siendo el desierto de Sinaí. Éxodo fecha el montaje del tabernáculo en el primer día del primer mes del segundo año, y Números comienza con una comunicación divina en el primer día del segundo mes de ese año. Levítico queda situado narrativamente entre esos momentos, mientras Israel permanece junto al monte. El libro también recoge instrucciones para cuando entre en la tierra, como las del reposo de los campos.

Autoría y grado de certeza

Levítico forma parte del Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio texto presenta sus mandatos como palabras que Jehová comunica a Moisés para Israel; en algunos discursos interviene también Aarón como destinatario. El resumen final vuelve a situar los mandamientos en el Sinaí, dados por medio de Moisés. Ese es el marco de autoridad que el libro afirma expresamente.

El texto no ofrece una fecha de composición ni describe todo el proceso por el cual sus instrucciones adquirieron su forma escrita final. Conviene distinguir ese asunto de la ambientación de los acontecimientos: el escenario del Sinaí es explícito, mientras que la fecha y las etapas de la redacción no se detallan dentro del libro.

Destinatarios y propósito

La comunidad de Israel debe aprender a vivir delante del Dios que la ha rescatado. El Señor se presenta como quien rompió su yugo de esclavitud y promete andar en medio de ella. La obediencia se desarrolla dentro de esa relación recibida; las disposiciones de santidad no son el precio con el que Israel consigue por primera vez la atención de Dios.

Los sacerdotes deben distinguir entre lo santo y lo común, entre lo puro y lo impuro, y enseñar los estatutos al pueblo. Las ofrendas y los procedimientos de purificación permiten atender situaciones concretas del culto; los mandamientos sobre la vida diaria ordenan las relaciones de una comunidad que pertenece al Señor. La santidad une cercanía, responsabilidad y servicio.

Forma literaria y desarrollo

Predominan los discursos legales, introducidos por fórmulas que identifican al Señor como quien habla y a Moisés como mediador. Las instrucciones presentan casos y distinguen condiciones: el tipo de ofrenda, los recursos de la persona, la responsabilidad del sacerdote o la clase de impureza. Las repeticiones ayudan a comparar situaciones y a reconocer diferencias importantes.

También hay narración, especialmente en la consagración de Aarón y de sus hijos y en el comienzo de su servicio. La muerte de Nadab y Abiú muestra la gravedad de acercarse a Dios desatendiendo su mandato. El libro combina así enseñanza y acontecimientos que hacen visible la responsabilidad del ministerio.

Cómo avanza el libro

  • Levítico 1–7: las principales ofrendas y las responsabilidades de quienes las presentan y de los sacerdotes.
  • Levítico 8–10: consagración de Aarón y sus hijos, comienzo del servicio y muerte de Nadab y Abiú.
  • Levítico 11–15: distinciones de pureza e impureza y procedimientos relacionados con alimentos, parto, afecciones de la piel y flujos corporales.
  • Levítico 16: el Día de la Expiación y la purificación del santuario y del pueblo.
  • Levítico 17–22: sangre, vida, conducta sexual, justicia, amor al prójimo, santidad sacerdotal y cuidado de las ofrendas.
  • Levítico 23–24: tiempos señalados, servicio de lámparas y pan, y disposiciones relativas al nombre del Señor y a la justicia.
  • Levítico 25: reposo de la tierra, jubileo, posesiones y responsabilidades hacia el hermano empobrecido.
  • Levítico 26: bendiciones del pacto, consecuencias de la desobediencia y memoria de la fidelidad de Dios.
  • Levítico 27: votos y disposiciones sobre personas, animales, bienes y otras dedicaciones al Señor.

Claves para comprender sus enseñanzas

La santidad nace de quién es Dios. «Serán santos, porque yo, Jehová su Dios, soy santo» dirige la vida de toda la comunidad. La santidad comprende lo que se presenta en el santuario y la forma de tratar a otros. Dejar alimento para el necesitado, pagar al trabajador, juzgar sin favoritismos y amar al prójimo forman parte del mismo llamado.

La expiación es una provisión de Dios. Levítico 17:11 relaciona la sangre con la vida y declara que Dios la ha dado sobre el altar para hacer expiación. Los sacrificios pertenecen al modo que él establece para atender el pecado y la impureza en medio del pueblo. Cada clase de ofrenda debe entenderse por su función propia: no todas se preparan de la misma manera ni responden a la misma situación.

Impureza ritual y culpa moral deben distinguirse. Algunas situaciones de impureza surgen de procesos corporales ordinarios, como los vinculados al parto. El estado ritual afecta al acceso al santuario sin significar por sí mismo que la persona haya cometido una falta moral. El libro también trata pecados y transgresiones; por eso es necesario atender a la situación concreta, a lo que debe purificarse y a la respuesta que se ordena.

El pacto abarca toda la vida. Los tiempos de reposo y celebración, el uso de la tierra y las relaciones económicas recuerdan que Israel vive ante su Dios. Las advertencias del capítulo 26 muestran que la desobediencia tiene consecuencias; su cierre mantiene la memoria de las promesas a los patriarcas y de la fidelidad del Señor incluso en medio del juicio.

Levítico y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma este lenguaje para presentar la obra de Jesús. Hebreos explica que la repetición de sacrificios no podía dar la purificación definitiva de la conciencia, y anuncia que Cristo obtuvo redención eterna mediante su propia sangre. Su ofrenda, hecha de una vez para siempre, es el fundamento de nuestra confianza para acercarnos a Dios. La salvación es por su gracia mediante la fe en él, nuestro Señor y único Salvador.

Pedro une el llamado a ser santos con el rescate recibido mediante la sangre preciosa de Cristo, descrito como un cordero sin defecto y sin mancha. La obediencia es la respuesta a ese rescate. La relación con Levítico se desarrolla desde esas conexiones bíblicas, respetando también la función histórica de cada instrucción en el culto de Israel.

Jesús cita el mandato de amar al prójimo como a uno mismo al enseñar cuáles son los mayores mandamientos. La vida consagrada al Padre incluye amor, justicia y misericordia. El Espíritu Santo nos guía conforme a la verdad de Dios y a la obra de Jesucristo; la enseñanza de santidad debe conducir a una vida rendida al Señor y al cuidado de las personas.

Orientación para tu lectura

Al comenzar una instrucción, observa quién debe actuar, qué presenta, dónde lo hace y con qué finalidad. Distingue las tareas de la persona que lleva la ofrenda y las del sacerdote. Cuando se repita un procedimiento, busca qué se mantiene y qué cambia; a menudo esa diferencia explica el sentido de la nueva situación.

Lee los términos «santo», «puro», «impuro», «pecado» y «expiación» dentro de cada contexto. Las notas te ayudarán a conocer el vocabulario original y las costumbres que necesiten explicación. Después considera cómo el Nuevo Testamento desarrolla la relación con Cristo antes de trasladar directamente una disposición ritual a tu vida. Busca comprender la santidad de Dios, la provisión de su gracia y la respuesta de fe y obediencia que te corresponde.

Relaciones bíblicas

El año de reposo de la tierra y el año del jubileo

El SEÑOR habló a Moisés en el monte Sinaí y le dijo: «Habla a los hijos de Israel y diles: “Cuando entren en la tierra que les doy, la tierra guardará un reposo para el SEÑOR. Durante seis años sembrarás tu campo y durante seis años podarás tu viña y recogerás su cosecha. Pero el séptimo año la tierra tendrá un reposo solemne, un reposo para el SEÑOR. No sembrarás tu campo ni podarás tu viña. No segarás lo que brote por sí solo de tu cosecha ni vendimiarás las uvas de tus vides sin podar. Será un año de descanso solemne para la tierra. Lo que produzca la tierra durante su reposo les servirá de alimento: a ti, a tu esclavo, a tu esclava, a tu jornalero y al residente temporal que vive contigo. También tu ganado y los animales salvajes que haya en tu tierra podrán comer de toda su cosecha.

El jubileo: libertad y regreso a la heredad

Contarás siete semanas de años, siete años siete veces; el tiempo de las siete semanas de años será de cuarenta y nueve años. Harás resonar la trompeta con un fuerte toque el día diez del séptimo mes. El Día de la Expiación harán resonar la trompeta por toda su tierra. Consagrarán el año cincuenta y proclamarán libertad en la tierra para todos sus habitantes. Será un jubileo para ustedes; cada uno volverá a su posesión y cada uno volverá a su familia. El año cincuenta será un jubileo para ustedes. No sembrarán, no segarán lo que brote por sí solo ni vendimiarán las vides sin podar. Porque es jubileo, será santo para ustedes; comerán lo que produzca el campo. En este año del jubileo cada uno volverá a su posesión.

Compraventas justas entre jubileos

Cuando vendan algo a su prójimo o compren de mano de su prójimo, ninguno perjudicará a su hermano. Comprarás de tu prójimo según la cuenta de los años transcurridos desde el jubileo; él te venderá según la cuenta de los años de cosecha. Cuanto mayor sea el número de años, aumentarás el precio de compra; cuanto menor sea el número de años, disminuirás el precio de compra, porque lo que te vende es un número de cosechas. Ninguno perjudicará a su prójimo. Temerás a tu Dios, porque yo soy el SEÑOR su Dios.

Obediencia y provisión durante el reposo

Cumplirán mis estatutos, guardarán mis ordenanzas y las pondrán en práctica; así habitarán seguros en la tierra. La tierra dará su fruto, comerán hasta saciarse y habitarán seguros en ella. Si preguntan: ‘¿Qué comeremos el séptimo año, si no sembramos ni recogemos nuestra cosecha?’, yo enviaré mi bendición sobre ustedes en el sexto año, y producirá una cosecha para tres años. Sembrarán el octavo año y comerán de la cosecha anterior. Hasta el noveno año, hasta que llegue su cosecha, comerán de la anterior.

El derecho a recuperar la heredad

La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra es mía; ustedes son forasteros y residentes junto a mí. En toda la tierra que posean concederán el derecho de rescatar la tierra. Si tu hermano empobrece y vende parte de su posesión, vendrá su pariente más cercano, el que tiene derecho a rescatar, y rescatará lo que su hermano haya vendido. Si un hombre no tiene quien ejerza el rescate, pero consigue los medios suficientes para rescatar su propiedad, calculará los años desde la venta, devolverá el saldo al hombre a quien se la vendió y volverá a su posesión. Pero si no consigue lo suficiente para devolverle, lo que vendió quedará en poder del comprador hasta el año del jubileo. En el jubileo quedará libre, y él volverá a su posesión.

El rescate de casas en ciudades y aldeas

Si un hombre vende una vivienda en una ciudad amurallada, tendrá derecho a rescatarla hasta que se cumpla un año desde la venta; durante ese año tendrá derecho a rescatarla. Si no es rescatada antes de que se cumpla un año entero, la casa situada en la ciudad amurallada será posesión perpetua del comprador a lo largo de sus generaciones; no quedará libre en el jubileo. Pero las casas de las aldeas que no tienen muralla alrededor se considerarán como los campos de la tierra. Tendrán derecho de rescate y quedarán libres en el jubileo.

Las propiedades de los levitas

En cuanto a las ciudades de los levitas, los levitas tendrán derecho perpetuo a rescatar las casas de las ciudades que poseen. Lo que rescate alguno de los levitas —la casa vendida en la ciudad de su posesión— quedará libre en el jubileo, porque las casas de las ciudades de los levitas son su posesión entre los hijos de Israel. Los campos de pastoreo de sus ciudades no se venderán, porque son su posesión perpetua.

Sostener al hermano empobrecido

Si tu hermano empobrece y sus recursos decaen junto a ti, lo sostendrás; vivirá contigo como un forastero y residente. No tomarás de él interés ni recargo. Temerás a tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero a interés ni tus alimentos a cambio de un recargo. Yo soy el SEÑOR su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para darles la tierra de Canaán y ser su Dios.

El servicio por necesidad y sus límites

Si tu hermano empobrece junto a ti y se vende a ti, no lo harás trabajar como esclavo. Estará contigo como un jornalero, como un residente temporal; trabajará contigo hasta el año del jubileo. Entonces se irá de tu lado, él y sus hijos con él; volverá a su familia y volverá a la posesión de sus padres. Porque son mis siervos, a quienes saqué de la tierra de Egipto; no serán vendidos como se vende a un esclavo. No lo dominarás con dureza; temerás a tu Dios.

La esclavitud de personas de otras naciones

El esclavo y la esclava que tengas serán de las naciones que los rodean; de ellas podrán comprar esclavos y esclavas. También podrán comprar de entre los hijos de los residentes temporales que viven entre ustedes y de entre los miembros de sus familias que están entre ustedes, a quienes ellos hayan engendrado en su tierra. Serán de su propiedad. Podrán dejarlos en herencia a sus hijos después de ustedes, para que los posean como propiedad; se servirán de ellos para siempre. Pero, en cuanto a sus hermanos, los hijos de Israel, ninguno dominará a su hermano con dureza.

El rescate del israelita vendido a un extranjero

Si un forastero residente que vive junto a ti prospera, y tu hermano empobrece junto a él y se vende al forastero residente que vive junto a ti, o a algún miembro de la familia del forastero, después de haberse vendido tendrá derecho a ser rescatado. Uno de sus hermanos lo rescatará, o su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o algún pariente cercano de su familia lo rescatará; si sus recursos alcanzan, él mismo se rescatará. Hará la cuenta con el que lo compró, desde el año en que se vendió a él hasta el año del jubileo. El precio de su venta se calculará según el número de años, valorando su tiempo con él como el de un jornalero. Si aún quedan muchos años, devolverá como precio de su rescate la parte proporcional del dinero que se pagó por él. Si quedan pocos años hasta el año del jubileo, hará la cuenta con él y devolverá el precio de su rescate según esos años. Estará con él como un jornalero contratado año por año. El que lo compró no lo dominará con dureza ante tus ojos. Si no es rescatado por estos medios, saldrá libre en el año del jubileo, él y sus hijos con él. Porque los hijos de Israel son siervos míos; son mis siervos, a quienes saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el SEÑOR su Dios”».

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