Nueva Traducción BibliaTodo

Lucas 20

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Lucas

Lucas te conduce a conocer a Jesucristo como el Salvador prometido, el Hijo que cumple la voluntad del Padre y busca a los perdidos. Su relato sigue la fidelidad de Dios desde los anuncios del nacimiento hasta la cruz, la resurrección y la ascensión. La buena noticia que comienza en Israel será anunciada a todas las naciones.

El autor y la relación con Hechos

La antigua tradición cristiana atribuye este Evangelio a Lucas, colaborador de Pablo. Las cartas del Nuevo Testamento mencionan a Lucas como «el médico amado» y como colaborador en el ministerio (Colosenses 4:14; Filemón 1:24). El narrador del Evangelio no escribe su nombre dentro del relato; la atribución tradicional debe distinguirse de lo que el prólogo declara expresamente.

El autor explica que ha investigado cuidadosamente los acontecimientos y que recibe el testimonio de quienes fueron testigos oculares y servidores de la palabra. Hechos se dirige al mismo Teófilo y recuerda un primer relato sobre lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta su ascensión (Lucas 1:1–4; Hechos 1:1–2). Ambos libros forman una narración vinculada: el Evangelio presenta la obra de Jesús y Hechos continúa con el testimonio acerca del Señor resucitado por el poder del Espíritu Santo.

Fecha, contexto y destinatarios

El libro no ofrece una fecha ni un lugar de composición. Habitualmente se sitúa en el siglo I, con propuestas que van desde los años sesenta hasta las últimas décadas del siglo. Las diferencias dependen, entre otras cuestiones, de cómo se entiende su relación con Hechos y con los otros evangelios. Conviene reconocer esa discusión sin atribuir al autor un año o una ciudad que no declara.

El destinatario nombrado es Teófilo, quien ya había recibido enseñanza acerca de Jesús. El propósito explícito es que conozca la certeza de esa enseñanza. El tratamiento «excelentísimo» expresa respeto, pero no identifica por sí solo su cargo, su ciudad o una función precisa como patrocinador. El horizonte del libro es más amplio: desde el anuncio de luz para las naciones hasta la misión final, la salvación de Dios se presenta para todos los pueblos (Lucas 2:29–32; Lucas 24:47).

Género y propósito

Es un evangelio: una narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús que da a conocer su identidad y llama a responder a él. El prólogo destaca la investigación, el testimonio recibido y la presentación ordenada. Ese orden permite seguir el sentido de la historia; no obliga a suponer que cada enseñanza y cada escena se organicen según una cronología moderna exhaustiva.

Lucas presenta los acontecimientos como cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús anuncia el favor del Señor, sana, perdona pecados, llama a seguirlo y se dirige con decisión hacia Jerusalén (Lucas 4:16–21; Lucas 9:51). Su muerte y resurrección dan el significado decisivo a todo ese camino.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: el prólogo y los anuncios, nacimientos e infancia de Juan y Jesús sitúan la salvación dentro de las promesas de Dios a Israel.
  2. 3:1–4:13: la predicación de Juan, el bautismo, la genealogía y la tentación preparan el ministerio de Jesús.
  3. 4:14–9:50: Jesús anuncia el reino en Galilea y sus alrededores, manifiesta su autoridad, reúne discípulos y revela el camino de su padecimiento.
  4. 9:51–19:27: el viaje hacia Jerusalén reúne encuentros, parábolas y enseñanza sobre la misericordia, la oración, las riquezas, el arrepentimiento y el discipulado.
  5. 19:28–21:38: Jesús entra en Jerusalén, enseña en el templo, afronta controversias y anuncia juicio y esperanza, llamando a la vigilancia.
  6. 22–23: la Cena, la oración, el arresto, los juicios, la crucifixión y la sepultura presentan la entrega del Salvador.
  7. 24: el sepulcro vacío, las apariciones, la explicación de las Escrituras y la ascensión preparan a los testigos para anunciar a Cristo a todas las naciones.

Jesucristo y la salvación por gracia

Jesús vino a buscar y salvar lo perdido (Lucas 19:10). Recibe a pecadores, llama al arrepentimiento y anuncia el gozo por quien vuelve a Dios. Las parábolas de lo perdido y el encuentro con Zaqueo muestran la iniciativa de la gracia y una respuesta que transforma la vida (Lucas 15:1–7; Lucas 19:1–10).

La salvación tiene su fundamento en la persona y en la obra de Jesús. Él entrega su cuerpo y derrama su sangre por los suyos; resucitado, envía a proclamar el arrepentimiento y el perdón en su nombre (Lucas 22:19–20; Lucas 24:46–47). La fe recibe esa gracia, y la obediencia, la generosidad y el servicio son su fruto.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

El bautismo distingue al Hijo que es bautizado, al Espíritu Santo que desciende y al Padre que declara su complacencia en su Hijo amado (Lucas 3:21–22). Jesús vive en comunión con el Padre, ora y cumple su voluntad. El Espíritu Santo actúa en el anuncio y en el ministerio del Salvador y será enviado sobre sus testigos. El relato revela la acción del único Dios sin confundir las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu.

Misericordia y vida de los discípulos

Lucas presta atención a los pobres, a las mujeres, a los enfermos, a los pecadores despreciados y a quienes quedaban al margen de la estima social. La compasión de Jesús conduce a reconocer la dignidad de las personas y su necesidad de salvación. La parábola del samaritano muestra la misericordia hecha acción, mientras el encuentro con Marta y María destaca la atención a la palabra del Señor (Lucas 10:25–42).

La oración, el uso de los bienes, la humildad y la perseverancia forman parte del discipulado. Seguir a Jesús implica recibir su gracia y obedecer su palabra. El Señor forma a seguidores que necesitan corrección y perdón, y los sostiene con su fidelidad (Lucas 9:23–26; Lucas 22:31–32).

Las Escrituras y la esperanza que continúa

La historia de Jesús está enraizada en las promesas a Abraham, David e Israel, y culmina en su cumplimiento salvador. Después de resucitar, el Señor explica que el Cristo debía padecer y entrar en su gloria. Abre el entendimiento de sus discípulos para comprender las Escrituras y los hace testigos (Lucas 24:25–27; Lucas 24:44–49).

El Evangelio termina con Jesús bendiciendo, los discípulos adorándolo y la comunidad alabando a Dios en Jerusalén. Hechos continuará el anuncio del Salvador vivo, comenzando allí y extendiéndose hasta los confines de la tierra (Lucas 24:50–53; Hechos 1:8).

Aplicación editorial

Al leer Lucas, observa qué revela cada encuentro acerca de Jesucristo y cómo responde cada persona a su palabra. Acude al Padre por medio de tu Salvador, recibe su perdón y busca la guía del Espíritu Santo conforme a las Escrituras. Que la gracia de Jesús produzca en ti fe, misericordia, oración y una esperanza firme en su resurrección.

La autoridad de Jesús

Un día, mientras Jesús enseñaba al pueblo en el templo y anunciaba las buenas noticias, se presentaron los principales sacerdotes y los escribas, junto con los ancianos, y le preguntaron: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas, o quién es el que te dio esta autoridad?». Él les respondió: «Yo también les haré una pregunta; respóndanme: el bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los seres humanos?». Ellos discutieron entre sí: «Si decimos “Del cielo”, dirá: “¿Por qué no le creyeron?”. Pero si decimos “De los seres humanos”, todo el pueblo nos apedreará, porque está convencido de que Juan era profeta». Así que respondieron que no sabían de dónde era. Jesús les dijo: «Tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas».

Los labradores malvados

Comenzó a decir al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se ausentó por mucho tiempo. A su debido tiempo envió a un esclavo a los labradores para que le dieran parte del fruto de la viña. Pero los labradores lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías. Volvió a enviar a otro esclavo, pero también a este lo golpearon, lo maltrataron y lo despidieron con las manos vacías. Todavía envió a un tercero, pero también a este lo hirieron y lo echaron fuera. Entonces el dueño de la viña dijo: “¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; tal vez a él lo respeten”. Pero, al verlo, los labradores discutían entre sí, diciendo: “Este es el heredero. Matémoslo para que la herencia sea nuestra”. Lo echaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué les hará, entonces, el dueño de la viña? Vendrá, destruirá a esos labradores y dará la viña a otros». Al oírlo, dijeron: «¡Que no suceda eso!». Él los miró y dijo: «Entonces, ¿qué significa esto que está escrito:
“La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra angular”?
Todo el que caiga sobre aquella piedra quedará hecho pedazos, y a aquel sobre quien ella caiga lo pulverizará». Los escribas y los principales sacerdotes procuraron echarle mano en aquella misma hora, porque comprendieron que había dicho esta parábola contra ellos; pero tuvieron miedo del pueblo.

El tributo al César

Lo vigilaban y enviaron espías que fingían ser justos para atraparlo en alguna palabra, a fin de entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador. Le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente y que no haces distinción de personas, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. ¿Nos está permitido pagar tributo al César, o no?». Él, al darse cuenta de su astucia, les dijo: «Muéstrenme una moneda romana. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción?». Ellos respondieron: «Del César». Él les dijo: «Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». No pudieron atraparlo en ninguna palabra delante del pueblo. Asombrados por su respuesta, guardaron silencio.

La pregunta sobre la resurrección

Se acercaron algunos saduceos, los que niegan que haya resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos escribió que, si un hombre muere teniendo esposa, pero sin hijos, su hermano debe tomar a la mujer y dar descendencia a su hermano. Había siete hermanos. El primero tomó esposa y murió sin hijos; y el segundo y el tercero se casaron con ella. Del mismo modo, los siete no dejaron hijos y murieron. Por último murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por esposa». Jesús les dijo: «Los hijos de esta era se casan y son dados en matrimonio; pero los considerados dignos de alcanzar aquella era y la resurrección de entre los muertos no se casan ni son dados en matrimonio. Porque ya no pueden morir; son iguales a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos resucitan, también Moisés lo mostró en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”. Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven». Algunos escribas respondieron: «Maestro, has hablado bien». Porque ya no se atrevían a preguntarle nada.

¿De quién es hijo el Cristo?

Él les dijo: «¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dice en el libro de los Salmos:
“El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies”. David, entonces, lo llama Señor; ¿cómo es su hijo?».

Jesús acusa a los escribas

Mientras todo el pueblo escuchaba, dijo a los discípulos: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta andar con túnicas largas y aman los saludos en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes. Devoran las casas de las viudas y, como pretexto, hacen largas oraciones. Estos recibirán una condena mayor».

Derechos y atribución

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.