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Mateo 16

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Mateo

Mateo te invita a reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo que revela al Padre y el Rey que llama a seguirlo. Su historia comienza con Abraham y David y culmina con la muerte, la resurrección y la autoridad de Jesucristo para enviar discípulos a todas las naciones.

Autor, fecha y primeros lectores

La tradición cristiana atribuye este evangelio a Mateo, el recaudador llamado por Jesús y contado entre los doce. El relato no identifica expresamente a su autor en primera persona. Eusebio conserva un testimonio de Papías que vincula a Mateo con una recopilación de dichos en lengua hebrea; la relación exacta entre esa noticia y el evangelio griego conservado es discutida. Esta tradición es importante, pero no demuestra por sí sola todos los detalles de su composición.

El evangelio se sitúa en el siglo I; no indica un año ni un lugar de redacción, y las propuestas de datación no son unánimes. Su abundante uso de las Escrituras de Israel y sus discusiones sobre la Ley sugieren lectores familiarizados con ese mundo. Al mismo tiempo, el libro anuncia una misión que alcanza a todas las naciones. No debe asignarse a una única comunidad concreta como si el texto la nombrara.

Género y propósito

Es un evangelio: narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús para dar a conocer quién es y llamar a responderle. No es una biografía moderna que pretenda contar cada año de su vida. Mateo combina relatos con grandes bloques de enseñanza y muestra repetidamente cómo Jesús cumple las Escrituras.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: origen, nacimiento e infancia de Jesús.
  2. 3–4: Juan, el bautismo, la tentación y el comienzo del ministerio.
  3. 5–7: la enseñanza de Jesús en el monte.
  4. 8–10: obras de autoridad y envío de los discípulos.
  5. 11–13: respuestas a Jesús, oposición y parábolas del reino.
  6. 14–18: la identidad de Jesús y la formación de sus discípulos.
  7. 19–25: camino a Jerusalén, controversias y enseñanza sobre la vigilancia.
  8. 26–28: entrega, crucifixión, resurrección y misión a las naciones.

Temas que volverás a encontrar

El reino de los cielos; Jesús como Cristo e Hijo de David; el cumplimiento de las Escrituras; la justicia del corazón; la misericordia; la fe; el discipulado; el juicio y la esperanza. El título «reino de los cielos» no se limita a un lugar después de la muerte: en Mateo anuncia el gobierno de Dios y llama a vivir bajo su autoridad.

La salvación ocupa el centro desde 1:21: Jesús salva de los pecados. Su sangre derramada para perdón y su resurrección fundamentan la esperanza. La obediencia del discípulo responde a su gracia; no convierte las obras en un precio para comprar la salvación.

Cómo empezar con Mateo 1

Lee primero 1:1–17 como una historia organizada: promesa, realeza, exilio y llegada del Mesías. Después lee 1:18–25 y observa qué sabe José al principio, qué le revela el ángel y cómo responde. Las notas distinguen explicación del pasaje, lenguaje original, variantes, relaciones bíblicas y aplicación editorial. Abre solo el nivel de profundidad que necesites.

Relaciones bíblicas

La demanda de una señal

Los fariseos y los saduceos se acercaron y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrara una señal del cielo. Él les respondió: «Al atardecer dicen: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojo”. Y por la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojo y nublado”. Saben interpretar el aspecto del cielo, pero no pueden interpretar las señales de los tiempos. Una generación malvada y adúltera busca una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás». Y los dejó y se fue.

La levadura de los fariseos y saduceos

Al llegar a la otra orilla, los discípulos habían olvidado llevar panes. Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos». Ellos discutían entre sí, diciendo: «No hemos traído panes». Jesús lo supo y dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué discuten entre ustedes por no haber traído panes? ¿Todavía no entienden? ¿No recuerdan los cinco panes para los cinco mil y cuántas canastas recogieron? ¿Ni los siete panes para los cuatro mil y cuántas canastas grandes recogieron? ¿Cómo no entienden que no les hablaba de panes? Cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos». Entonces comprendieron que no les había dicho que se cuidaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.

La confesión de Pedro

Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos respondieron: «Unos dicen que Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Jesús le respondió: «Dichoso eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo revelaron carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos. Lo que ates en la tierra estará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra estará desatado en los cielos». Entonces mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo.

Jesús anuncia su muerte y resurrección

Desde entonces Jesús comenzó a mostrar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, ser muerto y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá esto!». Pero él se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres un tropiezo para mí, porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los seres humanos».

Seguir a Jesús y tomar la cruz

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por causa de mí la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre va a venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus acciones. En verdad les digo que algunos de los que están aquí no probarán la muerte antes de ver al Hijo del Hombre venir en su reino».

Derechos y atribución

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