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Éxodo 29

NTBT-2026-11-07

Introducción a Éxodo

Éxodo cuenta cómo Dios libera de la esclavitud a los descendientes de Jacob, los recibe como pueblo del pacto y establece su presencia en medio de ellos. La salida de Egipto conduce hacia una relación: el Dios que los rescata los llama a conocerlo, escuchar su palabra y vivir como su pueblo.

El libro comienza con familias sometidas al poder del faraón y termina con la gloria de Jehová llenando el tabernáculo. Entre esos dos escenarios aparecen el llamamiento de Moisés, los juicios sobre Egipto, la Pascua, el paso del mar, el camino por el desierto y el encuentro del Sinaí. El título «Éxodo» significa «salida»; el nombre hebreo Shemot, «nombres», procede de sus primeras palabras y recuerda su continuidad con la familia de Génesis.

Autoría y marco histórico

Éxodo pertenece al Pentateuco, tradicionalmente vinculado con Moisés. El propio libro le atribuye actividades de escritura: registra un acontecimiento para su memoria, escribe las palabras del pacto y recibe el mandato de escribir las instrucciones de Dios. Estos datos fundamentan su papel en la transmisión de la enseñanza. El relato de su vida, presentado principalmente en tercera persona, no incluye una declaración de que él redactara personalmente cada línea de la forma final del libro.

El libro no proporciona un año de composición ni nombra a los faraones de la opresión y de la salida. Sitúa los acontecimientos después de la estancia de los patriarcas en Egipto y antes de la entrada de Israel en Canaán. 1 Reyes 6:1 relaciona la salida con el comienzo del templo, cuatrocientos ochenta años después, en el cuarto año de Salomón. La identificación de los reyes egipcios y la conversión de esos datos a una cronología absoluta requieren un estudio conjunto; el nombre de una ciudad por sí solo no identifica al faraón.

Destinatarios y propósito

Las instrucciones se dirigen a Israel como comunidad liberada y deben transmitirse a sus descendientes. La memoria de la Pascua, las palabras del pacto y las disposiciones para el culto explican quién es su Dios y cómo debe vivir el pueblo que le pertenece. El relato une la historia de los antepasados con una identidad que las nuevas generaciones necesitan conocer.

La liberación está fundada en la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob. Israel recibe la ley después de haber sido sacado de la esclavitud. La obediencia responde al rescate y ordena la vida de la comunidad; no aparece como el precio con el que consiguió que Dios comenzara a amarla. Esa gracia tampoco vuelve indiferente su conducta: el becerro de oro mostrará la gravedad de apartarse del Dios que la ha liberado.

Forma literaria

La narración enlaza acontecimientos, diálogos y discursos de Dios. En su interior aparecen genealogías, el cántico de victoria, mandamientos, disposiciones para resolver conflictos y descripciones detalladas del santuario. Cada forma cumple una función: la poesía celebra la liberación; la ley ordena la vida bajo el pacto; las instrucciones del tabernáculo muestran cómo debe prepararse el lugar del encuentro con Dios.

Los capítulos sobre la construcción retoman muchas instrucciones anteriores. Esa repetición permite comparar lo mandado con lo realizado y destacar la obediencia en la preparación del santuario. El conjunto avanza desde el servicio forzado al faraón hacia el servicio a Jehová.

Cómo avanza el libro

  • Éxodo 1–2: opresión de Israel, preservación de Moisés y clamor del pueblo.
  • Éxodo 3:1–7:7: llamamiento, regreso a Egipto, primeras respuestas del faraón y reafirmación de la promesa.
  • Éxodo 7:8–13:16: señales y juicios, Pascua, salida de Egipto y memoria de la liberación.
  • Éxodo 13:17–18:27: paso del mar, cántico, necesidades y conflictos durante el camino, y encuentro con Jetro.
  • Éxodo 19–24: encuentro en el Sinaí, palabras de Dios, disposiciones del pacto y su celebración.
  • Éxodo 25–31: instrucciones para el santuario, sus servidores y el día de reposo.
  • Éxodo 32–34: becerro de oro, intercesión de Moisés y renovación del pacto.
  • Éxodo 35–40: ofrendas y construcción del tabernáculo, que termina lleno de la gloria de Jehová.

Temas que debes seguir

El conocimiento de Dios. Jehová da a conocer su nombre, su fidelidad y su autoridad. Sus acciones responden al poder del faraón y a la pregunta de quién debe ser obedecido. Al revelar su carácter, une compasión, paciencia, perdón y justicia; la misericordia no significa que el pecado carezca de consecuencias.

El rescate y la pertenencia. Dios saca a Israel de las cargas de Egipto para recibirlo como pueblo suyo. El movimiento llega a su expresión en el Sinaí: los ha traído a sí mismo y los llama a ser una nación santa. La libertad tiene una dirección de culto y obediencia.

La memoria y la vida del prójimo. Haber sido extranjeros y esclavos debe influir en el trato al débil. El pacto abarca la adoración, pero también el trabajo, la justicia y el cuidado de personas vulnerables. El pueblo rescatado debe recordar de dónde lo sacó Dios cuando ejerza poder sobre otro.

La presencia y la mediación. La cercanía del Dios santo requiere atención a su palabra. Moisés comunica, intercede y guía; el santuario hace visible la importancia de que Jehová vaya con su pueblo. La crisis del becerro pone en peligro esa relación y conduce al ruego por perdón y presencia.

Éxodo y Jesucristo

El Nuevo Testamento retoma la liberación de Egipto para explicar la obra de Cristo. Pablo llama a Jesucristo «nuestra Pascua» y relaciona su sacrificio con una vida de sinceridad y verdad. Jesús habla de su sangre del pacto para el perdón de los pecados. La salvación cristiana se funda en él, nuestro Señor y único Salvador.

Hebreos reconoce la fidelidad de Moisés como servidor y presenta a Cristo como el Hijo sobre la casa de Dios. También desarrolla la relación entre el santuario, la mediación y el sacrificio de Jesús, que obtiene redención eterna y purifica la conciencia para servir al Dios vivo. Estas conexiones tienen fundamento explícito en el Nuevo Testamento; cada detalle del mobiliario conserva además su función en el relato y en el culto de Israel.

La memoria de Israel también advierte al lector cristiano. Pablo recuerda que haber participado en los beneficios del camino no impidió que muchos cayeran en idolatría y desobediencia. La respuesta a la gracia requiere una fe que escucha a Dios, sin convertir la pertenencia comunitaria en una seguridad para persistir en el pecado.

Orientación para tu lectura

Sigue lo que Dios promete, lo que el faraón responde y lo que el pueblo aprende. Distingue los mandatos dados a Israel bajo el pacto del Sinaí de su relación con el nuevo pacto en Cristo. Cuando una instrucción trate de una institución o costumbre antigua, comienza por su destinatario y su función antes de desarrollar una aplicación.

Al llegar al final, recuerda el cambio respecto del comienzo: el pueblo sigue en camino, pero ya no sirve bajo las cargas del faraón. La gloria de Jehová llena el tabernáculo y su presencia guía las jornadas. El libro deja abierta la continuación del viaje y afirma quién acompaña a Israel.

Relaciones bíblicas

Consagración de Aarón y de sus hijos

«Esto es lo que harás con ellos para consagrarlos, a fin de que me sirvan como sacerdotes: toma un becerro y dos carneros sin defecto, panes sin levadura, tortas sin levadura amasadas con aceite y obleas sin levadura untadas con aceite. Los harás de harina fina de trigo. Los pondrás en una cesta y los presentarás en la cesta, junto con el becerro y los dos carneros. Harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la tienda de reunión y los lavarás con agua. Tomarás las vestiduras y vestirás a Aarón con la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral. Le ceñirás el cinto del efod. Le pondrás el turbante sobre la cabeza y colocarás sobre el turbante la diadema sagrada. Tomarás el aceite de la unción, lo derramarás sobre su cabeza y lo ungirás. Harás que se acerquen sus hijos y los vestirás con las túnicas. Ceñirás las fajas a Aarón y a sus hijos y les atarás los gorros. El sacerdocio les pertenecerá por estatuto perpetuo. Así investirás a Aarón y a sus hijos.

La ofrenda por el pecado

Llevarás el becerro delante de la tienda de reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro. Degollarás el becerro delante del SEÑOR, a la entrada de la tienda de reunión. Tomarás parte de la sangre del becerro y la pondrás con tu dedo sobre los cuernos del altar. Derramarás el resto de la sangre al pie del altar. Tomarás toda la grasa que cubre las vísceras, el lóbulo del hígado, los dos riñones y la grasa que los cubre, y lo harás arder sobre el altar. Pero la carne del becerro, su piel y su estiércol los quemarás fuera del campamento. Es una ofrenda por el pecado.

El carnero ofrecido como holocausto

Tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. Degollarás el carnero, tomarás su sangre y la salpicarás sobre el altar por todos sus lados. Cortarás el carnero en trozos, lavarás sus vísceras y sus patas, y las pondrás sobre los trozos y sobre su cabeza. Harás arder todo el carnero sobre el altar. Es un holocausto para el SEÑOR, de aroma grato; es una ofrenda quemada para el SEÑOR.

El carnero de la investidura

Tomarás el segundo carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. Degollarás el carnero, tomarás parte de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y sobre el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, sobre los pulgares de sus manos derechas y sobre los dedos gordos de sus pies derechos. Salpicarás la sangre sobre el altar por todos sus lados. Tomarás parte de la sangre que está sobre el altar y del aceite de la unción, y rociarás a Aarón, sus vestiduras, sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él. Así quedarán consagrados él y sus vestiduras, sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él. Tomarás del carnero la grasa, la cola grasa, la grasa que cubre las vísceras, el lóbulo del hígado, los dos riñones y la grasa que los cubre, y el muslo derecho, porque es el carnero de la investidura. De la cesta de los panes sin levadura que está delante del SEÑOR tomarás un pan redondo, una torta amasada con aceite y una oblea. Pondrás todo en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y lo mecerás como ofrenda mecida delante del SEÑOR. Después lo tomarás de sus manos y lo harás arder en el altar, sobre el holocausto, como aroma grato delante del SEÑOR. Es una ofrenda quemada para el SEÑOR. Tomarás el pecho del carnero de la investidura de Aarón y lo mecerás como ofrenda mecida delante del SEÑOR. Esa será tu porción. Consagrarás el pecho de la ofrenda mecida y el muslo de la ofrenda elevada, lo que fue mecido y lo que fue elevado del carnero de la investidura de Aarón y de sus hijos. Será un derecho perpetuo de Aarón y de sus hijos recibirlo de los hijos de Israel, porque es una ofrenda elevada. Será la ofrenda elevada que los hijos de Israel aparten de sus sacrificios de paz, su ofrenda elevada para el SEÑOR. Las vestiduras sagradas de Aarón pasarán a sus hijos después de él, para que las lleven cuando sean ungidos e investidos. El sacerdote de entre sus hijos que lo suceda las llevará durante siete días, cuando entre en la tienda de reunión para ministrar en el Lugar Santo.

La comida y los días de consagración

Tomarás el carnero de la investidura y cocerás su carne en un lugar santo. Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero y el pan que está en la cesta, a la entrada de la tienda de reunión. Comerán aquello con lo que se hizo expiación para investirlos y consagrarlos. Ningún extraño lo comerá, porque son cosas santas. Si queda algo de la carne de la investidura o del pan hasta la mañana siguiente, quemarás lo que quede. No se comerá, porque es santo. Harás con Aarón y con sus hijos todo lo que te he ordenado. Durante siete días los investirás. Cada día ofrecerás un becerro como ofrenda por el pecado para las expiaciones. Purificarás el altar al hacer expiación por él, y lo ungirás para consagrarlo. Durante siete días harás expiación por el altar y lo consagrarás. El altar será santísimo; todo lo que toque el altar quedará consagrado.

Las ofrendas diarias

Esto es lo que ofrecerás continuamente sobre el altar, cada día: dos corderos de un año. Ofrecerás un cordero por la mañana y el segundo cordero al atardecer. Con el primer cordero ofrecerás unos dos litros de harina fina, mezclada con aproximadamente un litro de aceite de olivas machacadas, y como libación, aproximadamente un litro de vino. Ofrecerás el segundo cordero al atardecer, con una ofrenda de cereal y una libación iguales a las de la mañana, como aroma grato, una ofrenda quemada para el SEÑOR.

La presencia de Dios en medio de Israel

Será un holocausto continuo, de generación en generación, a la entrada de la tienda de reunión, delante del SEÑOR. Allí me reuniré con ustedes para hablarte. Allí me reuniré con los hijos de Israel, y el lugar quedará santificado por mi gloria. Consagraré la tienda de reunión y el altar; también consagraré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. Habitaré en medio de los hijos de Israel y seré su Dios. Sabrán que yo soy el SEÑOR su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo soy el SEÑOR su Dios».

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