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Lucas 5

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Lucas

Lucas te conduce a conocer a Jesucristo como el Salvador prometido, el Hijo que cumple la voluntad del Padre y busca a los perdidos. Su relato sigue la fidelidad de Dios desde los anuncios del nacimiento hasta la cruz, la resurrección y la ascensión. La buena noticia que comienza en Israel será anunciada a todas las naciones.

El autor y la relación con Hechos

La antigua tradición cristiana atribuye este Evangelio a Lucas, colaborador de Pablo. Las cartas del Nuevo Testamento mencionan a Lucas como «el médico amado» y como colaborador en el ministerio (Colosenses 4:14; Filemón 1:24). El narrador del Evangelio no escribe su nombre dentro del relato; la atribución tradicional debe distinguirse de lo que el prólogo declara expresamente.

El autor explica que ha investigado cuidadosamente los acontecimientos y que recibe el testimonio de quienes fueron testigos oculares y servidores de la palabra. Hechos se dirige al mismo Teófilo y recuerda un primer relato sobre lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta su ascensión (Lucas 1:1–4; Hechos 1:1–2). Ambos libros forman una narración vinculada: el Evangelio presenta la obra de Jesús y Hechos continúa con el testimonio acerca del Señor resucitado por el poder del Espíritu Santo.

Fecha, contexto y destinatarios

El libro no ofrece una fecha ni un lugar de composición. Habitualmente se sitúa en el siglo I, con propuestas que van desde los años sesenta hasta las últimas décadas del siglo. Las diferencias dependen, entre otras cuestiones, de cómo se entiende su relación con Hechos y con los otros evangelios. Conviene reconocer esa discusión sin atribuir al autor un año o una ciudad que no declara.

El destinatario nombrado es Teófilo, quien ya había recibido enseñanza acerca de Jesús. El propósito explícito es que conozca la certeza de esa enseñanza. El tratamiento «excelentísimo» expresa respeto, pero no identifica por sí solo su cargo, su ciudad o una función precisa como patrocinador. El horizonte del libro es más amplio: desde el anuncio de luz para las naciones hasta la misión final, la salvación de Dios se presenta para todos los pueblos (Lucas 2:29–32; Lucas 24:47).

Género y propósito

Es un evangelio: una narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús que da a conocer su identidad y llama a responder a él. El prólogo destaca la investigación, el testimonio recibido y la presentación ordenada. Ese orden permite seguir el sentido de la historia; no obliga a suponer que cada enseñanza y cada escena se organicen según una cronología moderna exhaustiva.

Lucas presenta los acontecimientos como cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús anuncia el favor del Señor, sana, perdona pecados, llama a seguirlo y se dirige con decisión hacia Jerusalén (Lucas 4:16–21; Lucas 9:51). Su muerte y resurrección dan el significado decisivo a todo ese camino.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: el prólogo y los anuncios, nacimientos e infancia de Juan y Jesús sitúan la salvación dentro de las promesas de Dios a Israel.
  2. 3:1–4:13: la predicación de Juan, el bautismo, la genealogía y la tentación preparan el ministerio de Jesús.
  3. 4:14–9:50: Jesús anuncia el reino en Galilea y sus alrededores, manifiesta su autoridad, reúne discípulos y revela el camino de su padecimiento.
  4. 9:51–19:27: el viaje hacia Jerusalén reúne encuentros, parábolas y enseñanza sobre la misericordia, la oración, las riquezas, el arrepentimiento y el discipulado.
  5. 19:28–21:38: Jesús entra en Jerusalén, enseña en el templo, afronta controversias y anuncia juicio y esperanza, llamando a la vigilancia.
  6. 22–23: la Cena, la oración, el arresto, los juicios, la crucifixión y la sepultura presentan la entrega del Salvador.
  7. 24: el sepulcro vacío, las apariciones, la explicación de las Escrituras y la ascensión preparan a los testigos para anunciar a Cristo a todas las naciones.

Jesucristo y la salvación por gracia

Jesús vino a buscar y salvar lo perdido (Lucas 19:10). Recibe a pecadores, llama al arrepentimiento y anuncia el gozo por quien vuelve a Dios. Las parábolas de lo perdido y el encuentro con Zaqueo muestran la iniciativa de la gracia y una respuesta que transforma la vida (Lucas 15:1–7; Lucas 19:1–10).

La salvación tiene su fundamento en la persona y en la obra de Jesús. Él entrega su cuerpo y derrama su sangre por los suyos; resucitado, envía a proclamar el arrepentimiento y el perdón en su nombre (Lucas 22:19–20; Lucas 24:46–47). La fe recibe esa gracia, y la obediencia, la generosidad y el servicio son su fruto.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

El bautismo distingue al Hijo que es bautizado, al Espíritu Santo que desciende y al Padre que declara su complacencia en su Hijo amado (Lucas 3:21–22). Jesús vive en comunión con el Padre, ora y cumple su voluntad. El Espíritu Santo actúa en el anuncio y en el ministerio del Salvador y será enviado sobre sus testigos. El relato revela la acción del único Dios sin confundir las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu.

Misericordia y vida de los discípulos

Lucas presta atención a los pobres, a las mujeres, a los enfermos, a los pecadores despreciados y a quienes quedaban al margen de la estima social. La compasión de Jesús conduce a reconocer la dignidad de las personas y su necesidad de salvación. La parábola del samaritano muestra la misericordia hecha acción, mientras el encuentro con Marta y María destaca la atención a la palabra del Señor (Lucas 10:25–42).

La oración, el uso de los bienes, la humildad y la perseverancia forman parte del discipulado. Seguir a Jesús implica recibir su gracia y obedecer su palabra. El Señor forma a seguidores que necesitan corrección y perdón, y los sostiene con su fidelidad (Lucas 9:23–26; Lucas 22:31–32).

Las Escrituras y la esperanza que continúa

La historia de Jesús está enraizada en las promesas a Abraham, David e Israel, y culmina en su cumplimiento salvador. Después de resucitar, el Señor explica que el Cristo debía padecer y entrar en su gloria. Abre el entendimiento de sus discípulos para comprender las Escrituras y los hace testigos (Lucas 24:25–27; Lucas 24:44–49).

El Evangelio termina con Jesús bendiciendo, los discípulos adorándolo y la comunidad alabando a Dios en Jerusalén. Hechos continuará el anuncio del Salvador vivo, comenzando allí y extendiéndose hasta los confines de la tierra (Lucas 24:50–53; Hechos 1:8).

Aplicación editorial

Al leer Lucas, observa qué revela cada encuentro acerca de Jesucristo y cómo responde cada persona a su palabra. Acude al Padre por medio de tu Salvador, recibe su perdón y busca la guía del Espíritu Santo conforme a las Escrituras. Que la gracia de Jesús produzca en ti fe, misericordia, oración y una esperanza firme en su resurrección.

La pesca milagrosa

Mientras Jesús estaba de pie junto al lago de Genesaret, la multitud se agolpaba sobre él para escuchar la palabra de Dios. Vio dos barcas a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Luego se sentó y enseñaba a las multitudes desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca a aguas profundas y echen sus redes para pescar». Simón respondió: «Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Al hacerlo, encerraron una gran cantidad de peces, y sus redes comenzaban a romperse. Hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Ellos vinieron, y llenaron ambas barcas hasta el punto de que se hundían. Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador». Porque el asombro se había apoderado de él y de todos los que estaban con él por la pesca que habían hecho; lo mismo les sucedía a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón: «No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres». Después de llevar las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron.

Jesús sana a un leproso

Mientras Jesús estaba en una de las ciudades, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero; queda limpio». Enseguida la lepra lo dejó. Le ordenó que no se lo dijera a nadie: «Ve, preséntate ante el sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio ante ellos». Pero las noticias acerca de él se extendían cada vez más, y grandes multitudes se reunían para escucharlo y ser sanadas de sus enfermedades. Él, sin embargo, se retiraba a lugares solitarios y oraba.

Jesús sana a un paralítico

Un día, mientras enseñaba, estaban sentados allí fariseos y maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para sanar. Unos hombres llevaban en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y ponerlo delante de Jesús. Como no encontraban por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la azotea y lo bajaron con la camilla a través de las tejas, hasta ponerlo en medio, delante de Jesús. Al ver la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te han sido perdonados». Los escribas y los fariseos comenzaron a pensar: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?». Jesús conoció sus pensamientos y les respondió: «¿Qué están pensando en su corazón? ¿Qué es más fácil: decir “Tus pecados te han sido perdonados”, o decir “Levántate y camina”? Pero, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Al instante se levantó delante de ellos, tomó aquello en lo que había estado acostado y se fue a su casa glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios. Llenos de temor, decían: «¡Hoy hemos visto cosas extraordinarias!».

Llamamiento de Leví

Después de esto, Jesús salió y vio a un recaudador de impuestos llamado Leví, sentado en el puesto de recaudación. Le dijo: «Sígueme». Él lo dejó todo, se levantó y lo seguía. Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y había una gran multitud de recaudadores de impuestos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban contra los discípulos de Jesús, diciendo: «¿Por qué comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?». Jesús les respondió: «Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».

La pregunta sobre el ayuno

Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y lo mismo los de los fariseos; pero los tuyos comen y beben». Él les dijo: «¿Acaso pueden hacer ayunar a los invitados de una boda mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días en que les será quitado el novio; entonces, en aquellos días, ayunarán». También les decía una parábola: «Nadie arranca un remiendo de una prenda nueva para ponerlo en una vieja; de lo contrario, rompe la nueva y el remiendo de la nueva no combina con la vieja. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, el vino nuevo reventará los odres, se derramará y los odres se perderán. El vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Y nadie que ha bebido vino añejo quiere nuevo, porque dice: “El añejo es bueno”».

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