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Marcos 14

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Marcos

Marcos te conduce a conocer a Jesucristo mediante sus palabras, sus obras y el camino que lo lleva a la cruz y a la resurrección. El Señor anuncia el reino de Dios, llama a creer y seguirlo, y entrega su vida como rescate por muchos. Su poder y su servicio revelan juntos quién es el Salvador.

El nombre del libro y sus lectores

Una antigua tradición atribuye este evangelio a Marcos y lo vincula con la enseñanza de Pedro. El narrador no se identifica en primera persona ni da una fecha o ciudad de redacción. La atribución tradicional y los datos que el relato declara expresamente deben distinguirse, sin convertir en certezas los detalles de composición que el libro no proporciona.

Marcos explica palabras y costumbres que algunos lectores podían desconocer. Traduce expresiones de Jesús como «Talita cum», «Efatá» y su clamor desde la cruz (Marcos 5:41; Marcos 7:34; Marcos 15:34). Esas aclaraciones sugieren una audiencia que necesitaba ayuda para comprender parte del entorno de Jesús; no identifican por sí solas una comunidad única.

La buena noticia tiene como centro a Jesucristo

La palabra εὐαγγέλιον (euangelion) significa «buena noticia» o «evangelio». El libro comienza relacionándola con Jesucristo y presenta después su anuncio: el tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado y la respuesta es arrepentirse y creer (Marcos 1:1; Marcos 1:14–15). El reino es el gobierno de Dios que reclama nuestra vida y se manifiesta en la misión de su Hijo.

Jesús sana, libera, enseña y perdona pecados. Su autoridad para perdonar muestra que la necesidad humana llega más hondo que una dolencia visible (Marcos 2:5–12). La compasión del Señor atiende a personas concretas y conduce a reconocer quién es él. El lector recibe un llamado a confiar en el Salvador, más allá de admirar sus obras.

El Hijo amado y el camino de la cruz

En el bautismo, el Espíritu desciende sobre Jesús y el Padre lo llama su Hijo amado (Marcos 1:10–11). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se distinguen en la escena dentro de la revelación del único Dios. La vida de Jesús está orientada a cumplir la voluntad del Padre; su humanidad es real y su identidad como Hijo no queda reducida al papel de un maestro entre otros.

La confesión de Pedro, «Tú eres el Cristo», conduce al anuncio del sufrimiento, la muerte y la resurrección (Marcos 8:29–31). Reconocer el título del Mesías exige aprender el sentido de su misión. Jesús vino a servir y a dar su vida como rescate por muchos; su sangre es derramada por muchos (Marcos 10:45; Marcos 14:24). La salvación se recibe por su gracia mediante la fe; la obediencia nace de esa entrega y no compra el perdón.

Un recorrido por el relato

  1. 1:1–13: el anuncio de Juan, el bautismo de Jesús y la prueba en el desierto preparan el comienzo de su ministerio.
  2. 1:14–8:26: el ministerio en Galilea y las regiones cercanas muestra la autoridad y compasión de Jesús, el crecimiento de la oposición y la dificultad de sus seguidores para comprender.
  3. 8:27–10:52: la identidad del Cristo se explica mediante su camino de sufrimiento y resurrección; los discípulos aprenden sobre la cruz, el servicio y la fe.
  4. 11–13: Jesús entra en Jerusalén, enseña y afronta controversias; anuncia juicio y llama a permanecer vigilantes.
  5. 14–15: la unción, la cena, Getsemaní, el arresto, los juicios, la crucifixión y la sepultura llevan a cumplimiento su entrega.
  6. 16: el anuncio del sepulcro proclama que Jesús ha resucitado. La continuación conservada entre corchetes reúne apariciones, el envío de los discípulos y la exaltación del Señor.

Seguir a Jesús mientras se aprende a comprender

Los discípulos responden al llamado de Jesús, pero también temen, malinterpretan y fallan. El Señor los enseña y corrige; su gracia los vuelve a llamar después de la resurrección. La mención expresa de Pedro en el mensaje del sepulcro muestra que su negación no ha cancelado la palabra del Salvador (Marcos 16:7).

Seguirlo implica negarse a uno mismo, tomar la cruz y recibir su dirección (Marcos 8:34–35). Jesús redefine la grandeza como servicio y une el amor a Dios con el amor al prójimo (Marcos 9:35; Marcos 12:29–31). Estas respuestas expresan la vida de quienes reciben su gracia.

La resurrección y las lecturas conservadas

La muerte del Señor es real: el centurión la presencia, Pilato recibe confirmación, José sepulta el cuerpo y las mujeres observan el lugar. En el sepulcro se anuncia que el mismo Jesús crucificado ha resucitado (Marcos 15:44–47; Marcos 16:6). La esperanza se funda en esa victoria, no solo en la supervivencia de un recuerdo.

Los corchetes distinguen las lecturas adicionales conservadas en esta edición, incluida la continuación de Marcos 16:9–20. Conviene leer esas marcas junto con las explicaciones de cada pasaje, manteniendo la distinción textual y atendiendo al contenido que se transmite. El anuncio del crucificado resucitado enlaza la escena del sepulcro con el testimonio apostólico que proclama su salvación.

Aplicación editorial

Al leer Marcos, tú puedes preguntarte qué revela cada escena acerca de Jesús y cómo responden quienes lo encuentran. Escucha su palabra, recibe su corrección y busca al Padre por medio de él. El Espíritu Santo te guía en la verdad conforme a las Escrituras, dando testimonio del Hijo. La vida cristiana comienza y permanece sostenida por Jesucristo, nuestro Señor y único Salvador.

El complot para prender a Jesús

Faltaban dos días para la Pascua y los Panes sin Levadura. Los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo apresar a Jesús con engaño y matarlo. Porque decían: «Durante la fiesta no, para que no se produzca un alboroto en el pueblo».

Jesús es ungido en Betania

Mientras Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de perfume de nardo puro, muy costoso. Rompió el frasco y derramó el perfume sobre su cabeza. Algunos se indignaban entre sí: «¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Podía haberse vendido por más del salario de un año, aproximadamente, y haberse dado a los pobres». Y la reprendían severamente. Pero Jesús dijo: «Déjenla. ¿Por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. Porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, y pueden hacerles bien cuando quieran; pero a mí no me tendrán siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha anticipado a perfumar mi cuerpo para la sepultura. En verdad les digo que, dondequiera que se proclame el evangelio en todo el mundo, también se contará lo que ella ha hecho, en memoria de ella».

Judas ofrece entregar a Jesús

Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los principales sacerdotes para entregarles a Jesús. Ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo entregarlo en el momento oportuno.

Institución de la Cena del Señor

Preparativos para la Pascua

El primer día de los Panes sin Levadura, cuando sacrificaban el cordero de la Pascua, sus discípulos le preguntaron: «¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la Pascua?». Él envió a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad. Les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo. Donde entre, digan al dueño de la casa: “El Maestro dice: ¿Dónde está mi cuarto de huéspedes, donde he de comer la Pascua con mis discípulos?”. Él les mostrará una sala grande en el piso de arriba, amueblada y preparada. Preparen allí para nosotros». Los discípulos salieron, fueron a la ciudad y encontraron todo como él les había dicho; y prepararon la Pascua.

La traición anunciada

Al atardecer, Jesús llegó con los Doce. Mientras estaban a la mesa y comían, Jesús dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes, que come conmigo, me entregará». Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno por uno: «¿Acaso soy yo?». Él les dijo: «Es uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del Hombre se va tal como está escrito de él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido».

El pan y la copa

Mientras comían, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomen; esto es mi cuerpo». Luego tomó una copa, dio gracias y se la dio; y todos bebieron de ella. Les dijo: «Esta es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos. En verdad les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios».

Jesús anuncia la negación de Pedro

Después de cantar un himno, salieron al monte de los Olivos. Jesús les dijo: «Todos tropezarán, porque está escrito: “Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas”. Pero después de resucitar, iré delante de ustedes a Galilea». Pedro le dijo: «Aunque todos tropiecen, yo no». Jesús le dijo: «En verdad te digo que tú, hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces». Pero él insistía con mayor fuerza: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y todos decían lo mismo.

Jesús ora en Getsemaní

Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras oro». Se llevó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a sentirse sobrecogido y angustiado. Les dijo: «Mi alma está profundamente triste, hasta la muerte. Quédense aquí y velen». Se adelantó un poco, cayó a tierra y oraba que, si fuera posible, pasara de él aquella hora. Decía: «Abba, Padre, todo te es posible. Aparta de mí esta copa; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieres». Volvió y los encontró dormidos. Le dijo a Pedro: «Simón, ¿estás durmiendo? ¿No pudiste velar ni una hora? Velen y oren para que no entren en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil». Volvió a alejarse y oró diciendo las mismas palabras. Cuando volvió, los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño, y no sabían qué responderle. Vino por tercera vez y les dijo: «Duerman ya y descansen. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! Miren, el que me entrega está cerca».

Arresto de Jesús

Enseguida, mientras él todavía hablaba, llegó Judas, uno de los Doce, y con él una multitud con espadas y palos, enviada por los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos. El que lo entregaba les había dado una señal: «Al que yo bese, ese es. Aprésenlo y llévenselo bien custodiado». En cuanto llegó, se acercó a Jesús y le dijo: «¡Rabí!». Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo apresaron. Pero uno de los que estaban allí sacó su espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja. Jesús les dijo: «¿Han salido con espadas y palos para apresarme, como si fuera un bandido? Todos los días estaba con ustedes enseñando en el templo y no me apresaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras». Todos lo abandonaron y huyeron.

El joven que huyó

Un joven lo seguía, cubierto solo con un lienzo sobre el cuerpo desnudo, y lo apresaron. Pero él dejó el lienzo y huyó desnudo.

Jesús ante el concilio

Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote, y se reunieron todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote y estaba sentado con los guardias, calentándose al fuego. Los principales sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban testimonio contra Jesús para darle muerte, pero no lo encontraban. Porque muchos daban falso testimonio contra él, pero sus testimonios no coincidían. Algunos se levantaron y dieron falso testimonio contra él, diciendo: «Nosotros lo oímos decir: “Yo destruiré este santuario hecho por manos humanas y en tres días construiré otro que no será hecho por manos humanas”». Pero ni siquiera así coincidía su testimonio. El sumo sacerdote se levantó en medio y preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es esto que testifican contra ti?». Pero él guardaba silencio y no respondió nada. El sumo sacerdote volvió a preguntarle: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?». Jesús dijo: «Yo soy. Y verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder y viniendo con las nubes del cielo». El sumo sacerdote se rasgó las túnicas y dijo: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?». Todos lo condenaron como merecedor de muerte. Algunos comenzaron a escupirle, a cubrirle el rostro y a darle puñetazos, diciéndole: «¡Profetiza!». Y los guardias lo recibieron a bofetadas.

Pedro niega a Jesús

Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las criadas del sumo sacerdote. Al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «Tú también estabas con Jesús el nazareno». Pero él lo negó, diciendo: «No sé ni entiendo de qué hablas». Salió afuera, al vestíbulo, y cantó un gallo. La criada lo vio y comenzó otra vez a decir a los que estaban allí: «Este es uno de ellos». Él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Sin duda eres uno de ellos, porque también eres galileo y tu manera de hablar es semejante». Pero él comenzó a maldecir y a jurar: «No conozco a ese hombre de quien hablan». Enseguida cantó un gallo por segunda vez. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces». Y se echó a llorar.

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