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Josué 21

NTBT-2026-11-07

Josué: la fidelidad de Dios y la herencia de Israel

Josué narra la entrada de Israel en Canaán, las campañas principales y la distribución de la tierra. Su centro es la fidelidad de Jehová a la palabra dada a los antepasados, junto con el llamado a escucharle y servirle como pueblo suyo.

Situación y continuidad

El relato comienza después de la muerte de Moisés, cuando Israel todavía debe cruzar el Jordán. Continúa la historia del éxodo y del recorrido por el desierto. Jehová había prometido la tierra a Abraham, Isaac y Jacob; Josué recibe la responsabilidad de conducir al pueblo y distribuir su herencia. La sucesión de dirigentes cambia la etapa de la historia, pero la promesa y la autoridad de Dios permanecen (Deuteronomio 34:4–9; Josué 1:1–9).

Las exhortaciones del libro se dirigen dentro del relato a Israel, a sus dirigentes y a sus tribus. También enseñan a quienes leen después a reconocer lo que Dios ha hecho y a responderle con fidelidad. La pregunta no es solo cómo obtuvo Israel una tierra, sino cómo debe vivir delante del Señor que lo liberó y lo estableció.

Autoría y fecha

El libro lleva el nombre de su protagonista, pero no identifica de manera expresa al responsable de su forma completa. Josué 24:26 afirma que Josué escribió palabras en el libro de la ley de Dios. Ese dato reconoce una actividad escrita suya; no dice que redactara personalmente todas las escenas que ahora leemos.

El final incluye las muertes y sepulturas de Josué y Eleazar, y recuerda el servicio de los ancianos que sobrevivieron a Josué (Josué 24:29–33). Por ello conviene distinguir al dirigente, las palabras que se le atribuyen y la presentación final de la historia. El texto no proporciona una fecha de composición ni permite fijar un año exacto para cada campaña. Su secuencia interna es clara: muerte de Moisés, entrada y establecimiento, despedida y muerte de Josué.

Género y manera de leer

Es una narración histórica con una perspectiva teológica expresa: cuenta acontecimientos, conserva discursos y reúne listas de lugares y límites para mostrar la relación de Israel con Jehová. Las campañas destacan acciones decisivas; los repartos siguen la lógica de las herencias tribales. Una lista de ciudades puede parecer menos dramática que un cruce de río, pero muestra cómo el don anunciado llega a comunidades concretas.

Las afirmaciones generales de victoria deben leerse junto con los detalles del propio libro. Josué 11:23 celebra la conquista y el descanso de la guerra; 13:1 reconoce que queda tierra por poseer. Las campañas principales, la asignación de territorios y la ocupación de todos sus lugares son aspectos relacionados que el relato distingue. La fidelidad de Dios se proclama sin ocultar tareas pendientes ni desobediencias del pueblo.

Recorrido del libro

Capítulos 1–5: encargo a Josué, exploración de Jericó, ayuda de Rahab, cruce del Jordán y preparación del pueblo en Gilgal. La entrada depende de la presencia de Jehová y renueva la memoria de la liberación.

Capítulos 6–12: Jericó, el pecado de Acán, Hai, el acuerdo con los gabaonitas y las campañas principales. Las victorias se relacionan con la palabra divina; el pecado dentro de Israel y las decisiones sin consulta también producen consecuencias.

Capítulos 13–21: distribución de las herencias, límites y ciudades, ciudades de refugio y lugares para los levitas. La sección termina celebrando que Jehová ha cumplido sus buenas palabras (Josué 21:43–45).

Capítulo 22: regreso de las tribus orientales y una controversia sobre un altar. La unidad del pueblo debe conservarse aunque sus herencias queden a distintos lados del Jordán.

Capítulos 23–24: exhortaciones finales, memoria de las obras de Dios y compromiso de servirle. Las sepulturas concluyen una etapa de la historia y dejan ante las generaciones siguientes la responsabilidad de continuar escuchando.

Santidad, juicio y misericordia

Los relatos de destrucción son severos y deben afrontarse con seriedad. La tierra no se concede porque Israel sea moralmente superior. Deuteronomio 9:4–6 relaciona la entrada con el juicio contra la maldad y con el juramento a los antepasados. Génesis 15:16 ya situaba ese juicio dentro de una historia de paciencia divina. Las disposiciones de Deuteronomio 20:16–18 explican además el peligro de adoptar los cultos de esos pueblos.

La condición de Israel no le permite tratar el mandato como una oportunidad de apropiarse de todo. El pecado de Acán suscita juicio dentro del mismo pueblo (Josué 7:1). A la vez, Rahab es preservada y llega a vivir en medio de Israel (6:22–25). La narración exige atender a la relación con Jehová, a su palabra y a la misericordia, sin reducir la historia a una oposición entre pueblos buenos por nacimiento y pueblos malos por nacimiento.

Estos mandatos pertenecen a la situación histórica narrada. La misión que Jesucristo confía a sus discípulos consiste en hacer discípulos, bautizar y enseñar sus mandamientos (Mateo 28:18–20). El libro de Josué no autoriza a una iglesia ni a un dirigente actual a emprender conquistas o violencia contra otros pueblos.

Josué y la esperanza en Jesucristo

La entrada en Canaán es un cumplimiento real, pero no agota la esperanza del pueblo de Dios. Hebreos 4:8–11 explica que, si Josué hubiera dado el reposo definitivo, no se hablaría después de otro día. Esa lectura conduce a escuchar con fe la voz de Dios y a reconocer que su salvación va más allá del establecimiento en una tierra.

Mateo incluye a Rahab en la genealogía de Jesús (Mateo 1:5). La mujer preservada en Jericó queda relacionada con la línea que conduce al Mesías, cuyo propósito es salvar a su pueblo de sus pecados (1:21). La conexión permite seguir la misericordia de Dios en la historia, sin convertir cada objeto o movimiento de Josué en un símbolo de Cristo.

Jesucristo es nuestro Señor y único Salvador (Hechos 4:12). La salvación se recibe por gracia mediante la fe; las buenas obras son fruto de esa gracia (Efesios 2:8–10).

Aplicación editorial

Al leer este libro, puedes aprender a confiar en la fidelidad de nuestro Padre celestial y a escuchar su Palabra bajo la guía del Espíritu Santo, quien da testimonio de Cristo y nos conduce en la verdad.

Ciudades para los clanes de Leví

Los jefes de las familias paternas de los levitas se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun y a los jefes de las familias paternas de las tribus de los hijos de Israel, y les hablaron en Silo, en la tierra de Canaán: «El SEÑOR mandó por medio de Moisés que se nos dieran ciudades donde vivir y sus pastizales para nuestros animales». Los hijos de Israel dieron a los levitas, de su herencia y conforme al mandato del SEÑOR, estas ciudades con sus pastizales. La suerte salió para los clanes de los coatitas. A los hijos del sacerdote Aarón, que eran de los levitas, les tocaron por sorteo trece ciudades de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín. A los demás hijos de Coat les tocaron por sorteo diez ciudades de los clanes de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés. A los hijos de Gersón les tocaron por sorteo trece ciudades de los clanes de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manasés en Basán. A los hijos de Merari, según sus clanes, les tocaron doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. Los hijos de Israel dieron a los levitas estas ciudades con sus pastizales por sorteo, como el SEÑOR había mandado por medio de Moisés.

Ciudades de los descendientes de Aarón

De la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón dieron estas ciudades, que se mencionan por su nombre, y fueron para los hijos de Aarón, de los clanes de los coatitas, de los hijos de Leví, porque a ellos les tocó la primera suerte. Les dieron Quiriat-arba, que es Hebrón, en la región montañosa de Judá, con sus pastizales alrededor. Arba era el padre de Anac. Pero el campo de la ciudad y sus aldeas los dieron a Caleb hijo de Jefone como posesión suya. A los hijos del sacerdote Aarón les dieron Hebrón, ciudad de refugio para el homicida, con sus pastizales; Libna con sus pastizales, Jatir con sus pastizales, Estemoa con sus pastizales, Holón con sus pastizales, Debir con sus pastizales, Aín con sus pastizales, Juta con sus pastizales y Bet-semes con sus pastizales; nueve ciudades de estas dos tribus. De la tribu de Benjamín: Gabaón con sus pastizales, Geba con sus pastizales, Anatot con sus pastizales y Almón con sus pastizales; cuatro ciudades. Todas las ciudades de los hijos de Aarón, los sacerdotes, eran trece ciudades con sus pastizales.

Ciudades para los demás coatitas

A los clanes de los hijos de Coat, los levitas que quedaban de los hijos de Coat, les tocaron por sorteo ciudades de la tribu de Efraín. Les dieron Siquem, ciudad de refugio para el homicida, con sus pastizales, en la región montañosa de Efraín; Gezer con sus pastizales, Kibsaim con sus pastizales y Bet-horón con sus pastizales; cuatro ciudades. De la tribu de Dan: Elteque con sus pastizales, Gibetón con sus pastizales, Ajalón con sus pastizales y Gat-rimón con sus pastizales; cuatro ciudades. De la media tribu de Manasés: Taanac con sus pastizales y Gat-rimón con sus pastizales; dos ciudades. En total, diez ciudades con sus pastizales para los clanes de los demás hijos de Coat.

Ciudades para los clanes de Gersón

A los hijos de Gersón, de los clanes de los levitas, les dieron, de la media tribu de Manasés, Golán en Basán, ciudad de refugio para el homicida, con sus pastizales, y Beestera con sus pastizales; dos ciudades. De la tribu de Isacar: Quisión con sus pastizales, Daberat con sus pastizales, Jarmut con sus pastizales y En-ganim con sus pastizales; cuatro ciudades. De la tribu de Aser: Miseal con sus pastizales, Abdón con sus pastizales, Helcat con sus pastizales y Rehob con sus pastizales; cuatro ciudades. De la tribu de Neftalí: Cedes en Galilea, ciudad de refugio para el homicida, con sus pastizales; Hamot-dor con sus pastizales y Cartán con sus pastizales; tres ciudades. Todas las ciudades de los gersonitas, según sus clanes, eran trece ciudades con sus pastizales.

Ciudades para los clanes de Merari

A los clanes de los hijos de Merari, los levitas restantes, les dieron, de la tribu de Zabulón, Jocneam con sus pastizales, Carta con sus pastizales, Dimna con sus pastizales y Naalal con sus pastizales; cuatro ciudades. De la tribu de Rubén: Beser con sus pastizales, Jahaza con sus pastizales, Cademot con sus pastizales y Mefaat con sus pastizales; cuatro ciudades. De la tribu de Gad: Ramot en Galaad, ciudad de refugio para el homicida, con sus pastizales; Mahanaim con sus pastizales, Hesbón con sus pastizales y Jazer con sus pastizales; en total, cuatro ciudades. Todas las ciudades de los hijos de Merari, según sus clanes, los que quedaban de los clanes de los levitas, les tocaron por sorteo: doce ciudades. Todas las ciudades de los levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel eran cuarenta y ocho ciudades con sus pastizales. Cada una de estas ciudades tenía sus pastizales alrededor; así era con todas estas ciudades.

El SEÑOR cumple su promesa a Israel

El SEÑOR dio a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres; ellos la poseyeron y habitaron en ella. El SEÑOR les dio descanso por todos lados, conforme a todo lo que había jurado a sus padres. Ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente; el SEÑOR entregó en sus manos a todos sus enemigos. No falló ni una palabra de todas las buenas palabras que el SEÑOR había dicho a la casa de Israel; todo se cumplió.

Derechos y atribución

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