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Mateo 21

NTBT-2026-11-07

Introducción al Evangelio según Mateo

Mateo te invita a reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo que revela al Padre y el Rey que llama a seguirlo. Su historia comienza con Abraham y David y culmina con la muerte, la resurrección y la autoridad de Jesucristo para enviar discípulos a todas las naciones.

Autor, fecha y primeros lectores

La tradición cristiana atribuye este evangelio a Mateo, el recaudador llamado por Jesús y contado entre los doce. El relato no identifica expresamente a su autor en primera persona. Eusebio conserva un testimonio de Papías que vincula a Mateo con una recopilación de dichos en lengua hebrea; la relación exacta entre esa noticia y el evangelio griego conservado es discutida. Esta tradición es importante, pero no demuestra por sí sola todos los detalles de su composición.

El evangelio se sitúa en el siglo I; no indica un año ni un lugar de redacción, y las propuestas de datación no son unánimes. Su abundante uso de las Escrituras de Israel y sus discusiones sobre la Ley sugieren lectores familiarizados con ese mundo. Al mismo tiempo, el libro anuncia una misión que alcanza a todas las naciones. No debe asignarse a una única comunidad concreta como si el texto la nombrara.

Género y propósito

Es un evangelio: narración de la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús para dar a conocer quién es y llamar a responderle. No es una biografía moderna que pretenda contar cada año de su vida. Mateo combina relatos con grandes bloques de enseñanza y muestra repetidamente cómo Jesús cumple las Escrituras.

Un recorrido por el libro

  1. 1–2: origen, nacimiento e infancia de Jesús.
  2. 3–4: Juan, el bautismo, la tentación y el comienzo del ministerio.
  3. 5–7: la enseñanza de Jesús en el monte.
  4. 8–10: obras de autoridad y envío de los discípulos.
  5. 11–13: respuestas a Jesús, oposición y parábolas del reino.
  6. 14–18: la identidad de Jesús y la formación de sus discípulos.
  7. 19–25: camino a Jerusalén, controversias y enseñanza sobre la vigilancia.
  8. 26–28: entrega, crucifixión, resurrección y misión a las naciones.

Temas que volverás a encontrar

El reino de los cielos; Jesús como Cristo e Hijo de David; el cumplimiento de las Escrituras; la justicia del corazón; la misericordia; la fe; el discipulado; el juicio y la esperanza. El título «reino de los cielos» no se limita a un lugar después de la muerte: en Mateo anuncia el gobierno de Dios y llama a vivir bajo su autoridad.

La salvación ocupa el centro desde 1:21: Jesús salva de los pecados. Su sangre derramada para perdón y su resurrección fundamentan la esperanza. La obediencia del discípulo responde a su gracia; no convierte las obras en un precio para comprar la salvación.

Cómo empezar con Mateo 1

Lee primero 1:1–17 como una historia organizada: promesa, realeza, exilio y llegada del Mesías. Después lee 1:18–25 y observa qué sabe José al principio, qué le revela el ángel y cómo responde. Las notas distinguen explicación del pasaje, lenguaje original, variantes, relaciones bíblicas y aplicación editorial. Abre solo el nivel de profundidad que necesites.

Relaciones bíblicas

La entrada triunfal en Jerusalén

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos y les dijo: «Vayan a la aldea que está frente a ustedes. Enseguida encontrarán una burra atada y un pollino con ella. Desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita”, y enseguida los enviará». Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Digan a la hija de Sion: “Mira, tu Rey viene a ti, manso y montado en una burra, en un pollino, cría de un animal de carga”». Los discípulos fueron e hicieron como Jesús les había mandado. Trajeron la burra y el pollino, pusieron sobre ellos los mantos y él se sentó encima. La mayor parte de la multitud extendía sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las extendían en el camino. Las multitudes que iban delante de él y las que lo seguían gritaban: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se estremeció y preguntaba: «¿Quién es este?». Las multitudes respondían: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».

Purificación del templo

Jesús entró en el templo de Dios y expulsó a todos los que vendían y compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les dijo: «Está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración”, pero ustedes la convierten en cueva de ladrones». En el templo se le acercaron ciegos y cojos, y él los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, al ver las maravillas que hizo y a los niños que gritaban en el templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron y le preguntaron: «¿Oyes lo que dicen estos?». Jesús les respondió: «Sí. ¿Nunca han leído: “De la boca de los niños y de los que aún maman preparaste alabanza”?». Los dejó y salió de la ciudad hacia Betania, donde pasó la noche.

Maldición de la higuera estéril

Por la mañana, al regresar a la ciudad, tuvo hambre. Vio una higuera junto al camino y se acercó a ella, pero no encontró más que hojas. Le dijo: «Nunca jamás vuelva a salir fruto de ti». Y al instante la higuera se secó. Al verlo, los discípulos se asombraron y preguntaron: «¿Cómo se secó la higuera al instante?». Jesús les respondió: «En verdad les digo que, si tienen fe y no dudan, no solo harán lo de la higuera; incluso si dicen a este monte: “Levántate y échate al mar”, sucederá. Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán».

La autoridad de Jesús

Cuando entró en el templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron mientras él enseñaba y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio esta autoridad?». Jesús les respondió: «Yo también les haré una pregunta. Si me la responden, también yo les diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde procedía: del cielo o de los seres humanos?». Ellos discutían entre sí: «Si decimos: “Del cielo”, nos dirá: “¿Por qué, entonces, no le creyeron?”. Pero si decimos: “De los seres humanos”, tememos a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta». Respondieron a Jesús: «No sabemos». Él les dijo: «Tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas.

Parábola de los dos hijos

¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él respondió: “Sí, señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». Respondieron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las prostitutas van delante de ustedes al reino de Dios. Porque Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las prostitutas sí le creyeron. Ustedes, aun después de verlo, no se arrepintieron para creerle.

Los labradores malvados

Escuchen otra parábola. Había un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y construyó una torre. La arrendó a unos labradores y se fue de viaje. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Los labradores agarraron a sus siervos: a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. De nuevo envió a otros siervos, más numerosos que los primeros, y les hicieron lo mismo. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: “Respetarán a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémoslo y quedémonos con su herencia”. Lo agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le respondieron: «A esos malvados les dará una muerte terrible y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Jesús les dijo: «¿Nunca han leído en las Escrituras:
“La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra angular.
Esto vino del Señor y es maravilloso a nuestros ojos”?
Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado y será dado a un pueblo que produzca sus frutos. El que caiga sobre esta piedra se hará pedazos, y a aquel sobre quien ella caiga lo reducirá a polvo». Al oír sus parábolas, los principales sacerdotes y los fariseos comprendieron que hablaba de ellos. Querían apresarlo, pero tuvieron miedo de las multitudes, porque lo consideraban un profeta.

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