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Salmos 119

NTBT-2026-11-07

Salmos: oración, sabiduría y esperanza ante Dios

Salmos enseña a llevar toda la vida delante de Jehová: la alegría y el dolor, la culpa y el perdón, la gratitud y las preguntas que todavía esperan respuesta. Sus ciento cincuenta poemas forman un libro de oración y alabanza que llama a confiar en el Dios santo, justo y misericordioso.

Un libro con muchas voces

La colección no procede de un único autor ni de una sola circunstancia. Sus inscripciones asocian numerosos salmos con David y conservan también nombres como Asaf, los hijos de Coré, Salomón, Moisés y Etán. Otros poemas no mencionan un nombre. Estas indicaciones deben leerse con atención: pueden señalar autoría, pertenencia a una colección o relación con una persona, según su formulación. No conviene convertir cada nombre en una biografía que el poema no proporciona.

Algunas inscripciones sitúan la oración en un acontecimiento; otras dan indicaciones para el canto o los instrumentos. Forman parte del encabezamiento transmitido del salmo y deben distinguirse de los títulos descriptivos que ayudan a leerlo. Su vocabulario musical no siempre puede explicarse con certeza. Reconocer ese límite es mejor que asignar un significado preciso a cada indicación desconocida.

No existe una fecha única para todo el libro. Sus voces recorren diferentes horizontes de la vida de Israel: la realeza, la adoración en el santuario, la crisis nacional, la experiencia de Babilonia y la esperanza de restauración. Salmos 137:1–4 recuerda el dolor de los cautivos, mientras que Salmos 126:1–3 celebra la restauración y conduce a pedir que Dios complete su obra. Los poemas no dan una cronología completa de su composición ni permiten identificar a todos los responsables de reunirlos.

Cómo se organiza la colección

El libro está dispuesto en cinco grandes partes. Las conclusiones de las primeras cuatro incluyen bendiciones que ayudan a reconocer sus límites; la quinta conduce a la alabanza final de todo lo que respira. El orden no es una biografía continua de David ni una secuencia exacta de fechas.

  • Libro I, Salmos 1–41. La enseñanza sobre los dos caminos y el rey ungido abre la colección. Numerosas oraciones presentan la confianza, el peligro, la confesión y la necesidad de que Jehová escuche.
  • Libro II, Salmos 42–72. La sed de Dios y las súplicas del individuo y de la comunidad se unen a la esperanza de un gobierno justo. La sección termina con una bendición y una referencia a las oraciones de David.
  • Libro III, Salmos 73–89. Las preguntas sobre el bien, la destrucción y el aparente fracaso de las promesas se expresan con especial intensidad. La fidelidad de Dios es invocada dentro de una crisis que no se resuelve negando el sufrimiento.
  • Libro IV, Salmos 90–106. La fragilidad humana se coloca ante la eternidad de Dios. Su reinado, sus obras y la memoria de su trato con Israel sostienen la esperanza más allá de la debilidad de los reyes humanos.
  • Libro V, Salmos 107–150. La gratitud por el rescate, el amor a la enseñanza divina, los cantos de ascenso y la alabanza compartida amplían la respuesta del pueblo. El cierre convoca a alabar a Jehová con todo lo que tiene aliento.

Estas orientaciones muestran el movimiento de cada parte, pero no reducen todos sus poemas a un solo tema. Cada salmo conserva una voz y una unidad propias que deben escucharse antes de relacionarlas con el conjunto.

Aprender a leer poesía bíblica

Las líneas suelen dialogar mediante paralelismos: una puede ampliar, contrastar o explicar a la otra. Árboles, caminos, escudos, aguas, luz y oscuridad permiten percibir la experiencia del orante. Las imágenes no son códigos que exijan descubrir un significado secreto para cada objeto. Su sentido nace del movimiento del poema.

Hay himnos, acciones de gracias, lamentos, confesiones, poemas de sabiduría y cantos relacionados con la realeza. Un lamento puede comenzar con angustia y concluir con confianza, aunque no todos llegan a una resolución visible. La pregunta «¿hasta cuándo?» es una manera de seguir dirigiéndose a Dios; no debe confundirse automáticamente con incredulidad.

En algunos salmos, la inscripción se cuenta como versículo en el hebreo; por eso su numeración puede diferir de la del texto español. Esa diferencia debe distinguirse de una omisión. También conviene observar los cambios de voz: el orante puede hablar a Dios, a la comunidad, a sus adversarios o a sí mismo dentro de un mismo poema.

El Dios al que el pueblo se dirige

Jehová es Creador y Rey, conoce la conducta humana, defiende la justicia y permanece fiel a sus promesas. Su santidad hace imposible tratar el mal como algo indiferente. Su amor leal permite que el pecador se acerque con arrepentimiento y que el afligido pida ayuda sin fingir fortaleza.

Los salmos enseñan a amar la instrucción de Dios y a meditar en ella, pero no presentan la obediencia como un mecanismo para evitar toda aflicción. El justo también llora, espera y necesita ser rescatado. La prosperidad del malvado y el sufrimiento del fiel forman parte de las preguntas que el libro lleva ante el Señor.

Las peticiones de juicio expresan el deseo de que la violencia y el engaño no tengan la última palabra. Algunos poemas suplican directamente la intervención del Juez; otros, como Salmos 149:6–9, presentan a los fieles participando en la ejecución de un juicio escrito. Estas voces deben conservar su fuerza y su contexto, sin convertir una enemistad privada en una autorización divina para castigar. La enseñanza de Jesús de amar a los enemigos y la renuncia apostólica a devolver mal por mal orientan la conducta cristiana: Mateo 5:43–48 y Romanos 12:17–21.

Salmos y Jesucristo

Jesús enseñó a sus discípulos a comprender lo escrito acerca de él en la Ley, los Profetas y los Salmos, en relación con su muerte, su resurrección y el anuncio del perdón a las naciones (Lucas 24:44–47). Esa lectura no exige transformar cada detalle del libro en una predicción directa. Parte del sentido de los poemas y atiende a las conexiones que el conjunto bíblico establece.

La realeza del ungido en Salmos 2 y el señorío y sacerdocio de Salmos 110:1–4 encuentran un alcance decisivo en el Mesías. La oración apostólica aplica Salmos 2 al rechazo de Jesús y reconoce que la oposición no canceló el propósito de Dios (Hechos 4:24–30). El sufrimiento del justo y la esperanza de vindicación también permiten comprender la profundidad de su entrega.

Jesucristo, nuestro Señor y único Salvador, es el fundamento de la esperanza cristiana. La salvación se recibe por gracia mediante la fe; las obras son fruto de esa gracia. El creyente se acerca al Padre por medio del Hijo y aprende a orar guiado por el Espíritu Santo. La voz del Espíritu en las Escrituras no elimina la voz humana de los salmistas: Hechos reconoce que habló por boca de David (Hechos 1:15–16).

Aplicación editorial: orar con los salmos

Escucha primero qué dice el poema, quién habla y qué necesidad presenta. Después puedes responder con sus palabras, reconociendo las diferencias entre su situación y la tuya. Una súplica de un rey de Israel no convierte cada conflicto personal en una guerra santa, y una promesa de cuidado no obliga a negar el dolor.

Puedes llevar al Padre tus preguntas, confesar tu pecado, agradecer sus dones y pedir protección para otros. En Jesucristo, la oración no depende de producir una emoción perfecta. Los salmos forman una confianza que sabe llorar y una alabanza que recuerda de quién procede la vida.

Excelencias de la ley de Dios

Alef

Dichosos los de conducta íntegra, los que andan en la ley del SEÑOR. Dichosos los que guardan sus testimonios y lo buscan con todo el corazón. Tampoco practican la maldad;
andan en sus caminos.
Tú has ordenado que se guarden cuidadosamente tus preceptos. ¡Ojalá mis caminos se afirmaran para guardar tus estatutos! Entonces no me avergonzaría al prestar atención a todos tus mandamientos. Te daré gracias con rectitud de corazón al aprender tus justos juicios. Guardaré tus estatutos;
no me abandones por completo.

Bet

¿Cómo mantendrá puro su camino el joven?
Guardándolo conforme a tu palabra.
Con todo mi corazón te he buscado;
no me dejes desviarme de tus mandamientos.
En mi corazón he guardado tu palabra, para no pecar contra ti. Bendito eres tú, SEÑOR;
enséñame tus estatutos.
Con mis labios he relatado todos los juicios de tu boca. Me he alegrado en el camino de tus testimonios como en toda riqueza. Meditaré en tus preceptos y consideraré tus senderos. Me deleitaré en tus estatutos;
no olvidaré tu palabra.

Guímel

Trata con bondad a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley. Soy forastero en la tierra;
no me ocultes tus mandamientos.
Mi alma se consume anhelando tus juicios en todo tiempo. Has reprendido a los soberbios, los malditos que se desvían de tus mandamientos. Aparta de mí la deshonra y el desprecio, porque he guardado tus testimonios. Hasta los príncipes se sentaron y hablaron contra mí, pero tu siervo medita en tus estatutos. También tus testimonios son mi deleite y mis consejeros.

Dálet

Mi alma está pegada al polvo;
dame vida conforme a tu palabra.
Te he contado mis caminos, y me has respondido;
enséñame tus estatutos.
Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas. Mi alma se deshace de tristeza;
sostenme conforme a tu palabra.
Aparta de mí el camino de la mentira y concédeme por tu gracia tu ley. He escogido el camino de la fidelidad;
he puesto tus juicios delante de mí.
Me he aferrado a tus testimonios, SEÑOR;
no me avergüences.
Correré por el camino de tus mandamientos, porque ensanchas mi corazón.

He

Enséñame, SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley;
la cumpliré con todo el corazón.
Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella me deleito. Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la ganancia deshonesta. Aparta mis ojos de mirar lo vano;
dame vida en tus caminos.
Confirma a tu siervo tu palabra, que lleva a temerte. Aparta la deshonra que temo, porque tus juicios son buenos. Mira cómo anhelo tus preceptos;
dame vida por tu justicia.

Vau

Vengan a mí tus misericordias, SEÑOR, tu salvación conforme a tu palabra. Así tendré qué responder al que me insulta, porque he confiado en tu palabra. No quites por completo de mi boca la palabra de verdad, porque he esperado en tu juicio. Guardaré tu ley siempre, por los siglos de los siglos. Andaré en un lugar espacioso, porque he buscado tus preceptos. Hablaré de tus testimonios delante de reyes y no me avergonzaré. Me deleitaré en tus mandamientos, que he amado. Alzaré mis manos hacia tus mandamientos, que he amado, y meditaré en tus estatutos.

Zain

Recuerda la palabra dada a tu siervo, en la que me has hecho esperar. Este es mi consuelo en mi aflicción: que tu palabra me ha dado vida. Los soberbios se han burlado mucho de mí, pero no me he apartado de tu ley. He recordado tus juicios antiguos, SEÑOR, y he hallado consuelo. La indignación se ha apoderado de mí a causa de los malvados que abandonan tu ley. Tus estatutos han sido mis cánticos en la casa donde vivo como extranjero. De noche he recordado tu nombre, SEÑOR, y he guardado tu ley. Esto me ha sucedido porque he guardado tus preceptos.

Chet

Tú eres mi porción, SEÑOR;
he dicho que guardaré tus palabras.
He suplicado tu favor con todo el corazón;
ten misericordia de mí conforme a tu palabra.
He considerado mis caminos y he vuelto mis pies a tus testimonios. Me apresuré y no tardé en guardar tus mandamientos. Las cuerdas de los malvados me han rodeado, pero no he olvidado tu ley. Me levanto a medianoche para darte gracias por tus justos juicios. Soy compañero de todos los que te temen y de quienes guardan tus preceptos. La tierra está llena de tu misericordia, SEÑOR;
enséñame tus estatutos.

Tet

Has tratado bien a tu siervo, SEÑOR, conforme a tu palabra. Enséñame buen juicio y conocimiento, porque he creído en tus mandamientos. Antes de ser afligido, andaba extraviado;
pero ahora guardo tu palabra.
Tú eres bueno y haces el bien;
enséñame tus estatutos.
Los soberbios han forjado mentiras contra mí, pero yo guardaré tus preceptos con todo el corazón. Su corazón se ha engrosado como la grasa, pero yo me deleito en tu ley. Me ha hecho bien ser afligido, para que aprenda tus estatutos. La ley de tu boca es mejor para mí que millones en oro y plata.

Yod

Tus manos me hicieron y me formaron;
dame entendimiento para aprender tus mandamientos.
Los que te temen me verán y se alegrarán, porque he esperado en tu palabra. Sé, SEÑOR, que tus juicios son justos y que con fidelidad me has afligido. Que tu misericordia me consuele, conforme a la palabra dada a tu siervo. Vengan a mí tus misericordias para que viva, porque tu ley es mi deleite. Que se avergüencen los soberbios, porque me han agraviado con falsedad;
yo meditaré en tus preceptos.
Vuelvan a mí los que te temen y los que conocen tus testimonios. Sea íntegro mi corazón en tus estatutos, para que no me avergüence.

Caf

Mi alma desfallece esperando tu salvación;
he puesto mi esperanza en tu palabra.
Mis ojos desfallecen por tu palabra;
digo: «¿Cuándo me consolarás?».
Aunque estoy como un odre al humo, no he olvidado tus estatutos. ¿Cuántos son los días de tu siervo?
¿Cuándo ejecutarás juicio contra quienes me persiguen?
Los soberbios me han cavado fosas;
no proceden conforme a tu ley.
Todos tus mandamientos son dignos de confianza.
Con falsedad me persiguen;
¡ayúdame!
Casi acabaron conmigo en la tierra, pero yo no abandoné tus preceptos. Dame vida conforme a tu misericordia, y guardaré el testimonio de tu boca.

Lámed

Tu palabra, SEÑOR, permanece firme para siempre en los cielos. De generación en generación es tu fidelidad;
estableciste la tierra, y ella permanece.
Por tus juicios permanecen hasta hoy, porque todas las cosas son tus siervas. Si tu ley no hubiera sido mi deleite, habría perecido en mi aflicción. Jamás olvidaré tus preceptos, porque con ellos me has dado vida. Tuyo soy; sálvame, porque he buscado tus preceptos. Los malvados me han esperado para destruirme, pero yo consideraré tus testimonios. He visto un límite a toda perfección;
tu mandamiento es muy amplio.

Mem

¡Cuánto amo tu ley!
Todo el día es mi meditación.
Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque siempre están conmigo. He llegado a entender más que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación. Tengo más entendimiento que los ancianos, porque he guardado tus preceptos. He contenido mis pies de todo mal camino, para guardar tu palabra. No me he apartado de tus juicios, porque tú me has enseñado. ¡Qué dulce es tu palabra a mi paladar, más que la miel a mi boca! De tus preceptos adquiero entendimiento;
por eso aborrezco todo camino de mentira.

Nun

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. He jurado guardar tus justos juicios y lo cumpliré. Estoy muy afligido;
SEÑOR, dame vida conforme a tu palabra.
Acepta, por favor, SEÑOR, las ofrendas voluntarias de mi boca y enséñame tus juicios. Mi vida está siempre en peligro, pero no he olvidado tu ley. Los malvados me han tendido una trampa, pero no me he desviado de tus preceptos. He tomado tus testimonios como herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón. He inclinado mi corazón a cumplir tus estatutos para siempre, hasta el fin.

Sámec

Aborrezco a los de doble ánimo, pero amo tu ley. Tú eres mi refugio y mi escudo;
he esperado en tu palabra.
Apártense de mí, malhechores, y guardaré los mandamientos de mi Dios. Sostenme conforme a tu palabra, y viviré;
no me dejes avergonzado por mi esperanza.
Sostenme y seré salvo;
prestaré siempre atención a tus estatutos.
Has rechazado a todos los que se desvían de tus estatutos, porque su astucia es falsedad. Has eliminado como escoria a todos los malvados de la tierra;
por eso amo tus testimonios.
Mi piel se eriza por temor de ti, y temo tus juicios.

Ayin

He practicado el derecho y la justicia;
no me abandones a mis opresores.
Sé fiador de tu siervo para bien;
no dejes que los soberbios me opriman.
Mis ojos desfallecen esperando tu salvación y tu justa palabra. Trata a tu siervo conforme a tu misericordia y enséñame tus estatutos. Soy tu siervo;
dame entendimiento para que conozca tus testimonios.
Es tiempo de actuar, SEÑOR, pues han quebrantado tu ley. Por eso amo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino. Por eso considero rectos todos tus preceptos sobre todas las cosas, y aborrezco todo camino de mentira.

Pe

Tus testimonios son maravillosos;
por eso mi alma los ha guardado.
La exposición de tus palabras ilumina y da entendimiento a los sencillos. Abro la boca y jadeo, porque anhelo tus mandamientos. Vuélvete a mí y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre. Afirma mis pasos conforme a tu palabra y no dejes que ninguna maldad me domine. Redímeme de la opresión humana, y guardaré tus preceptos. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo y enséñame tus estatutos. Ríos de agua descienden de mis ojos, porque no guardan tu ley.

Tsade

Tú eres justo, SEÑOR, y rectos son tus juicios. Has ordenado tus testimonios con justicia y gran fidelidad. Mi celo me ha consumido, porque mis adversarios han olvidado tus palabras. Tu palabra es sumamente pura, y tu siervo la ama. Soy pequeño y despreciado, pero no he olvidado tus preceptos. Tu justicia es justicia eterna, y tu ley es verdad. La aflicción y la angustia me han alcanzado, pero tus mandamientos son mi deleite. La justicia de tus testimonios es eterna;
dame entendimiento y viviré.

Cof

He clamado con todo el corazón.
Respóndeme, SEÑOR;
guardaré tus estatutos.
A ti he clamado;
sálvame, y guardaré tus testimonios.
Me anticipé al alba y clamé;
he esperado en tu palabra.
Mis ojos se anticipan a las vigilias para meditar en tu palabra. Escucha mi voz conforme a tu misericordia;
SEÑOR, dame vida conforme a tu juicio.
Se acercan los que van tras la maldad;
están lejos de tu ley.
Tú estás cerca, SEÑOR, y todos tus mandamientos son verdad. Desde antiguo he sabido por tus testimonios que los has establecido para siempre.

Resh

Mira mi aflicción y líbrame, porque no he olvidado tu ley. Defiende mi causa y redímeme;
dame vida conforme a tu palabra.
Lejos de los malvados está la salvación, porque no han buscado tus estatutos. Muchas son tus misericordias, SEÑOR;
dame vida conforme a tus juicios.
Muchos son mis perseguidores y mis adversarios, pero no me he apartado de tus testimonios. He visto a los desleales y he sentido repugnancia, porque no guardan tu palabra. Mira que amo tus preceptos;
SEÑOR, dame vida conforme a tu misericordia.
La suma de tu palabra es verdad, y cada uno de tus justos juicios es eterno.

Sin

Príncipes me han perseguido sin causa, pero mi corazón tiembla ante tu palabra. Me alegro en tu palabra como quien halla un gran botín. Aborrezco y detesto la mentira, pero amo tu ley. Siete veces al día te alabo por tus justos juicios. Gran paz tienen los que aman tu ley, y no hay tropiezo para ellos. He esperado tu salvación, SEÑOR, y he cumplido tus mandamientos. Mi alma ha guardado tus testimonios y los amo mucho. He guardado tus preceptos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti.

Tau

Llegue mi clamor ante ti, SEÑOR;
dame entendimiento conforme a tu palabra.
Llegue mi súplica ante ti;
líbrame conforme a tu palabra.
Mis labios rebosarán alabanza, porque me enseñas tus estatutos. Mi lengua cantará tu palabra, porque todos tus mandamientos son justicia. Que tu mano me ayude, porque he escogido tus preceptos. He anhelado tu salvación, SEÑOR, y tu ley es mi deleite. Que viva mi alma y te alabe;
que tu juicio me ayude.
Me he extraviado como una oveja perdida;
busca a tu siervo, porque no he olvidado tus mandamientos.

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